En esta sección se reúnen obras que comprenden un amplio periodo de la trayectoria de Paz Errázuriz, siendo las más antiguas de principios de los ochenta y las más recientes de la primera década de nuestro siglo. El tiempo, y su tratamiento en la imagen, es el hilo conductor. Es éste un asunto que ha ocupado a otros creadores en distintas disciplinas entre las que descuella la técnica fotográfica con la que sin duda se logra capturar el tiempo, registrarlo y preservarlo.
A mediados de los ochenta Paz Errázuriz decidió fotografiar a su hijo Tomás una vez al mes durante cuatro años (julio de 1986-diciembre de 1990): su rostro serio se ofrece al espectador mientras la huella del cambio y los pequeños accidentes de la vida asoman. Años más tarde hizo un vídeo –Un cierto tiempo, 2004- con el preciado material fotográfico, lo que permite subrayar la idea de continuidad y de ritmo visual.
Las edades extremas de la vida (niñez y vejez) son las más frecuentadas por la artista despuntando también una mirada critica hacia la infantilización social que afecta a los ancianos, sin obviar otras cuestiones cómo la presencia del trabajo en las personas mayores. Consciente del culto a la juventud y a la belleza normativa imperante en nuestra época, la actitud audaz de la fotógrafa le ha llevado a adentrarse en un asunto tabú como el de la desnudez desinhibida de algunas personas de edad avanzada (serie Cuerpos), o en el del disfrute del tiempo de ocio (serie Tango).
Cierra esta serie un conjunto de imágenes -serie Memento mori- centradas en un cementerio de Santiago donde posa su mirada sobre las fotos y otros elementos decorativos colocados por los deudos para evocar a la persona muerta.