Según el pensamiento amerindio, el cosmos y los seres que lo habitan fueron creados por los ancestros a partir de sus propios cuerpos. Humanos, animales, plantas, ancestros, espíritus, montañas, ríos y artefactos son personas que interactúan y cooperan: lo visible y lo invisible están conectados y en permanente renovación. La arqueología revela que estas formas de entender el mundo tienen raíces que se remontan a miles de años.
Este bloque evoca una casa o “maloca”, que a su vez es reflejo del universo. En ella se encuentran recipientes de cerámica que son al tiempo cuerpo, casa y cosmos, así como numerosas aves, plantas, mamíferos, reptiles, peces e insectos de orfebrería, cerámica y piedra. Esas presencias nos recuerdan la extraordinaria biodiversidad de Colombia, pero también el riesgo que corremos hoy por la destrucción de sus ecosistemas. Nuestra común división entre animales, vegetales y minerales, o seres animados e inanimados, no tiene sentido. Los objetos que aquí se exhiben son verdaderos seres que interactúan entre ellos, con nosotros mismos y con el resto del universo.
1. Las escalas del cosmos
Vasija Antropozoomorfa. Sierra Nevada de Santa Marta - Periodo Tairona 900 d.C. - 1600 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Jarra antropomorfa. Cordillera Oriental - Muisca 600 d.C. - 1600 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Nariguera. Sierra Nevada de Santa Marta - Periodo Tairona 900 d.C. - 1700 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Pectoral circular. Sierra Nevada de Santa Marta - Periodo Tairona 900 d.C. - 1700 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Muchos pueblos indígenas proponen que existen interconexiones vitales entre su cuerpo, la casa, el territorio y el universo. Lo micro se fusiona con lo macro de manera fractal: como puede observarse en las ramas de los árboles, las nubes o las conchas, la estructura de todo se repite al acercarse o alejarse. Por tanto, cualquier cambio en una de esas dimensiones tiene el poder de afectar a las otras. Por ejemplo, la agricultura o la caza dependen de los astros; el universo activa a las personas, pero los humanos también pueden cambiar el mundo a través de su propia transformación.
2. Los seres que habitan el mundo
Vasija zoomorfa. Sierra Nevada de Santa Marta - Periodo Tairona 900 d.C. - 1600 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Vasija zoomorfa. Calima Valle - Periodo Ilama 1600 a.C. - 100 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Colgante. Cauca Medio - Quimbaya Periodo Temprano 600 a.C. - 700 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Colgante Calima – Valle 700 d.C. - 1600 d.C. .
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Colgante. Sierra Nevada de Santa Marta - Periodo Tairona 900 d.C. - 1700 d.C.
Foto: Clark M. Rodríguez © Museo del Oro
Harpia Harpyja
Foto: Juan Manuel Rengifo © Biblioteca Luis Ángel Arango
Mutisia Clematis
Foto: Juan Manuel Rengifo © Biblioteca Luis Ángel Arango
Phantera Onca
Foto: Juan Manuel Rengifo © Biblioteca Luis Ángel Arango
Saimiri Sciureus
Foto: Juan Manuel Rengifo © Biblioteca Luis Ángel Arango
El mundo está habitado por una gran variedad de seres que incluyen creadores, muertos, monstruos, humanos, animales, plantas, y piedras, entre muchos otros. Estos seres están compuestos por una mezcla de sustancias vitales que provienen de los dioses, demiurgos, ancestros y espíritus dueños de las especies, de quienes emanan los poderes de la vida y la muerte. Por tanto, nuestra común división entre animales, vegetales y minerales, o seres animados e inanimados, no tiene sentido. Los elementos que conforman la exposición no son representaciones u obras de arte, sino verdaderos seres que interactúan entre ellos, con nosotros mismos y con el resto del universo.












