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Durante su apogeo, los lambayeques ocuparon gran parte de la costa norte peruana. Adecuaron las tierras desérticas para la agricultura de maíz, fríjol, ají y otros productos, mediante el desarrollo de un extenso sistema de canales de irrigación que conectaban los valles desde Motupe, al norte, hasta Jequetepeque, al sur. Se organizaban en linajes familiares jerarquizados, alrededor de centros administrativos y ceremoniales con arquitectura monumental, donde líderes que reunían el poder político y el religioso ejecutaban la distribución de bienes rituales y de prestigio. Hábiles artesanos, arquitectos y navegantes, tuvieron especialistas en el trabajo del cobre, el oro y la plata.
 
Corrección: líderes y lideresas que reunían el poder político y el religioso ejecutaban la distribución de bienes rituales y de prestigio...

 
 
Entre dos altares ubicados en la “residencia de élite” de Chornancap, debajo de ofrendas de cerámica, los arqueólogos del proyecto arqueológico Chotuna-Chornancap encontraron restos de fibra vegetal cubriendo dos mantos rectangulares tejidos en algodón, uno doblado en tres y otro extendido, pintados en los bordes y con 90 discos de cobre cosidos a cada uno. Las pinturas representan la llamada ‘ola antropomorfa’, símbolo de la vinculación de los lambayeques con el mar.
 
Excavando mantos de algodón pintados, de hace 700 años:
 
Bajo los mantos descubrieron una especie de pozo de forma ovoide en el que había un piso con huellas humanas, presumiblemente porque durante el ritual del entierro danzaron sobre la tierra húmeda. Los restos de un manto de algodón pardo muy deteriorado fueron descubiertos 60 cm más abajo. Detrás estaba una máscara elaborada por martillado y ensamblaje en una aleación de plata y cobre, complementada con aditamentos de cobre que salen de sus ojos y nariz, y un tocado bifurcado zoomorfo. Este tocado es un símbolo femenino que identifica a las sacerdotisas en la iconografía lambayeque.
 
Una máscara de plata encuentra a los arqueólogos:
 
La máscara había sido colocada al exterior de un fardo funerario: en el antiguo Perú, varias capas de tela solían envolver el cuerpo del difunto, enterrado sentado y con adornos indicativos de rango.
 
¿Sabías? La máscara no viene a Colombia. Tampoco nuestra balsa muisca irá nunca al Perú, aunque nos daría mucho gusto compartir una exposición internacional del Museo del Oro. 
 
De los ojos de la sacerdotisa salen "lágrimas" de cobre, hoy oxidado. Su tocado parece mezclar serpiente y felino. 
 
Acompañaban al fardo, ubicado a 4,5 m de profundidad, los cuerpos de seis mujeres dispuestas sentadas a su alrededor, una acostada en posición fetal a su espalda, en cuya boca se encontraron 13 tejuelos de oro y uno grande de plata. Se halló también una cabeza humana y, como ofrenda, un camélido joven. Análisis antropométricos, realizados por antropólogos físicos norteamericanos y peruanos, determinaron que todos los acompañantes eran mujeres jóvenes entre los 15 y los 20 años. El estudio antropométrico del cadáver del personaje principal corroboró que correspondía a una mujer y estableció su edad entre los 50 y los 55 años. Presentaba una deformación craneal occipital, es decir, en la parte posterior, característica de personajes de la élite tanto en la cultura moche como en la lambayeque.
 
Pero ante todo, los objetos hallados en la tumba nos hablan de la sacerdotisa y le dan nueva vida y memoria a su poder.
 
Orejeras de oro de la sacerdotisa de Chornancap. 
 
 
 
 
Imagen principal Media
Sacerdotisa de Chornancap
Imagen
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Año
2021
Carácter de la exposición