El Banco de la República introdujo recientemente un cambio significativo en la representación de las mujeres en los billetes y monedas colombianos: por primera vez, a un mismo tiempo allí aparecieron varias mujeres de carne y hueso protagonistas de nuestra historia. El billete de dos mil pesos muestra a Débora Arango (1907- 2005), pintora reconocida por su arte crítico y valiente. Ella fue censurada por pintar cuerpos femeninos desnudos y por desafiar con sus obras los valores conservadores. El de diez mil pesos honra a Virginia Gutiérrez (1921- 1999), antropóloga pionera en los estudios sobre la familia, quien buscó comprender las dinámicas de los hogares colombianos y visibilizar a las madres cabeza de familia. Laura Montoya (1874-1949), religiosa destacada por su labor misionera y educativa entre las comunidades indígenas y primera santa colombiana, fue recordada con una moneda conmemorativa de cinco mil pesos. Llamamos espinas a estas mujeres porque incomodaron a la sociedad: no fueron sumisas ni se conformaron con lo que se esperaba de ellas. Sus voces, pensamientos y acciones abrieron caminos para imaginar un país más justo e inclusivo. Con estas representaciones, las mujeres comenzaron a figurar para inspirar memorias vivas y destacar las huellas de transformación. Este cambio en la iconografía del dinero colombiano es un avance hacia el reconocimiento de las muchas formas en que las mujeres han construido y siguen construyendo nuestro país.
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