Los pueblos antiguos de la península coreana creían que tendrían una vida después de la muerte, muy similar a la que habían llevado en este mundo. Cuando una persona fallecía, enterraban junto con ella recipientes de cerámica con alimentos, artículos valiosos y pequeñas figuras en forma de animales y de personas que les brindarían apoyo en el más allá. Mientras mayor fuera el estatus del difunto en este mundo, mayor era el número de vasijas enterradas con él.
Con la difusión del budismo a partir del siglo VII, la clase gobernante instauró la práctica de cremar los cadáveres y enterrar las cenizas y otros restos en un jarro. Las urnas funerarias solían llevar decoraciones extravagantes, con diseños estampados en toda la superficie, y en ocasiones se les aplicaba un esmalte verde o amarillo para hacerlas más resplandecientes. En el centro de la tapa, una manija en forma de pagoda o de flor de loto representaba las creencias budistas.


| Urna cineraria Gres. Reino de Silla Unificado, Periodo de los Reinos del Norte y del Sur, siglo VIII. Alto 39,6 cm, diámetro 36,3 cm Recipiente usado para contener las cenizas de cremación de un difunto. Por lo general, estos recipientes constan de dos jarros, uno pequeño para contener las cenizas y uno mayor, como este, donde se coloca el pequeño. A través de las orejas se insertaban varillas metálicas para evitar que la tapa se separara del cuerpo |
Con el confucianismo como ideología estatal, la dinastía Joseon otorgaba una alta importancia a los ritos y a las ceremonias. Las vasijas rituales se fabricaban principalmente en porcelana blanca pura, un símbolo de las virtudes confucianas valoradas por la sociedad de Joseon.

| Tabletas epitafio y estuche Porcelana blanca. Dinastía Joseon, siglo XVIII Se denominaba myeonggi a los objetos que enterraban con los muertos para expresar el deseo de felicidad y bendición para el alma del difunto en el más allá. Estos objetos rituales del confucianismo eran usados casi exclusivamente por los miembros de la clase dirigente y la familia real. Junto con ellos se enterraban epitafios inscritos en tabletas que contenían información sobre el difunto. |
Cuando nacía un príncipe o una princesa en la corte de Joseon, como augurio de salud y paz su placenta y su cordón umbilical eran enterrados en jarros en un sitio auspicioso, junto con tabletas donde se daba información sobre el recién nacido.

| Jarros y tableta para placenta Porcelana blanca (jarros), piedra (tableta). Dinastía Joseon, siglo XV Alto 42,5 cm, diámetro 24,7 cm (el mayor) La tableta indica que se trata de los jarros de placenta de la princesa Haphwan, quinta hija del rey Seongjong (r. 1469–1494; noveno monarca de Joseon), que nació en 1483 y que su placenta y cordón umbilical fueron enterrados en 1485. Los dos jarros, uno interior y otro exterior, tienen orejas que servían para pasar una cuerda para asegurar la tapa al cuerpo del jarro. |
Fotos: Cortesía del Museo Nacional de Corea