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Una mujer artista: Cecilia Porras
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Tipo de minisitio

Un hito de ruptura1 

Cecilia Porras (1920 - 1971), como artista y como mujer, ofrece claves de análisis para reflexionar sobre cómo las tensiones y superposiciones entre tradición y modernidad han estado presentes en los individuos. Porras es un ejemplo que permite visualizar en qué medida algunos personajes han operado como hitos de ruptura, se han rebelado frente a sus horizontes de posibilidades y han activado, desde sus propias trayectorias, elementos de modernización social y cultural en los contextos en los que actuaron. 

Aunque Cecilia Porras no es la única artista que aborda esta exposición, se decidió en el primer fragmento dedicado a los sujetos, hacer énfasis en un caso específico para poder abarcar una trayectoria personal y explicar la manera como tradición y modernidad encontraron zonas de tensión en los propios individuos, en sus recorridos y en su producción artística. Se escogió a Porras porque es, de los tres artístas que alcanzaron mayor visibilidad y legitimación en el período (Obregón, Grau y Porras) la que menos se ha estudiado y expuesto. Esto se debe a muchos factores, entre ellos que Porras murió joven y su obra quedó dispersa, lo cual ha dificultado su estudio. Sin embargo, también tiene que ver con que, en general, los relatos de la historia del arte han privilegiado la visibilización del papel de los hombres respecto del de las mujeres. En el caso de Porras, a menudo se le menciona al lado de sus amigos y colegas Enrique Grau y Alejandro Obregón, y esto tiende a poner un tono al discurso que matiza su verdadero papel en el arte local como plena interlocutora. Porras, por se mujer, nos permite mostrar otro de los aspectos involucrados en los procesos de modernización en ámbito local: la manera como las mujeres fueron alcanzando nuevos espacios de acción, representación y profesionalización. Puntualmente, se hace evidente cómo las mujeres fueron desplazando la idea del arte como un ejercicio reducido al ámbito privado, como hobby para señoritas de bien, como manualidades asociadas a la adecuada formación para el mantenimiento y embellecimiento del hogar, para luego buscar espacio de profesinalización y de exposición pública como mujeres artístas, con producción intelectual y con circulación en las instituciones del arte.

La inserción social y la definición de nuevos roles para la mujer son elementos determinantes en los procesos de modernización del país. Estos cambios han implicado un complejo camino de tránsito durante por lo menos el último siglo. En el ámbito cultural y artístico, este proceso ha significado para las mujeres una búsqueda de espacios de profesionalización (Porras se desplazó a Bogotá para inscribirse en la escuela de artes de la Universidad Nacional), de reconocimiento de su producción y de exposición pública en los circuitos modernos del arte. En este proceso, Porras tanto en su periplo existencial como en su carrera plástica, jugó un papel primordial en el ámbito local y regional. Fue una de las primeras mujeres de la generación de artistas plásticos caribeños de mediados de siglo en dedicarse profesionalmente a las artes plásticas.2 

A su lado podemos mencionar, por ejemplo, a Delia Zapata Olivella (1926-2001), quien tuvo una formación universitaria en artes plásticas y, aunque posteriormente fue mas reconocida como coreógrafa y bailarinam en su etapa inicial hizo escultura.

En Porras pueden analizarse diversos factores que muestran rupturas respecto de la concepción tradicional de la mujer: su búsqueda de profesionalización y, por tanto, su acceso a la universidad; la construcción de nuevas expectativas laborales; su rebeldía frente a normas y modales femeninos tradicionales; su incursión en lo público a través de su trabajo, su forma de relacionarse con los hombres; su construcción de un tipo distinto de familia; su exploración de lenguajes pictóricos particulares que superan la imitación de la naturaleza y construyen nuevos mundos y formas plásticas singulares. Estas rupturas que concretó Porras en su propia vida y en su obra deben ser vistas, además, en el marco de su proveniencia familiar, ya que sus intereses, gustos y decisiones fueron en contra de las convicciones de su padre, el historiador Gabriel Porras Troconis.

Porras Troconis fue uno de los intelectuales conservadores de mayor prestigio de la ciudad en la primera mitad del siglo XX: presidente de la Academia de Historia;3 pensador defensor de los valores hispánicos, católicos y patriarcales; fundador y director de varias revistas, incluyendo América Española. Tanto la Academia de la Historia como la revista América Española fueron tribunas de oposición al arte moderno en la escena cultural cartagenera de los años cuarenta y cincuenta. Este factor configura una paradoja interesante para seguir pensando en los procesos de modernización social como procesos heteogéneos donde tradición y modernidad se cruzan, para conformar así divergencia al interior de una misma familia.

También en el trayecto artístico y plástico de Cecilia Porras se evidencia un proceso de tránsito donde se hacen claras las luchas entre tradición y modernidad. Los autorretratos y los paisajes urbanos de Cartagena fueron los temas más recurrentes en su obra. Ella se inició en el arte copiando imágenes de obras de grandes maestros de la tradición artística occidental o algunas escenas del natural, lo cual era una práctica muy difundida entre los pintores en Cartagena en la primera mitad del siglo XX. (Ramírez, 2015). Sin embargo, su carrera dio un giro cuando salió de Cartagena y empezó a tener contacto con los lenguajes plásticos modernos. Porras empezó a poner en duda la idea de arte que la había influenciado en su primera etapa en Cartagena, donde primaba la intención de reproducir la realidad fielmente, y empezó a idenfiticar la copia como parte de una "tradición" que era necesario superar. Se planteó entonces un cuestionamiento deliberado de ese momento en el que, según sus propias palabras "creía ingenuamente que la pintura tenía que ser imitación fiel de la naturaleza y que a un artista le estaba prohibido alterarla o interpretarla según su manera de sentir" (Porras, 1950). Así, emprendió otros caminos que le permitieron consolidar progresivamente nuevos lenguajes en su obra. Porras empezó a entender su búsqueda artística desde la necesidad de romper con la mímesis para poner ideas y sentimientos propios. Hacer arte moderno significó asumir una autonomía en la expresión y una personalidad propia que le dan licencias para explorar y jugar con el color, las texturas y las formas, para crear nuevos universos plásticos particulares como lo son sus paisajes.

Otro de los asuntos más recurrentes en su investigación artística fue el autorretrato. Paralelamente el proceso de desintegración de la figura imitada y de la mirada reproductora, Porras exploró en el autorretrato el mismo proceso de construcción o deconstrucción de sí misma en el que estaba inmersa. Así, sus autorretratos son una evidencia de sus mutaciones en medio de las innovaciones en su manera de concebir y aproximarse la pintura. Los autorretratos fueron un espacio privilegiado  de reflexión porque su cuerpo y su propia subjetividad eran el territorio de los elementos de los cuales Porras considerada debía provenir provenir la nueva pintura, es decir, la emoción personal.

Los autorretratos del período muestran sus cambios en función del habitus de artista moderna que valora y da rienda suelta a su individualidad para distanciarse de las normas correctas de construcción de lo femenino en el período.

A pesar de las rupturas en su camino como artista moderna la cercanía de Porras con el arte de la tradición artística occidental, en su primera etapa de formación, la marcó profundamente y para siempre, como también sucedió con artistas modernos locales como Grau y Obregón. Su interés por los géneros del paisaje y el retrato, la manera como trabajó los contrastes entre luz y sombra y la atmósfera que logra captar a través del color en sus paisajes semi-abstractos son elementos que tienen su génesis en la primera etapa de formación de la artista como diletante. 

Por tanto, también podemos ver en las obras más modernas de Porras elementos donde perviven herencias de la tradición, a lo que suma su obsesión por representar y explorar plásticamente la Cartagena colonial. Es decir, Porras encontró su principal objetivo pictórico allí, donde también veía que estaba la base de la tradición en la que se sentía estrecha. Así, su modernidad se construye desde un diálogo permanente con la tradición, un diálogo en continua tensión.

Referencias bibliográficas

1 Algunos de los elementos desarrollados en este apartado hacen parte de una investigación que se ha venido desarrollando en diferentes etapas. Un avance fue publicado en el artículo "Cecilia Porras un hito de ruptura en las ártes plásticas en Cartagena a mediados del siglo XX" (2012) y se ha presentado posteriormente en diversos eventos académicos como el Congreso Internacional de Historia de las Mujeres - JWH en abril de 2017. Otros investigadores han abordado recientemente el caso de Cecilia Porras lo cual ha significado una importante ampliación del estado del arte sobre su vida y su obra. Se pueden mencionar los estudios de Adriana María Serrano y Daniel Eduardo Hernández (2015), Sandra de Cruz (2015) y Alexa Cuesta Flórez (2017). Volver arriba

2 Esta afirmación se debe hacer siempre con especial cuidado porque con frecuencia las mujeres han quedado invisibilizadas en los relatos de la historia del arte en Colombia. Han existido, desde por lo menos finales del siglo XIX, muchas mujeres que se dedicaron al arte, pero en ámbito privado. Volver arriba

3 La Academia de Historia de Cartagena fue una institución cultural legitimada y de mucho poder en la ciudad de esos años. Por ejemplo, la academia fue designada por el Gobierno Nacional para administrar el recién restaurado Palacio de la Inquisición, que en ese momento era el espacio cultural por excelencia en la ciudad. Además fue comisionada para vigilar la conservación del patrimonio arquitectónico del centro histórico. Por tanto, era la academia la que debía aprobar cualquier intervención arquitectónica en el centro de la ciudad. Estos datos se han podido contrastar con la revisión de algunas actas de la Academia de Historia consultadas en el archivo histórico de Cartagena de Indias. Volver arriba

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