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Centro Cultural de Ipiales y Pasto
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Tipo de minisitio

La artista

Haciendo uso de los formatos bidimensionales, la artista Natalia Cajiao (Bogotá, 1979) ha establecido en sus obras presentaciones figurativas que amparan elementos ancestrales, neofigurativos y autorreferenciales. Ha participado en exposiciones colectivas como “Imagen regional’’, del Banco de la República, e internacionales como “Scope Miami International Art Fair 2010’’y “Barcelona Arte Contemporáneo 2003’’. Actualmente es docente de Teoría del Color y Fotografía en la Universidad Javeriana, sede Cali.

 

La Tulpa o fogón del hogar/ La Mujer, La Madre, La Tierra 

Natalia Cajiao vivió una experiencia transformadora en Ipiales, en la comunidad de los Pastos, “entre las majestuosas montañas del macizo de Huaca o nudo de los Pastos, compartiendo el calor del hogar del resguardo de San Juan’’, como ella misma lo describe. Llegó a dictarle un taller de arte y cerámica  a la comunidad, pero está convencida de que quien más aprendió de toda esta experiencia fue ella, porque para entablar los lazos que quería para dictar sus ejercicios debió entrar a los hogares de quienes conforman el resguardo, y así compartió con ellos su alimento, hospitalidad, familia y relatos. Se llenó de ellos, emocionada por sentirse acogida y bienvenida.

“Las conversaciones -escribía la artista- fueron grabadas y el registro fue fotográfico, pero más allá de eso el registro fue vivencial, pues yo ayudaba en todo lo correspondiente al fogón o tulpa, a desgranar, picar, moler, amasar, limpiar y comer. Cada plato de sopa y seco compartido en la mesa lo llevo en la sangre como el mejor alimento que he podido darle a mi cuerpo-espíritu, el cual quiero continuar cultivando día a día. En cada hogar me regalaron semillas del alimento que habíamos cocinado y también me dieron plantas aromáticas y medicinales sembradas, para trasplantar en mi huerta casera. Escuchar tanta sabiduría resumida en una planta, o incluso en una hoja, es asombroso y transformador; solo con olerla o masticarla es sanador. Sin embargo, el problema ambiental es evidente; la gente está luchando con sus veredas contra la invasión de los pesticidas de las multinacionales que han dejado infértil la tierra, envenenando sus cultivos y multiplicando la plaga que se come sus frutos sin compasión. Todo esto causado por intereses económicos y de producción masiva, sin valorar el orden de la vida natural, en armonía con los ciclos de este planeta’”. 

Luego de oírlos, de sentir su desazón frente al desarrollo arrollador de las tradiciones, se reunían por las tardes en la biblioteca del resguardo para realizar talleres de modelado de vasijas, callanas y objetos decorativos, recordando la iconografía del pueblo de los Pastos. “El barro fue el material idóneo para permitirnos sentir los cimientos de su pueblo y afianzar el patrimonio material e inmaterial de su cultura, antes de su extinción, que parece ser inminente. Mi intención y propósito pedagógico fue mostrarles las técnicas básicas del modelado y algunas bases técnicas para que puedan dar continuidad en estos procesos formativos y creativos con un material noble y económico como el barro. En este taller participaron mujeres, niños, jóvenes e incluso hombres que día a día se fueron sumando a las actividades de las tardes. El taller fue un éxito; los niños, por tres días, dejaron de navegar por el internet de los computadores de la biblioteca y el último día me preguntaban qué íbamos hacer al día siguiente. Nadie quería irse, ni yo, me alegra haberles dado un tiempo de alegría y diversión, con un llamado de atención a la juventud por preservar sus tradiciones y riqueza ancestral”, concluyó.

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