Cecilia Posada. Obra gráfica experimental. s.f.l. Archivo Cecilia Posada. Signatura: FT3357
El cuerpo ha sido un campo de disputa simbólica, legal, médica, religiosa y cultural en la historia de las mujeres, en cuanto fuerzas reproductivas. Este eje propone una mirada plural sobre cómo las mujeres han experimentado, pensado y representado sus corporalidades, más allá de las narrativas hegemónicas —aunque también las incluye como parte de su normalización y control— que han disciplinado o estetizado sus cuerpos.
Aquí presentamos una multiplicidad de enfoques posibles, desde los expedientes médicos y discursos sobre la maternidad, el parto o la enfermedad, hasta los retratos fotográficos extracotidianos de mujeres en posiciones de poder —como los que muestran a una Esmeralda Arboleda, ministra y senadora, por fuera de gestos solemnes y desafiantes, típicos de la expectativa del poder público masculinizado—. En el eje, el cuerpo es físicalidad, pero también gesto y potencia; es sujeto político, productor de sentidos, lugar de expresión, acomodo, resistencia y deseo.
Esta diversidad de gestos y corporalidades se revela también en los libros de artista. Partitura, de Ana María Devis, propone una lectura sensorial del embarazo desde la experiencia íntima, a través de una secuencia visual que compone los nueve meses de gestación como si fueran una partitura sensible que habla de la unión y organicidad del cuerpo-conciencia. En diálogo, la obra de Andrea del Pilar Santana Wilches desmonta la idea de una corporalidad total para trabajar con el cuerpo como fragmento, como dibujo que se escapa de su contorno natural y se vuelve posibilidad de reconfiguración. Santana Wilches invita a reflexionar sobre la identidad, la percepción y la representación del cuerpo. Ambos libros de artista nos recuerdan desde la visualidad que el cuerpo femenino ha sido también un lugar de creación simbólica y autorrepresentación.
Las hojas de contacto de Alicia Dussán y Gerardo Reichel-Dolmatoff documentan corporalidades colectivas e inscritas en rituales y prácticas sociales en medio de escenas cotidianas de crianza y transmisión generacional en comunidades indígenas y campesinas. En dichas escenas, el cuerpo materno emerge como eje de continuidad biológica, afectiva y cultural.
Ida Esbra. Carnaval de Barranquilla (1977) Archivo Nina S. de Friedemann. Signatura: FT1901
Las fotografías del trabajo de campo antropológico de Nina de Friedemann en el Carnaval de Barranquilla de 1977 capturan la dimensión híbrida, performática y expresiva del cuerpo festivo. No se trata solo del baile, el disfraz o del ritual, sino del encuentro físico, corpóreo, como vehículo de memoria e identidad colectivas. En estos registros, el cuerpo aparece como lenguaje común para reafirmar, trastocar y resistir en el mundo.
Esta mirada se enriquece con la inclusión de fichas adicionales mecanografiadas por Friedemann sobre comunidades afrodescendientes como San Basilio de Palenque y Los Brazos. En esas fichas, Friedemann registra saberes femeninos, mostrándonos a las mujeres en su función de transmisoras de conocimientos corporales vernaculares: prácticas alrededor del embarazo, del ombligo de los recién nacidos, del aborto, del parto… Estos documentos —aparentemente técnicos— sobre la labor del trabajo de campo antropológico revelan una cosmología del cuerpo situada en la oralidad y la soberanía del saber femenino. Son huellas de una episteme ancestral, de un saber que problematiza la noción biomédica del cuerpo como objeto pasivo de intervención y como objeto de especialización científica.
Además de formas de agencia en torno a la corporalidad, el eje también incorpora ejemplos que visibilizan cómo el cuerpo femenino fue y sigue siendo disciplinado desde modelos normativos de belleza, función y moral. La revista Mujer de Romero en los años sesenta, constituye una fuente clave para pensar la tensión entre autonomía corporal y estética impuesta. En sus páginas, artículos como El control de la natalidad o Planificación de la familia muestran cómo la anticoncepción fue debatida no solo desde lo médico o lo económico, sino también desde una reflexión feminista sobre el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. Las columnas Indicaciones y consejos para el embellecimiento del busto I y II, escritas por Stella Serrano, son un reclamo de la publicación periódica de Romero por discutir los temas de belleza como asuntos públicos y políticos de las mujeres, incluso cuando se tratan de cosmética: son rebeldes al atreverse a mostrar un seno y al dirigirse a las mujeres con franqueza sobre los cuidados estéticos para el seno, y aun así podríamos decir que también nos exigen repensar el cruce entre soberanía corporal y sujeción del cuerpo a la mirada masculina y del consumo.
Una ambivalencia similar aparece con fuerza en el archivo de Esmeralda Arboleda, que hacia el final de su vida participó activamente en los debates sobre la eutanasia desde la Fundación Derecho a Morir Dignamente. Uno de los documentos que incluimos en este eje es el formulario Esta es mi voluntad, que, aunque sin llenar, es una afirmación poderosa del derecho a decidir hasta el final sobre el propio cuerpo. La enfermedad —en su caso, el cáncer de mama— reconfigura la relación entre cuerpo, belleza, dignidad y poder. Así, el seno ya no es solo una zona de erotismo o estética del poder femenino (como quizá podrían llevar a sospechar los artículos de Mujer), sino un lugar de vida y muerte, de poder y vulnerabilidad, y de agencia ética y política.
Los efímeros de finales del siglo xix y comienzos del xx nos introducen en el imaginario visual que comenzaba a construir la chica moderna[1]. Las ilustraciones, anuncios y portadas de revistas reproducen gestos, poses y estéticas femeninas que proponían una nueva performatividad del cuerpo femenino: más pública, más activa, pero no menos normativizada ni disciplinada. Estas piezas dialogan con las fotografías deportivas de 1938 del Instituto Central Femenino, en las cuales las jóvenes aparecen en uniforme, haciendo calistenia y jugando baloncesto. Se trata de otro tipo de intervención; una ordenada, sana, moderna, proyectada hacia el futuro. Sin embargo, en ambos casos el cuerpo sigue siendo moldeado desde una expectativa social que oscila entre el control y la emancipación, nuevamente mostrando tensiones y complicaciones.
Cecilia Posada. Obra gráfica experimental. s.f.l. Archivo Cecilia Posada. Signatura: FT3357
Tenemos, pues, un recorrido plural por formas de ser corporalidad, así como de mostrar, pensar y disputar el cuerpo. El cuerpo es tanto materia como metáfora: una superficie sensible sobre la cual se inscriben memorias, traumas, placeres, luchas, motivos, y la lúdica del poder social y simbólico que nos ordena como estructura humana colectiva. Desde lo íntimo a lo público, desde la artista a la sanadora popular, los documentos de este eje nos invitan a repensar nuestros cuerpos del pasado y de hoy, al igual que sus contextos, fuerzas e implicaciones.
Referencias bibliográficas
[1] Esta chica moderna está en sintonía con aquella que estudia Joanne Hershfield en el México posrevolucionario.
Joanne Hershfield, Imagining La Chica Moderna: Women, Nation, and Visual Culture in Mexico (Duke University Press, 2008).



