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Centro Cultural de Cali
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El artista

Alejandro Guzmán (Pasto, 1890) es egresado del programa de Artes Visuales de la Universidad de Nariño, y desde el año 2008 ha trabajado en proyectos sociales que el artista define como herramientas y medios con función social y política. Desde su hacer, busca brindar al otro la posibilidad de ser leído y de generar escenarios de reflexión para aquellos que no tienen visibilidad. Su experiencia con el arte y el trabajo interdisciplinario le han permitido identificar, a través de procesos colectivos y comunitarios, herramientas esenciales sobre el conocimiento y la creación artísticas. El encuentro con el otro en su dimensión intercultural es lo que incentiva su producción artística.

Guzmán ha participado, entre otros espacios, en el Salón Facartes (2011), Mención de honor, Pasto; Salón Dimar (2012), Pasto; Salón Victoriano Salas (2019) El Tambo, Nariño. Obtuvo la distinción tesis laureada para su trabajo de grado “Hecho en la calle: escenarios y memorias resignificadas por habitantes urbanos’’, este maestro en Artes Visuales de la Universidad de Nariño (2013) se encuentra siguiendo el curso de investigación/ Creación Arte y Contexto en la Universidad de Nariño y continúa desarrollando distintos proyectos en el ámbito del arte popular del Carnaval de Negros y Blancos.

 

Viaje a la periferia del cuerpo

Todo empezó en el recorrido por la periferia del barrio El Pondaje, en la ciudad de Cali. El artista Danny Alejandro Guzmán llegó al Centro Cultural del Banco de la República, en la capital del Valle del Cauca, con la idea de trastocar los límites y fronteras corporales de los convocados. Él mismo lo recuerda: “Viaje a la periferia del cuerpo se le presentó a la comunidad como un laboratorio artístico que lleva a analizar, reconstruir y enriquecer los imaginarios del término de frontera, visto no únicamente como barra, sino como el paso que señala la presencia del otro y la posibilidad de reunirse con él’’.

Luego de conocer a sus participantes, su propuesta se expandió, y a la herramienta corporal, como eje del taller, se sumaron los sistemas de producción que poseían algunos de los asistentes, como en el caso de doña Mirta y sus hijos, quienes desde hace años recolectan materiales reciclables para hacer souvenirs, accesorios y otros utensilios que venden en el centro de la ciudad como forma de sustento económico. Esta familia fue indudable protagonista del laboratorio, ya que cada cual, desde las singularidades de sus propuestas creativas, invitaba a la revisión de las fronteras del arte. Ejemplo de ello fue Axel, un miembro de esta familia que realizó una maqueta de cartón de su casa y escribió “Mi casa es tu casa’’, extendiendo una invitación no solo a visitarlo, sino a que comprendiera que al ser parte de una comunidad los problemas que aquejan a una familia no son indiferentes al resto de la comunidad.

Todo el proceso generó interesantes diálogos con los participantes y sus creaciones en los que cada uno relató por qué se decidió por el dibujo, la pintura, el ensamblaje o la escultura. De allí emergieron unas relaciones territoriales comunes, como los niños que imaginaron la Villa de los Gatos, así como el señalamiento a los parques que varios hicieron como lugar de encuentro.

El laboratorio finalizó con la reflexión del artista que se enmarcó en la capacidad que poseen estos procesos para brindar opciones a las comunidades. Además, Guzmán comentó que el “arte (sirve) para comprender la fuerza y la capacidad de apropiarnos de nuestros territorios, para hacer y actuar en pro de una política que consiste verdaderamente en sentir el dolor del otro y en la necesidad que tienen los demás para hablar, expresar y participar en la construcción de un bien colectivo”. Fue así como terminó este viaje, gracias al cual el artista encontró nuevas motivaciones y aliados que reforzaron la importancia del proyecto Obra Viva.

 

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