La artista
La artista antioqueña Natalia Giraldo (tuango, 1981) se ha dedicado a trabajar sobre el lugar de la mujer en la sociedad colombiana, atado fuertemente al imaginario de la religión católica.
En obras como Trento 52 (2015) o Rearqueología (2016), al igual que en otras más, utiliza la sal, material que continúa investigando en la actualidad y que entiende como la permanencia física y simbólica de la cultura nacional.
Con pecado concebida
Escultura de vírgenes de sal, alimentos frescos provenientes del Caribe Colombiano y la presencia de mujeres guajiras fueron los ingredientes para el encuentro de la artista Natalia Giraldo, que dieron como resultado un laboratorio en el que la premisa fue reconocer la tradición de la mujer en la Guajira y cómo las mujeres de la región llevan a cabo procesos creativos con enfoque de género.
Para el proyecto, la artista hizo un trabajo de campo que llevó a su conceptualización en 2015. Lo concibió como “respuesta a la necesidad de generar una práctica comunitaria que reflexione sobre la posición social de la mujer en Occidente. De allí que el eje central de la propuesta sea un laboratorio gastronómico con enfoque de género, en el que se consumen una serie de esculturas de vírgenes de sal. Esta figura es un metasímbolo que recrea la condena de la mujer a ser lo que siempre ha sido, una pieza que critica el valor subordinado que se le ha dado en la historia y que aún pervive en algunos sectores de la sociedad patriarcal, como consecuencia de unas tradiciones implantadas en su mayoría por el catolicismo’’.
Para el momento de la realización del laboratorio, al año siguiente, contó con participantes de la Fundación La Fuerza del Pueblo Guajiro, conformado por mujeres de perfiles educativos muy disímiles, así como de procedencia y estrato socioeconómico distintos, justamente la diversidad que la artista buscaba.
Además dada la cercanía de Riohacha a las minas de la sal en Manaure, la artista pudo efectuar un fructífero trabajo de campo que fortaleció la investigación que está haciendo sobre el papel de la sal en la cultura colombiana. “Habitar e intervenir el paisaje de las montañas y piscinas de sal de Manaure, y a su vez entender el duro trabajo de los obreros que producen este mineral básico en unas condiciones extremas son algunas de las experiencias que agradezco haber vivido’’.
El laboratorio se desarrolló en una ranchería en las afueras de Riohacha. Como casi todas las integrantes usaron batas wayúu y prepararon recetas tradicionales de la región, el proyecto logró articularse a la vestimenta y las costumbres culinarias y autóctonas de la Guajira. A través de la comida y la cocina, lograron reflexionar sobre el machismo de la región y “sobre el problema de las violencias de género enraizadas en la religiosidad’’. Todas, incluida la artista, que se sintió visiblemente conmovida en la actividad y la generosidad de las mujeres, manifestaron y agradecieron el espacio de diálogo que generó el laboratorio.
Como exposición de la experiencia, Natalia Giraldo piensa imprimir tres fotografías del laboratorio, así como hacer una instalación con un comedor en el que se exhibirán diez vírgenes de sal de 11 cm de altura y los utensilios de mesa empleados en la actividad. Sobre la mesa estarán disponibles unos audífonos, con los que se podrá escuchar la selección de los diálogos recopilados en los encuentros culinarios con enfoque de género