Los hombres son bien dispuestos, de buenos rostros, las mujeres lo mismo y muy amorosas.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los quimbayas
Los hombres son muy crecidos de cuerpo, los rostros largos, y las mujeres lo mismo y robustas.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los carrapas
Estos indios y sus mujeres andan desnudos como sus comarcanos, son grandes labradores. Cuando están sembrando o cavando la tierra, en la una mano tienen la macana para rozar y en la otra la lanza para pelear.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los pozos
| Figura antropomorfa con perforaciones en las orejas y bajo la boca. Alto: 33 cm. C06711. |
Las costumbres todas son unas, salvo que estos son mejor gente y más dispuestos, y las mujeres traen unas mantas pequeñas con que se cubren cierta parte del cuerpo, y ellos hacen lo mismo.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los paucuras
La gente de esta provincia de Arma son de medianos de cuerpos, todos morenos, tanto que en la color todos los indios y indias de estas partes (con haber tanta multitud de gentes, que casi no tiene número, y tan gran diversidad y largura de tierra) parece que todos son hijos de una madre y de un padre.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los armas
Sus labranzas tienen los indios por las riberas de estos ríos, y de todos ellos unos con otros se dieron siempre guerra cruel, y difieren en las lenguas en muchas partes, tanto que casi en cada barrio y loma hay lengua diferente.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los armas
Andan desnudos y descalzos, y las mujeres traen mantas pequeñas, y son de buen parecer, y algunas hermosas.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los ansermas
Traen debajo de la rodilla un gran bulto de chaquira, que es unas cuentecitas menudas, muy iguales, blancas, parejas y otro tanto encima del tobillo, para que críen pantorrilla, y lo mismo hacen en los brazos, para criar molledo, y lo mismo en las muñecas de los brazos.
Juan Bautista Sardella (1542) sobre los ansermas
Extensiones para la guerra
Los adornos de orfebrería que exhibían en las batallas los caciques y guerreros no eran cascos o armaduras, sino atuendos rituales para mostrar poderío simbólico a aliados y contrincantes.
Cuando ellos iban a la guerra, llevaban coronas y unas patenas en los pechos y muy lindas plumas, y brazales y otras muchas joyas.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los armas
Las guerras tenían distintos propósitos. Unas, por competencia de recursos o expansión territorial, otras eran fiestas en las que algunos individuos luchaban a muerte como parte del festejo.
Cuando van a la guerra llevan todos muy ricas piezas de oro, y en sus cabezas grandes coronas, y en las muñecas gruesos brazales todo de oro, llevan adelante de sí grandes banderas muy preciadas.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los carrapas
Las armas que tienen estos indios son dardos, lanzas, hondas, tiraderas con sus estólicas, son muy grandes voceadores, cuando van a la guerra, llevan muchas bocinas y tambores, y flautas, y otros instrumentos.
Pedro Cieza de León (1553) sobre los armas
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Casco martillado del periodo Tardío del Cauca Medio. Alto: 9,5 cm. O08971. Ajorcas para adornar las pantorrillas. Alto: 24 cm. O02786, O02787. |
Pedro Cieza de León, La crónica del Perú. Ver página 58 ss.
El contacto español
Los cronistas de las primeras expediciones de conquistadores españoles por la región del Cauca Medio, hacia 1550, como la del capitán Jorge Robledo, relataron sobre comunidades dedicadas a la agricultura, la minería de oro, la explotación de aguasal y el intercambio.
Describen una gran diversidad de grupos divididos en provincias comandadas por uno o varios caciques, algunas con lenguas semejantes. Los llamaron caramantas, cartamas, armas, samanaes, zopías, paucuras, amaníes, pantágoras, chancos, ansermas, quinchías, pozos, picaras, irras, quimbayas, carrapas y quindos. Los vieron como grupos bélicos que convivían en medio de alianzas y tensiones.
Estas sociedades ofrecieron una fuerte resistencia a la conquista, que devino en muchos años sangrientos y dos siglos de disminución demográfica. A finales del siglo XVIII quedaban muy pocos pobladores indígenas o descendientes de europeos en la región.
En los siglos 19 y 20, una nueva oleada de personas, nuestros bisabuelos, ocuparon estos lugares y crearon el paisaje cultural cafetero. La arqueología y este museo nos permiten reconocernos en los antiguos pobladores y pensar su experiencia del territorio para concebir nuestro futuro.




