Por: Laura López Estupinan
Introducción
Semillas y agricultura en Boyacá es un documento que se desarrolla en el marco del Proyecto Semillas y pueblos agricultores en Colombia, (propuesto por el Banco de la República), permitiendo, desde una juiciosa revisión bibliográfica y documental, comprender las relaciones que los habitantes de Boyacá tienen con las semillas antiguas y criollas conocidas como “comida”, “duras” o “frutos de la tierra” y “recao”.
Para su desarrollo se trabajaron tres fases. En la primera, se revisó todo el material producido y publicado, los informes, archivos y demás fuentes que nos permitieron conocer lo que se ha hecho en Boyacá en torno al tema de las semillas y sus productores, los llamados portadores o custodios de semillas.
En la segunda fase, se retomaron visitas realizadas por la autora, durante el 2011 y 2013, a los custodios de semillas para comprender las relaciones que tienen con su territorio, con las semillas y la planta. Estas visitas fueron registradas en audio y se retoman en algunos apartes del documento.
Finalmente, se sistematizó toda la información y se compilo en tres partes:
- “La comida de los antiguas, de los anticorios” resume los trabajos e investigaciones que retoman las semillas desde la época prehispánica hasta la actualidad en Boyacá.
- “El agricultar la tierra con semillas antiguas” nos presenta las voces de las gentes que han mantenido las semillas, las técnicas, los usos y saberes.
- “Hacia una soberanía y autonomía alimentaria” muestra desde los seminarios, congresos y movilizaciones de los dos últimos años, las resistencias y alcances de las políticas que restringen los usos de las semillas en el departamento de Boyacá.
La comida de los antiguas, de los anticorios
"Su mantenimiento es mahiz, en algunas partes tienen yuca de la buena que no mata; es su mayor bastimento y de lo que más se sirven unas turmas que llaman yomas, y como es dicho es la mayor provisión que tienen porque con todo lo que comen esas yomas, y siembranlas con el mahis y assi mesmo otra simiente que se llama sabia, que cosidos tienen el mesmo sabor que nabos, y son cuassi a manera de rábanos en sabor y en todo estando crudos y esto es el más verdadero mantenimiento de que se sirven por pan" (Oviedo, 1872).
Boyacá es un departamento de tradición agrícola, la diversidad de paisajes y condiciones climáticas han facilitado por más de 8000 años el cuidado, cultivo y consumo de múltiples semillas que resisten a los monocultivos, a la falta de políticas agrícolas que incentiven el cultivo de lo antiguo y a la invasión de la industria en los campos Boyacenses.
Dicha resistencia es evidente en las cientos de denominaciones a la “comida, duras” (Monsalve, 2006) o “frutos de la tierra” (Pérez, 2009), y al “recao (Monsalve, 2006). Semillas que han sido descubiertas gracias a la curiosidad de los grupos humanos que han habitado el territorio, quienes, en su constante observación de la naturaleza, las han domesticado y custodiado.
Las semillas propias, antiguas o anticorias, originarias de los andes y consumidas en Boyacá, han sido poco estudiadas desde la arqueología, la agronomía y la botánica. Sin embargo hoy existe un buen panorama que nos permite saber quiénes las cultivan, consumen, multiplican, custodian o apadrinan y por qué.
Los antiguos o anticorios, como llaman los actuales pobladores de Boyacá a las comunidades prehispánicas que habitaron el actual territorio, tendían a un alto consumo de especies ricas en carbohidratos, conocidas y definidas para el presente texto como “la comida o duras” (tubérculos, rizomas y raíces) descubiertos por la curiosidad del humano, adaptados a los micropaisajes altoandinos y conservados en menor escala en las huertas, orillas, cabeceras y pies de los cultivos actuales.
Los datos arqueológicos más antiguos para el departamento de Boyacá, que evidencian un alto consumo de “comida o duras”, son los correspondientes a una muestra fechada por medio de Carbono 14, entre 8630 y 8890 años antes del presente (Beta Analytic, 2011). La muestra fue tomada de un grupo de cinco cráneos encontrados en 1943, en la vereda la Puerta, municipio de Floresta, por Eliecer Silva Celis.
También, se ha encontrado parte del “recao” (frijol1 y maiz2), en los registros arqueológicos de Tunja (Equipo Arqueología UPTC. Informe de Investigación 1.991). Y, polen de papa en los camellones prehispánicos3 de las zonas muiscas; así como evidencias de su cultivo que remontan por lo menos a la época Herrera (Garcia 1012), (Serna 2007). Evidencias que coinciden con las descripciones de Simón (1981), quien reconoce a los Muiscas como “grandes labradores de maiz, yucas, batatas, arracachas, xequineas, turmas4, cubios y otras raices” (T.III p. 202), de frisoles, auyamas, tomates y otras mil chucherías, de las comidas de los naturales" (T. III p. 146).
En relatos de encomenderos, se hace evidente el consumo de aji, caimito, ajes5, batata, auyama, Cubios6, Guanabana, Guayaba, chuguas, ibias, hayo, maiz, pitahaya, quinoa, papa, tabaco, tomate, yuca dulce, piña, fique (los embriones) (Pérez, 1978) y “las labranzas de trigo y cebada en labranzas de habas o garbanzos, lentejas, lino o turmas u otras legumbres u otras cosas que mejor se den en los tales repartimientos..." (En Friede, T. VI p. 473).
En cuanto a la preparación de estos alimentos, el padre Zamora anota que era consumido en los caminos: "tienen también los granos llamados fríjoles de mucha sustancia, y de no mal gusto; de estos se hacen algunos pistos que llevan por los caminos" (Zamora, T.I p. 132). Rozo (1998) nos comenta que los tubérculos y raíces las asaban en las cenizas del fuego y no directamente en las brasas. Los partían en trozos para usar en sopas, guisos y sancochos (García 2012). También conservaban la papa y el maíz en la forma de jutes (Rozo 1998).
Respecto a las formas de cultivo, Villate (1997), describe dos subclases: los “exclusivos” y “los asociados”, los cuales corresponderían hoy a los monocultivos y a los policultivos o “mutales” (Monsalve Parra 2006).
La papa, según Aguado, se siembra en asociación y aparece como cultivo exclusivo en los páramos (Aguado, 1906 p. 141), como se observa hoy en día. Para el siglo XVIII, los cultivos exclusivos corresponderían a los hayales (hayo) y algodonales (Visitas Boyacá T.XIII F.321.r En: Tovar 1970), mientras los asociados corresponderían a maíz-frijol, principalmente.
Los huertos entre los muiscas se sembraron en lugares próximos a los de habitación (Langebaek 1985). Algunos de los alimentos sembrados fueron las batatas, el frijol, la auyama, calabaza, aji, ibias, rubas, cubios y fiques. Los demás alimentos los adquirían en los mercados e intercambios, aunque es probable que cada cacicazgo tuviera terrenos en varios climas, desde lo templado hasta el páramo, para así contar con una comida variada (Langebaek 1985).
Semillas propias, antiguas y criollas en la Boyacá de hoy
La etnobotánica nos permite acercarnos a los usos y saberes de las comunidades con las plantas, razón por la que este documento abre su mirada a las relaciones que los habitantes de Boyacá tienen con las semillas reconocidas por ellos como propias7 y criollas8. Es así, como surgen listados de semillas propias como, maiz, yucas, batatas, arracachas, turmas, cubios” (T.III p. 202), frisoles, auyamas, tomates, chuguas, ibias, aji, caimito, ajes, batata, embriones de fique (Pérez, 1978), achira, calabaza y maravilla (GIIAH - Grupo Interdisciplinario de Investigaciones Arqueológicos e Históricas de la UPTC 2011-2013). Y listados de semillas criollas como trigo, cebada, habas, garbanzos, lentejas (En Friede, T. VI p. 473) y arvejas.
Estos alimentos han sido estudiados desde la interdisciplinariedad. Botánicos, agrónomos, odontólogos, biólogos, antropólogos y nutricionistas han aportado a su conocimiento. Recientemente, trabajos como el del GIIAH (2011-2013), Perez (2009), Monsalve (2006) y la Campaña Semillas de Identidad de Swissaid, han aportado a la comprensión de las dinámicas que los actuales habitantes del territorio Boyacense han tenido con las semillas, desde un acercamiento a los llamados custodios de semillas.
Si bien la Campaña Semillas de Identidad ha trabajado con custodios de semillas de todo el país, rindiendo homenaje desde videos en cada una de las regiones de Colombia; Monsalve (2006) realiza una etnografía rigurosa que retoma “la humanidad de las semillas sembradas en la santa tierra” para estudiar y evaluar los cambios y permanencias en la economía campesina del Valle de Tenza. La autora, logra definir tres grupos de semillas “comida o duras”, “recao” y “pepas”, para ilustrar la relación de sus habitantes con las semillas, la santa tierra, el agua, el paisaje, los tiempos, el clima y las gentes. Desde voces campesinas, Monsalve aporta a la documentación de las formas de preparar la tierra, sembrar y cosechar, marcando dos tiempos, “año grande” y “el guayome”.
Estos dos trabajos son retomados por el GIIAH para ahondar en las voces y miradas de los campesinos, agricultores y/o labriegos; para, también, re-conocer los esfuerzos de quienes hoy se atreven a conservar una que otra semilla de los antiguos, como la más grande reliquia, como su más preciada herencia. Es así, como el GIIAH, en su proyecto Alimentos prehispánicos, alimentos promisorios, pretende aportar a la disminución de desnutrición del departamento, desde el conocimiento de diez alimentos, (papas, ibias, rubas, cubios, ají, calabaza, maravilla, achira, frijol y arracacha), identificados como de alto consumo en las comunidades que habitaban el territorio antes de la llegada de los Españoles.
Dicha investigación logra documentar alrededor de 150 variaciones de los 10 alimentos trabajados en 23 veredas de 18 municipios9, determinar el nivel productivo de la achira, vincular dos trabajos de grado10 y fomentar el consumo mediante encuentros, fiestas de semillas y visitas guiadas al “sembrao”, Huerta demostrativa.
Aunque los trabajos mencionados han retomado el estudio alrededor de las semillas desde la etnobotánica, existen otras investigaciones que aportan a la comprensión de los orígenes de las semillas, sus usos y proyecciones. Trabajos como el realizado por Bukasov, afirma que las especies de papa cultivadas en México, Guatemala y Colombia derivan de materiales indígenas, la S. Rybinii y la S. Boyacense, siendo Boyacá y Cundinamarca la principal zona de cultivo (1963:16), denominadas por él: “áreas de agricultura nativa”11 (1963: 27), especialmente de papas, cubios, rubas, ibias, arracacha, aji, frijol, maiz y calabaza.
La afirmación de Bukasov, para las especies de papa cultivada, se hace un poco apresurada, razón por la cual, se originan debates que replantean los alrededores del lago Titicaca como un posible nuevo centro de origen para la papa domesticada (por la diversidad varietal que allí se encuentra (Cárdenas 1989). Y, dos nuevos centros de diversidad de la papa silvestre, México en su parte central y el altiplano andino desde Perú hasta el noreste de Argentina (Lujan 1996). Mientras que, Colombia y Ecuador se plantean como cuna secundaria de la papa, debido a la falta de dormancia de la papa criolla, la cual, es una modificación genética con sus orígenes en la Colombia prehispánica (Villate 1994), (Sauer 1959), (Lujan 1996).
Aunque el origen de los alimentos es un tema complejo, investigadores han coincidido que los andes son centro de origen de las llamadas raíces andinas12 (achira, yuca, yacón, batata, arracacha), de frutos como la calabaza y el aji, de leguminosas como el frijol y, de los tubérculos de altura13 (ibias, papas, rubas, cubios), encontrando para el caso Boyacense la posibilidad de ser centro de origen de la ruba o chugua según estudio de Parra (2005):
“Es importante destacar que las accesiones colectadas en Chita, Boyacá, concuerdan fenotípicamente con el tipo de ulluco descrito como “semicultivado”, lo cual hace que esta colección sea particularmente interesante para comprender la evolución del olluco como cultivo y el papel de algunas culturas indígenas, como Muisca y Lache, en la mejora genética de sus recursos vegetales. Con respecto a los nombres vernáculos predominantes en cada zona, es importante resaltar que términos como chugua, exclusivo de la zona norte de los Andes Colombianos, tienen origen en la lengua chibcha de los antiguos moradores de estas zonas (los muiscas), mientras que olloco, olluco y ulluco son denominaciones con etimología Quechua” (Parra 2005).
Lejos de determinar centros de origen, instituciones como la Corporación PBA, la Universidad Javeriana, la Fundación San Isidro (Duitama), algunas instituciones educativas (Motavita, Toca, Arcabuco, Paipa) y Swissaid (en Mongua), han venido trabajando en el tema de producción de semillas antiguas y criollas, como alternativa económica y alimenticia en Boyacá, reconociendo las prácticas agrícolas campesinas, brindando asesorías técnicas y fomentando su uso y consumo.
Es así como, después de una juiciosa revisión bibliográfica, se logran documentar más de 200 semillas de “comida, duras o frutos de la tierra” y de “recao”, reconociendo, también, las formas en que son cultivadas, sus cuidados y consumos actuales en Boyacá.
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Alimento |
"COMIDA DURAS" O "FRUTOS DE LA TIERRA" Variedades culturalmente conocidas y denominaciones |
|---|---|
| Solanum Tuberosum (125) |
Papa (69): Alpargata, Arbolona, Arboleda Blanca, Arboleda Colorada, Roja, Arboleda Negra, Argentina, Carreña, Carriza Punto Rojo, Cauca, Cocuyana, Colombiana, Chocatos, Criolla Manzana, Guantiva Blanca, Guantiva Roja, Guantiva Sinchada, Guarina, Gueva De Gallo, Raizuda, Hibrida, Holandesa, Limona, Lisa, Maicera, Lisa Raizuda, Lizaraza, Londre, Londre Roja, Gole, Londre Blanca, Monserrate, Morada, Muñeca De Navidad, Muñecuda, Negra, Palinegra, Bogotana, Pana Carriza, Panazul, Paño E Mano, Paramuna, Punto Azul, Puracé, Quina, Riñona, San Jorge, Tequendama, Tocana, Tocanita, Tocarreña Manzana, Turma e burro, Carriza, Extranjera, Pastusa, Tocarreña Propia, Tocarreña Roja, Tocarreña Blanca, Tocarreña Negra, Mambera, Tocarreña, Tucarreña, Rosada, Suprema, Rubi, Betina, Parda Patusa, Ica Única, Punto Azul, Flor Roja, Hibrido Rojo, Pastusa Rosada, Pastusa Paliblanca, Ica Mora, Merenga, Floriblanca, Icahuila, Bogoteña, Sabanera, Cuatroja, Ojona, Antiguas, Propias (Grupo De Investigaciones Arqueológicas e Históricas de la UPTC 2012-2013). Sabanera, Parameña, Calavera, Amapola, Caiceda O Chaucha (Bukasov 1963: 131). Criollas (37): Alcarrosa, Anitas, Argentina, Argentina Roja, Bizcocha, Chiquinquireña, Limona, Oji Morada, Oji Rosada, Panqueva, Pepina, Pico de Gallo Morada, Pico De Gallo Rosada, Ramona, Rogaches, Rodilla De Indio, Rosada, Roscona, Yema de Huevo, Yucana, Criolla Americana, Alcarrasa, Corazón de Dama, Pepina Morada, Arrayana, Bandera, Gigante, Manzana, Criolla Roja, Amarilla, Panquevos, Pepina, Pipirigalla, Pico E Garza, Sangre Gallo, Pico de Loro, Roscona Amarilla, Criollos. Silvestres (7): Chavas, Chimas, Negra, Quires, Blanca, Vagamunda, Labrancera (GIIAH, 2011-2013), Ratona, Salentona, Tranpi Lisa, Canadince, Corneta, Pico De Paloma, Careta, Parda, Arrayana, Colombina, Rajada, Turma de gallo (Gueiler Vargas, 29 Noviembre 2013). |
| Ipomoea Batata (3) |
Batata linda, Morada, de sal (Monsalve, 2006: 276) |
| Tropaelum Tuberosum (32) |
Cubio, Nabo Amarillo, Hibio, Macho, Mantequilludo, Criollo, Blanco, Vagamundo, Rucho, Bogotano, Colorado, Curruncho, Cuibas, Indio, Mechudos, Moraditos, Muchos, Negro, Morochos, Pintado rojo, Blanco líneas rojas, Amarillo líneas rojas, Pintado azul, Blanco con líneas, Rojos, Rosado, Hembra, Saraviado, Clavelitos, Mesunos, Tocarreños, Verbudos (GIIAH, 2011- 2013). |
| Oxalis Tuberosa (9) |
Ibia, Cubias, Roja, Morongüay, Rosada, Amarilla, Morongüay, Blanca, Morada (GIIAH, 2011-2013) |
| Ullucus tuberosus (16) |
Ruba, Silvestre, Ciotas, Blancas, Azules, Rubón, Roja, Morada, Chuvia, Ganchudita, Verde, Amarilla, Rosada, Criolla, Chugua, Coloradita (GIIAH, 2011-2013). |
| Arracacia xanthorriza (20) |
Arracacha guadeña de chiflo negro, cabezona, blanca, pan de trigo, marranera, de chiflo negro, Zarca, Puentuna, Palinegra, Coneja, Zeta, Tenzana (Monsalve Parra 2006: 263), Palirusia, Paliroja, Paliverde, Yemahuevo pachaquireña, Yemahuevo, Cepa o de Tarro, de Apio (GIIAH 2011-2013) |
| Canna indica (13) |
Achira, Risgua, Chisgua, Chigua, Rea, Ria, Blanca, Bambú, Negra, Sagu, Gigante, Rigua, Silvestre (GIIAH, 2011-2013). |
| Manihot Esculenta (2) |
Yuca Zata, Blanca (Monsalve, 2006: 267) |
| Tridiginia Pavonia (8) |
Maravilla: Roja, Blanca, Rosada, Amarilla, Flor de un día, Tibirita, Flor de tigre. |
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Alimento |
"EL RECAO" O "LA LEGUMBRE" Variedades culturalmente conocidas y denominaciones |
|---|---|
| Pisum Sativum (7) |
Alverja o arveja: Tibame, ojinegra, calostra, canela, blanca chiquita, alverjón (Monsalve, 2006: 282), antigua. |
| Zea mays (39) |
Maiz: Chirata, Amarillo Duro, Blanco Blandito, Blanco Duro, Blanco de Harina Chiquito, Blanco de Harina Grande, Maiz Arroz, Maíz de Los Perros, Maiz de Olmos, Maiz Pajarito, Maiz Chocolate, Maiz Amarillo, Duro Mesuno (Monsalve, 2006: 284), Roita Pintado, Roita Amarillo, Roita Blanco, Curentano, Mongui, Diente De Ajo, Sarco Pali, Negro (Gueiler Vargas, 29 Noviembre 2013), Agrario, Arroz De Los Perros, Cabuya, Cachicamo, Charala, Chocolate, Clavito, Duro o Hibrido, Guavita, Igua, Noventano Amarillo, Noventano Blanco, Pira Amarillo, Pira Blanco, Pira Sangretoro, Porva Blanco, Saboya (Campaña Semillas de Identidad y Grupo Semillas, 2013). |
| Phaseolus Vulgaris (35) |
Frijol: Bolorojo, de año, de mata, pequeño, arbolito, Cargamanto, Fundano, De maíz, Agrario, Pereira (Monsalve Parra 2006: 291), Maicero, Jaspiaditos, Rojo, Todo el año, Ica Cerinza (GIIAH, 2011-2013), Rozo (Noviembre 2013, Sachica), Amarillo pintado, Merengue, Piquincero, Manzano, Ceton, Carrapato, Canelo, Rojo pintado, Mercano rosado, Pota, Mexicano blanco, Pangua rojo, pangua pintado, pangua negro, pangua morado, pangua de año, pangua cafecito, pangua amrillo, pangua pintado (Gueiler Vargas, 29 Noviembre 2013). |
| Vicia faba (5) |
Haba: Sultana o de la Pequeña, Habón o de la Grande, Tinjaca de la pequeña (Monsalve, 2006: 296). |
| Cicer arietinum (3) |
Garbanzo: Chiquito o común, Garbanza (Monsalve, 2006: 297) |
El agriculturar la tierra con semillas antiguas
“Antes si era cuchucos y rubas que se daban en la barbaja sin abono. Será que ´s que ´orita se da la papa chava? Esa papa se acabó, esa semilla ya no permanece, esa era papa antigua de la que se daba entre el monte… y nabos y rubas y ibias, eso era lo que se comía antes” (Albino Amado, Chiquiza. 12 de abril de 2012).
Las gentes de Boyacá, especialmente los abuelos, abuelas y unos pocos más jóvenes, son los que mantienen las semillas como herencia y reliquia de los antiguas o anticorios. Ellos son los que reconocen que la tierra se está quedando sin quien la “agriculte” porque “ya todos se van para la ciudad y no hay quien produzca la comidita”.
Pese a esta problemática, encontramos custodios como Fabriciano Ortiz, Luis Pasaquira (Boyacá), José del Carmen Rodríguez (Toca), Hermes Duarte, Crispiniano Quintana, Pedro Lizarazo (Cocuy), Isabel de Amado (Chiquiza), Pedro Briceño (Ventaquemada), Trinidad Ortiz (Boyacá) y Bernardino Rubio (Arcabuco) que conservan, en su poca tierra, buena cantidad de semillas antiguas, propias y criollas.
Para estos personajes, la semilla antigua se cuida y se paladea porque es la “heriencia”, “la reliquia”, “el recuerdo de los papaes y de los agüelos”, por eso se custodia y se reproduce. La semilla no se vende, se selecciona, se intercambia, se regala, se roba, se persigue, se enamora, se coge, se lidia, se busca, se recomienda, se encarga, se participa, se hereda, se gana o se guarda. Se siembra en pequeñas cantidades, porque es especial, es para un piquete, para la casa, para la familia, es para el consumo.
“Tenemos de toda la vida de trabajar con ellas, eso viene desde cuándo habrá este mundo, nunca la he comprado, siempre son semillas que hemos tenido antiguas […] Esa semilla si no la hemos acabado porque esa tiene años en nuestro poder, lo menos unos veinticinco años (…) esa no la hemos acabado como se siembra de mayor a menor, no falta” (María Trinidad Ortiz, 2012).
“Ello va por herencia de mi padre y mis agüelitos por ahí me dejaron semillas de ellas, yo he tenido mucho cuidado para no terminarlas” (Pedro Bautista, 28 de noviembre de 2012).
“De los siembros de nuestros papaes de ahí vienen y yo creo que de mis papaes lo mismo de los papaes de ellos trajieron su semilla […] Para mí perder una semilla es como perder el alma, perder una semilla es una tragedia para la humanidad porque no pierdo yo solamente, sino pierde la humanidad […] Uno como que conserva esa semilla con ciertos recuerdos, de saber que alrededor del siembro de esas semillas, de la elaboración de los alimentos que se hacían con esas semillas se hacía en comunidad, en familia, en fraternidad, eso pues para uno le trae gratos recuerdos, creo que la mejor manera de todos esos métodos de proliferación de las semillas, yo creo que lo más relevante era las semillas que se conservan por herencia (Fabriciano Ortiz, 2012)
Para mantener la semilla antigua, los custodios guardan parte de la cosecha, escogen la mejor (la más grande, la más gruesa, la más bonita, la de mejor color), la guardan en costales y canastos, en depósitos o trojas, debajo de las camas o en los zarzos, cuartos oscuros y con una temperatura especial que permite a las semillas un buen desarrollo de sus nacencias y un tallaje fuerte. También se suele agregar ceniza y algunas plantas para prevenir el gorgojo y otras plagas.
“Se le echa la ceniza de esa del jogón, entons uno llega cogez las semillas las mezcla y ahí se conserva (…) toca con ceniza mezclado mantenerlo almacenado de lo contrario el gorgojo le pega, pero hay áreas donde el gorgojo no pega, donde no tiene posibilidad de vida es en lo frio por ejemplo en Tunja, en Soracá y en los páramos el gorgojo no sobrevive a esas temperaturas” (Fabriciano Ortiz, 2012).
“una matas el eucalipto, la viravira, el pino para que no se sequen y la guatemanteca que es la más agresiva cuando es lo blanco, esa se puede dejar por medio de cada costal un atadito de hierba de eucalipto, de pino de viravira eso es aconsejable para que la guatemanteca no se acerque” (Pedro Bautista, 2012).
Al estar brotadas, bretoniadas o talladas las semillas, lista la tierra y esté haciendo un buen clima, (es decir, cuando se avecinan las lluvias y se esté en tercer día de menguante), las semillas se alistan para la siembra14.
Cuando las semillas antiguas se siembran en las cabeceras, orillas y pies de los grandes cultivos, llevan el mismo proceso de la siembra a gran escala o por labranza15 (Villate 1997). Si es en tierra nueva, primero se rompe el suelo, se desyerba, se cerca, se ara, se pica, se abona, se repica, se melga, se hoya, se abona, se coloca la semilla16 y se tapa. Cuando la mata vaya diciendo, se fumiga (si es papa)17, se palea o desyerba y finalmente se cosecha18.
Si es en Rastrojo, es decir, que se siembra por segunda o tercera vez, primero se desyerba o palea, se ablanda la tierra, se abona con cal apagada, se esparce el chiquero, la ceniza y el estiércol, se pica, se melga, se hoya, se abona, se coloca la semilla y se tapa.
Las semillas antiguas sembradas en las huertas caseras19 se siembran a manera de labranza mínima (se hoya y se tapa), debido a que la huerta recibe a diario los restos de la cocina (ceniza, abonos orgánicos). Durante su crecimiento “se cuida y paladea”, no se fumiga porque la diversidad de plantas medicinales y alimenticias permite un control de plagas.
En cuanto al uso de los suelos, los custodios reconocen que en las tierras negras, sueltas y gruesas20, la papa (excepto las silvestres), batata y la achira se dan mejor, mientras que, las papas silvestres, se dan entre el pasto, en el tamo del maíz y el trigo, en la cuchilla, en la barboja o en el páramo (GIIAH 2011-2013).
Por su parte, los cubios, ibias, rubas, yuca, arracacha y maravilla producen mejores pulpas en las tierras sueltas, negras y gruesas de las zonas planas y en la tierra delgada y no arcillosa de las zonas onduladas, como ocurre con el “recao”; aunque se adaptan a suelos muy pobres como los de las cuchillas y zonas elevadas.
Durante el crecimiento, algunas personas suelen coger las hojas de las rubas y de los nabos para echarles a las sopas, ensaladas y ajies. Las hojas de las ibias se consumen cuando se tiene gripa, mientras, las hojas de la achira se usan para envolver mantecadas, quesos, tapar las ollas o hacer tamales y sus “tallos para comer como panela”.
Al cosechar la “comida o duras” y el “recao”, “se deja para semilla la mejor parte”, se consume otra poca y se deja una parte para llevarle a San Isidro, a las casas de la familia y de los compadres en forma de presente.
De la comida o duras, solo las ibias y la maravilla se suelen consumir en crudo, solo la primera debe dejarse asolear por más de 15 días para que pueda concentrar sus azucares.
“La picardía era ir a la pieza de la abuela y meterse debajo de la cama, sacar el canasto donde tenía todas esas pepas y robarse un pedazo de panela para comerse con las cuibas, eso era mucho lo güeno” (Crispiniano Quintana, 2012).
Los demás alimentos antiguos y criollos, se utilizan en secos y sopas, en puntales y piquetes, cocinados, sancochados o asados. De la ibia, arracacha, yuca, papa achira y cubios se pueden elaborar varios tipos de harinas y almidones, para usarse en la elaboración de panes, galletas y bizcochos a nivel industrial (FAO, UNOCANC, S.f.: 119). La ruba o chugua se ha incluido en la preparación de encurtidos, postres, fritos y bebidas lácteas.
Del cubio se preparan buñuelos, tortas, arepas, sopas, piquetes, puntales, cocidos y ajiacos. Sus harinas poseen alto porcentaje de proteínas (14%) con las que se pueden elaborar helados y postres (Mujica, 2001).
El maíz, la arveja, el haba, la ibia, el cubio21 y la arracacha son utilizados en la preparación de chichas y bebidas especiales para las primeras comuniones, matrimonios, semanas santas y navidades,
“Esos son hasta dulces, pa’ hacer una chicha de eso… masato también hacían. Los cocinaban bien cocinados y luego los amasaban. Sí y de eso hacían un masato, ojalá que lo dejaran fermentar, con una tasada quedaba uno dormido. Eso decían que mucho de alimento, pero quién tendrá, quién tendrá, ésos sí se dan por aquí” (Ismael Álvarez, Belén).
Los tubérculos andinos poseen alto contenido de micronutrientes que “disminuyen enfermedades cardiovasculares y digestivas, fortalecen el sistema inmunológico y reproductor, neutralizan radicales libres que pueden dañar las células y favorecen la desintoxicación de compuestos no deseados” (Tapia, 2007: 158). Son ricos en hidratos de carbono (que proporcionan la energía para mantener la temperatura corporal) y pobres en aminoácidos esenciales. Pero, su consumo con ciertos alimentos (como la arveja, el fríjol y el haba) compensan estas carencias.
Su alto nivel de adaptación, resistencia inherente a plagas, enfermedades, heladas y sequías, así como la presencia de genotipos precoces dan muchas posibilidades para nuevos usos. Con 100 variedades en Latinoamérica, un porcentaje bajo en grasa y 1,7% de proteínas en sus contenidos (Torres, 2008), ofrecen un potencial de transformación en productos procesados sin perder sus propiedades nutritivas, sabor, color y textura.
“El doctor Guarín me manda tomar rubas y nabos, todas las que usted se pueda comer con chocolate y todo, para la próstata y nunca le va a dar esa vaina ni nada. El jugo de los nabos sirve para la próstata y para recuperar los riñones. Los nabos morados y los indios para la diabetes” (Escuela de Padres, Sote y Panelas, Abril 2012). “Eso sí cultivo de toda la vida porque mis padres las cultivaban, la ruba y la ibia sólo hacen una sola cosecha porque ellas demoran diez meses. Ellas se siembran sin abonos y sin fungicidas” (María Trinidad Ortíz, 2012).
“Para el reumatis, las pone uno a cocinar y de ahí las licúa, o también crudas, poray unas cuatro en un pocillo de agua, es que ellas son poquitas” (Anibal Suarez, 2012). “Por allá en el Valle la siembran y se llaman ulluco, como bizcochos. La roja es aquí ovalada” (Francisco Bonilla, Ramiriquí, 2012).
Los tallos y hojas de la ibia son muy apreciados por los campesinos boyacenses, quienes los consumen por su agradable sabor cítrico y por su “mérito en bajar fiebres y evitar gripas” (Perez, 2009). Es rica en carbohidratos y tiene muy pocos problemas de plagas y enfermedades (FAO, UNOCANC, S.f.: 97). Tiene alto contenido de Hierro, Vitamina C, compuestos fenólicos y antibióticos (ocatin), además de propiedades antifungosas (Tapia, 2007: 137).
Por las cualidades descritas anteriormente, es que las comunidades actuales ven en los alimentos antiguos y criollos la posibilidad de recuperar la soberanía y autonomía alimentaria, como se observa en el siguiente apartado.
Hacia una soberanía y autonomía alimentaria
Para acercarnos a los conceptos de soberanía y autonomía alimentaria, debemos reconocer que dichos conceptos surgen del movimiento indígena y su marco jurídico, donde “la autonomía se explica por la capacidad de decidir los sistemas de producción (comercial o de autoconsumo), el tipo de insumos (químicos u orgánicos) y el tipo de semillas utilizadas (nativas, híbridas comerciales o transgénicas)” por parte de los productores (Gómez 2010).
Para el caso de las comunidades campesinas, como Boyacá, la autonomía alimentaria se efectúa “cuando los agroecosistemas producen cultivos para la alimentación, excedente para mercados locales y tienen un ciclo de trabajo y descanso que les permite reproducir y sustentar la biodiversidad” (Gómez 2010), en este sentido, Boyacá no es autónoma alimentariamente, debido a las políticas nacionales que no contemplan una juiciosa, debatida y concertada reforma agraria que permita al campesinado producir, reproducir y sustentar la biodiversidad, sino que se centra en un sistema productivo tecnificado donde priman los monocultivos de semillas hibridas y “mejoradas”22.
La implementación de dicho sistema productivo y sus resultados, ha llevado a organizaciones y agricultores de Boyacá a pensar y debatir una posible soberanía y autonomía alimentaria desde el Congreso Departamental Agrario (2012). Allí, el tema de “seguridad, autonomía y soberanía alimentaria” era eje central de la mesa tres. Representantes de comunidades campesinas, de todo el departamento, contextualizaban la problemática del campesinado, “los bajos precios”, “los inconvenientes con los intermediarios”, “el conflicto armado y agrario”, “la llegada de nuevas semillas”, “el control de las semillas en pocas manos”, “el aumento de la malnutrición y hambre”, “la perdida de diversidad genética”, “el cansancio de la semilla”, “la tenencia de la tierra en manos de grandes empresarios”, entre muchos otros23.
En cuanto a la autonomía alimentaria, los asistentes coincidían que ésta se basaba en “la tenencia de alimentos en el campo para no tener que comprarlos”, “comer lo que nos da la madre tierra” (semillas antiguas, nativas y criollas), “lo que uno cultiva para el abastecimiento de sí mismo”, “tener la capacidad de decidir que se come, conservar el medio ambiente y los recursos hídricos”, “reconocer las prácticas de las culturas, sembrar las semillas propias de cada territorio”, “ser autónomo de lo que se siembra y de los recursos”24
Desde una mirada campesina y agrícola, mujeres y hombres coincidían con la FAO (2006), al comprender la soberanía como “la capacidad de los pueblos de decidir lo que se produce y lo que se consume”, basándose en el “respeto por los cultivos y alimentos antiguos”, “la producción propia de alimentos con abonos orgánicos”, “el tener las semillas antiguas en los campos”, “el saber los tiempos de cosechas para evitar químicos”, “el rescate de los cultivos antiguos para una buena alimentación libre de químicos y agua contaminadas”, “ el respeto de las costumbres, el derecho al alimento, a producirlo y a procesarlo”25
Todos y todas coincidían en la necesidad de recuperar las semillas antiguas, nativas o propias, porque “ellas no necesitan de químicos”, “se adaptan más fácil a todo tipo de tierra” y “hasta sirven para la industria”. Así mismo, se planteó ampliar la oferta de mercados campesinos para consolidar el “mercado del pueblo” y generar una red de economías solidarias donde los intermediarios no se queden con las ganancias del campo, sino que sean justas. De lo contrario el campesino seguirá endeudándose en los bancos, invirtiendo dos y tres veces lo que en realidad se gana.
Con una participación amplia de casi 700 campesinos de todo el departamento, pequeños cultivadores, curiosos y curiosas reconocieron las difíciles condiciones económicas de quienes trabajan y viven del campo, pero también, la posibilidad de ser autónomos en lo que consumen. El congreso departamental agrario fue el escenario para escuchar y repensar el rol del campesino (pequeño productor) en la construcción de una soberanía y autonomía alimentaria.
Otro escenario que permitió debatir la soberanía y autonomía alimentaria en el país, fue el I Congreso Internacional por el derecho a la alimentación, la soberanía y la seguridad alimentaria y nutricional, realizado en Bogotá durante los días 22 al 24 de octubre de 2012. Allí, pequeños productores, academias e instituciones se reunieron en torno a “las semillas” (eje central de una mesa de trabajo). Custodios de semillas de todo el país compartieron sus experiencias en torno a la autonomía y soberanía alimentaria a partir de las semillas nativas y criollas, así como la declaratoria de Zonas Libres de Transgénicos. Desde conocimientos ancestrales, comunidades urbanas de Bogotá, agrícolas de Nariño, Boyacá, Zenues, Cañamomo Lomaprieta y Awas presentaron los procesos de resistencia en torno a las legislaciones que pretenden derechos como obtentores vegetales de algunas semillas similarmente confundibles con las semillas nativas y criollas26 (semillas hibridas, mejoradas, transgénicas y terminator).
En esta mesa, el Grupo Semillas y la Campaña Semillas de Identidad, denunciaron las acciones del ICA y la policía Nacional durante el decomiso de miles de toneladas de semillas de arroz en el Huila y de cientos de cargas de semilla de papa en Antioquia. Denuncia que sirvió de base en la elaboración del documental 9.70 proyectado inicialmente por Telesur (2012) y luego publicado en youtube y las redes sociales en el marco del Paro Nacional Agrario27 (2013).
Las denuncias en torno a los usos de las semillas también se han hecho desde el arte, María Buenaventura, Colectivo 0.29 y León Felipe Jiménez, han mostrado las inconformidades de los campesinos y consumidores en torno a las semillas transgénicas. Los tres artistas, mediante proyecto la Cooperativa (2012), realizaron en Boyacá exposiciones y talleres que fomentaban el re-conocimiento de las semillas antiguas y criollas existentes en el departamento, sus múltiples usos en la cocina y la tarea de quienes aún las conservan.
María Buenaventura, en su exposición “Biblioteca de plantas” retomó algunas plantas vivas para “tender lazos con los bancos vivos de semillas, frágiles, rebeldes ante el mismo concepto de archivo”. “Papas y otras especies rescatadas en regiones apartadas del altiplano cundiboyacense forman, al agruparse, cada una con su luz, una suerte de jardín subterráneo” (La cooperativa 2012: 62).
Por su parte, Colectivo 0.29 y León Felipe Jiménez, en su obra “The Trans”, retoman la caña, el maíz, la papa, el tomate, el banano y la cebolla (Etanolita la cañita, Mazorkatzel, R-22cito, Tomaton, Chiquito el banano y Aquitania la cebollina) “para cantarle al mundo sobre los amenazantes transgénicos” (La cooperativa, 2012: 120).
Dichas reflexiones se unen a acciones como las llamadas fiestas, ferias e intercambios de semillas, los mercados campesinos, los encuentros y diálogos de saberes, los talleres de cocina, las prácticas artísticas, entre otras que cuestionan el modelo productivo actual. Acciones que re-significan las prácticas de consumo y valoran la diversidad de olores, formas, colores y sabores de los alimentos antiguos, nativos y criollos, fundamentales en la construcción de una soberanía y una autonomía alimentaria como ya se expuso en el presente documento.
Referencias bibliográficas
1 Respecto al frijol, se considera que la especie a la cual corresponden los ejemplares arqueológicos encontrados en El Altiplano (Equipo de Arqueología de la UPTC, Informe de Investigación 1.991) presenta para hoy tres variedades: Una 'arbustiva' y dos de 'enredadera', de las cuales una es perenne y tiene una vida productiva de cerca de dos años.Volver arriba
2 Los maíces reconocidos arqueológicamente son muy “próximos al hoy maiz pollo y maíz Tunebo” (Equipo Arqueología UPTC. Informe de Investigación 1.991).Volver arriba
3 Los camellones levantados fueron construidos en terrenos inundables (Villate 1994), (Rozo Gauta 1984), (Langebaek 2001), (Reichel-Dolmatoff 1961), (Rodríguez 2011), (Broadbent 1964), para evitar las heladas y conservar la humedad del suelo (Rodríguez 2010), (Broadbent 1968), (Boada 2006).Volver arriba
4 Más adelante Simón, describe cuatro clases de papas: las amarillas, moradas, blancas y arenosas (Simón 1981, T.III p. 163). Al leer a María Stella González de Pérez, se encuentran diferentes denominaciones a las turmas en Chibcha, lo que nos podría aproximar a una diversidad más amplia que la descrita por Simón (1981): Turma, rraiz: Iomza (o) iemuy; Turma amarilla: Tybaiomy; Turma ancha: Gazaiomy; Turma larga: Quyiomy; Turma grande: Pquaseiomy; Turma negra: Funzaiomy; Turma blanca: Xieiomy; Turma negra de por dentro: Bhosioiomy; Turma harinosa: Quyhysaiomy; Turma menudilla: Iomzaga.Volver arriba
5 Citada por Fernández de Oviedo, parece ser que se refiere a una clase especial de batataVolver arriba
6 Se reconocen como originarios de Colombia.Volver arriba
7 Las semillas propias son la semillas que los habitantes de Boyacá, especialmente los agricultores, han tenido por muchos años, las que han heredado, las que han dejado los antiguas, las de los anticorios.Volver arriba
8 Aquellas semillas que hacen parte de nuestra dieta, las que muchos asumen como propias, pero que son testimonio de múltiples encuentros en el continente americanoVolver arriba
9 Ciavita 2 (Guayata), Cunuca (Toca), El Bosque (Belén), El Cerro, Turmal y Vergara (Chiquiza), El Rique y Soconzaque Occidente, (Boyacá), Escobal, Guacamayas, Ortigal y Farquenta (Ramiriquí), Guaquira (Tota), Guaticha (Siachoque), Mongui (Mongua), Monquira (Sogamoso), Pachacual y Primavera (Cocuy), Quirvaquira (Arcabuco), Rominquira (Soraca), Sabanetas (Somodoco), Sote Panelas y Versalles (Motavita), Turmeque, Guayatá y Duitama.Volver arriba
10 Trabajos de Nataly Poveda Díaz (Programa de Biología UPTC), Yennifer Camargo y Carlos Plazas (Lic. En Ciencias Sociales).Volver arriba
11 Bukasov define a Boyacá como y Cundinamarca como “ÁREAS DE AGRICULTURA NATIVA” “por el hecho de que esta región es de una agricultura muy antigua, centro de la civilización Muisca o Chibcha y ha estado aislada de los principales cambio” (1963: 55).Volver arriba
12 “La denominación ≪raíces≫ deriva del hecho de que la raíz de [la arracacha] es la parte utilizada como alimento; su reproducción se hace desprendiendo partes vegetativas como pueden ser los esquejes *…+ Por razones de afinidad, se incluye en este grupo a la achira, cuya parte comestible es un cormo o rizoma. La mayoría son de clima templado, sin presencia de heladas y crecen en alturas que no sobrepasan los 3500 msnm” (Tapia 2007). En Boyacá encontramos la achira, la arracacha y la maravilla hasta los 2500 msnm, lugares en que son consumidos con mayor frecuencia, aunque existe un permanente intercambio con las zonas más altas donde prima el consumo de tubérculos.Volver arriba
13 Los tubérculos de altura son conocidos también como tubérculos alto andinos (swissaid) y frutos de la tierra (Pérez, 2009).Volver arriba
14 Para mayor detalle, remitirse al Capítulo 6 (Pág. 253-262), Monsalve (2006).Volver arriba
15 La sementera, el cultivo o la labranza casi siempre se realizan en tierras tomadas en arriendo o en compañía, lejos del lugar de habitación.Volver arriba
16 Aunque la mayoría de semillas se colocan de manera independiente en cada hoyo, el recao o legumbre suele sembrarse a manera de mutal o cateo, los granos de maíz, arveja, haba, frijol y garbanzo se colocan en el mismo hoyo y después se tapan.Volver arriba
17 Los grandes cultivadores suelen fumigar los cultivos de papa mínimo dos veces por semana, desconociendo que, la siembra de rubas, ibias, nabos y arracacha en sus orillas, pies y cabecera aumentan la productividad del gran cultivo, conservan suelos y elevan fertilidad. Cuando se intercalan con otros cultivos actúan como barrera ecológica para prevenir las enfermedades (FAO, UNOCANC, S.f.: 2). Son controladores biológicos, porque poseen formas y características para contrarrestar al ataque: producen saponinas, es decir alcaloides tóxicos y repelentes para insectos. Tienen potencial para conquistar terrenos marginales para la producción de alimentos, por la posibilidad de cultivarse en grandes extensiones con un mínimo de humedad. Al mismo tiempo, su capacidad de generar rendimientos excelentes en condiciones de adecuada humedad, las hacen cultivos promisorios y de alta rentabilidad (Mujica, 2009: 26).Volver arriba
18 Si es en el monte, primero debe rozarse, quemarse y hoqueriar (Monsalve, 2006).Volver arriba
19 Las huertas caseras están al lado del lugar de habitación, es el lugar de experimentación por excelencia, es el sitio donde se siembra lo del diario, lo de consumir en la casa. Es el lugar que conserva la mayor diversidad de material vegetal y por supuesto, de semillas.Volver arriba
20 Tierras consideradas de primera, por la gran concentración de abonos (Monsalve, 2006).Volver arriba
21 La preparación y consumo de la chicha se hace de manera ocasional, debido a su suave sabor y a sus propiedades medicinales. Es antirreumática y diurética con alto porcentaje en vitamina A (Pérez, 2009).Volver arriba
22 Según Foster (1980) en las sociedades contemporaneas los agentes de fomento agricola (en el caso de Boyacá, los agentes de las UMATAS y del ICA), han aportado a la modificacion de prácticas agricolas industriales y fóraneas, asi como a la promoción de semillas hibridas, disminuyendo el interes por la produccion de semillas nativas, antigiuas y criollas.Volver arriba
23 Notas de la mesa 3, “Congreso Departamental Agrario: Boyacá defiende su campo”. Contexto alimentario en Boyacá. 22 de Septiembre de 2012.Volver arriba
24 Notas de la mesa 3, “Congreso Departamental Agrario: Boyacá defiende su campo”. Autonomía Alimentaria. 22 de Septiembre de 2012.Volver arriba
25 Notas de la mesa 3, “Congreso Departamental Agrario: Boyacá defiende su campo”. Soberanía Alimentaria. 22 de Septiembre de 2012.Volver arriba
26 UPOV 68 DE 1978, UPOV de 1991, Ley 1032 de 1996 y Resolución 970 de 2010.Volver arriba
27 Si bien, el Paro Nacional Agrario fue liderado por las dignidades (especialmente de Boyacá y Nariño), también conto con el apoyo de sectores nacionales y comunidades indígenas del Huila, Tolima, Putumayo y Cauca para exigir: 1. La implementación de medidas y acciones frente a la crisis de la producción agropecuaria. 2. Acceso a la propiedad de la tierra. 3. Reconocimiento a la territorialidad campesina. 4. La participación efectiva de las comunidades y los mineros pequeños y tradicionales en la formulación y desarrollo de la política minera. 5. Se adopten medidas y se cumplan las garantías reales para el ejercicio de los derechos políticos de la población rural. 6. Inversión social en la población rural y urbana en educación, salud, vivienda, servicios públicos y vías. Como se puede ver, las exigencias del pliego de peticiones no proyectan su mirada hacia una soberanía y autonomía alimentaria, excepto en pequeños apartes que mencionan por encima el problema de la tenencia de la tierra, el reconocimiento de economías y territorios campesinos (Zonas de Reserva Campesinas). En las mesas de negociación y en las actas de las mismas, se observaba un alto interés en conservar la producción de alimentos a como de lugar, siguiendo el alto consumo de insumos pero a precios más bajos, produciendo grandes cantidades de semillas hibridas y estableciendo seguros que garanticen la compra de los alimentos a precios establecidos.Volver arriba
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