Los tenues tonos verdes del celadón de Goryeo se conocen en coreano como bisaek (verde jade) y su estilo hace alarde de una belleza peculiar y un carácter sofisticado. Un escritor chino de la época elogió el celadón de Goryeo como “lo mejor que existe bajo el cielo”. Los habitantes de aquel tiempo sentían gran afecto por su celadón color jade y se enorgullecían de él.
El celadón —con su delicado glaseado— refleja la cultura alimentaria de las personas de la dinastía Goryeo (918 a 1392), particularmente en relación con la ceremonia del té. La familia real, los nobles, los monjes y también el común de las gentes acostumbraban tomar té por su sabor y su aroma, pero también por considerarlo medicinal. Prepararlo en tazones, tazas y jarras de celadón, como estas, era sin duda una fuente de placer.

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Jarra fitomorfa |
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La cultura de la dinastía Goryeo y la de su sucesora, la dinastía Joseon (1392 a 1910), diferían en algunos aspectos como consecuencia de sus diferentes ideologías y valores sociales dominantes, y esta diferencia puede verse en sus objetos de cerámica. La cultura de la dinastía Goryeo era aristocrática y exuberante, mientras que la dinastía Joseon, influida por el confucianismo, prefería la simplicidad y la practicidad. Muchos hombres de las clases altas del período Joseon se dedicaban a componer prosa y poesía, y con sus utensilios de escritura en porcelana blanca pura buscaban mostrar su espíritu moderado pero energético.


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Cajas para cosméticos |

| Piedra de entintar, portapinceles y guardapapeles Piedra. Dinastía Joseon, siglo XVIII Alto 3,7 cm, largo 22,5 cm Durante la dinastía Joseon, los hombres molían barras de tinta —hechas de hollín y cola animal— frotándolas contra una piedra de entintar, y agregaban unas gotas de agua para producir una tinta oscura que utilizaban para escribir con pincel y pintar. Esta tarea, sin embargo, significaba más que la simple obtención de la tinta, pues servía como una forma de meditación o ascetismo. |
Los utensilios decorados con motivos en azul cobalto representaban las cuatro plantas nobles que los letrados deseaban emular: los ciruelos, primeros en florecer a comienzos de la primavera a pesar del frío; las orquídeas, que exhalan su delicado aroma en lo profundo de las montañas; los crisantemos, que florecen al final del otoño a pesar de las primeras heladas de la estación, y el bambú, que conserva su verdor aún en los rigores del invierno.


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Botella poligonal |
Fotos: Cortesía del Museo Nacional de Corea