Si alguna diferencia se puede establecer [...] entre los pueblos civilizados y no civilizados, es ésta que señala el interés por el culto de las bellas artes. No podremos nunca figurar en el mapa de los países desarrollados y cultos mientras vivamos de una agricultura semicolonial, destruyamos los munumentos históricos y olvidemos el estímulo que requieren los artistas en potencia que aún no encuentran el camino de sus honestas y elevadas posibilidades; mientras vivamos muy tranquilos entre millares de compatriotas analfabetas. Sinceramente consignamos en estas glosas nuestro regocijo por el nacimiento del [Instituto Musical y de Bellas Artes] que ha venido a llenar un gran vacío en nuestra querida ciudad. El Universal, julio 15 de 1958.
Hacia mediados de los cincuenta hubo una reactivación de la vida cultural en Cartagena. Algunos personajes que desde la década anterior habían estado interesados en temas culturales empezaron a ocupar cargos públicos, y desde allí se fueron dando las condiciones que hicieron posible la creación de nuevas actividades, espacios e instituciones para el arte y la cultura. Es el caso, por ejemplo, de Lácides Moreno Blanco, quien estuvo al frende de la Secretaría de Educación del Departamento entre 1952 y 1957, y de Eduardo Lamaitre, quien fue rector de la Universidad de Cartagena (1954-1957) y gobernador de Bolívar (1957 - 1958).
Los años entre 1957 y 1960 fueron muy importantes para la institucionalidad en artes plásticas. Se crearon tres instituciones claves: la Galería de Arte del Palacio de la Inquisición, el Instituto Musical y de Bellas Artes y el Museo de Arte Moderno de Cartagena. También en este periodo apareció en la prensa local la crítica de arte como una actividad específica y con cierta regularidad, con las columnas “De Eric Stern” y “Notas de Arte”, escritas por Eric Stern en El Fígaro y El Universal, y “Caminos del Mundo”, escrita por Jaime Gómez O´Byrne en El fígaro.
Hacia mediados del siglo XX, el Palacio de la Inquisición se había convertido en un espacio fundamental para la cultura en la ciudad. La Academia de Historia de Cartagena tenía allí su sede y estaba encargada de administrarlo, así que hasta ese momento las actividades estaban muy ligadas a los propósitos de dicha institución. En 1956 se inició un proceso de restauración del edificio, liderado por el artista local Miguel Sebastián Guerrero, quien al finalizar los trabajos solicitó una autorización a la Academia de Historia para usar uno de los espacios y abrir un Galería de Arte Moderno. Esta galería se inauguró a principios de agosto de 1957, bajo la dirección y gestión de Guerrero, y fue probablemente el primer espacio dedicado específicamente a realizar exposiciones de arte en la ciudad. Aunque con alguna regularidad, la galería logró mantener una actividad por lo menos durante tres años.
El inicio de la galería coincidió con el anuncio de la creación de la escuela de artes en Cartagena. En ese momento no existía un espacio de formación en artes plásticas, aunque si había un antecedente de finales del siglo XX, cuando se creó la Academia de Bellas Artes, una institución que había tenido una muy corta existencia entre 1891 y 1893 (Ramírez, 2016). La idea de crear una escuela se venía gestando desde 1955, cuando Eduardo Lamaitre estaba en la rectoría de la Universidad de Cartagena, pero se concretó a finales de 1957, mediante la Resolución N° 755 del 19 de diciembre. La nueva institución se denominó Instituto Musical y de Bellas Artes, e incluía al preexistente Instituto Musical, al cual se adicionaron dos nuevas secciones, una de Pintura y Escultura y otra de Teatro. La nueva institución fue concebida e impulsada por el gobierno departamental en cabeza del gobernador Lamaitre, Nicolás del Castillo Mathicu (1931 - 2013) y Aurelio Martínez Canabal, director y subdirector de educación, respectivamente. Los dos últimos diseñaron el reglamento, el cual comprendía el currículo y todo lo referente a las funciones, deberes y derechos del consejo directivo, los empleados administrativos, profesores y alumnos (Ramírez, 2017, p.361).
El períodico El universal publicó un artículo del presentación del instituto y subtituló: “El fomento de la cultura artística es de fundamental necesidad para los pueblos”, donde se enfatizaba la importancia del arte y la cultura para el progreso de la ciudad (El Universal, enero 26 de 1958).
La dirección de la nueva institución siguió a cargo de Maruja de León de Luna Ospina, quien ya venía dirigiendo el Instituto Musical desde 1955, después de la muerte de Josefina de Sanctis. El 4 de febrero se iniciaron las clases de la sección de Música, cuyo asesor técnico era Adolfo Mejía, y el 17 del mismo mes las de la sección de Pintura y Escultura, con los profesores Pedro Ángel González (?1996) y Juan Antonio Horrillo (1926 - 1976) de dibujo, Pierre Daguet (1910-1980) y Hernando Lemaitre Román (1924 - 1970) de colorido, Héctor Lombana (1930 - 2008) de modelado y Donaldo Bossa Herazo (1904 - 1996) de historia del arte (Ramírez, 2010, p.21).
Para la sección de Teatro Experimental fue contratado el español Juan Peñalver Laserna (1926 - 1977), quien llegó a la ciudad en el mes de abril procedente de París, y las clases de arte escénico iniciaron el 27 de myo en el paraninfo de la Universidad de Cartagena.
Como parte de la serie de exposiciones que se organizaron en el espacio de la Galería del Palacio de la onquisición, en febrero de 1959 se realizó el Salón de Arte Contemporáneo, con un amplio grupo de artistas muy activos en el circuito artístico nacional.1 Allí, Eduardo Ramírez Villamizar ganó un premio único con su obra El Dorado N° 6 (1957), en la que desarrollaba su interés por el lenguaje de la abstracción geométrica internacional y recogía al mismo tiempo el espíritu del arte precolombino. Esta obra, igual que otras de algunos artistas que expusieron en la galería, fue adquirida por la Secretaría de Educación en lo que fue el inicio de una colección que posteriormente pasaría a integrar la génesis del Museo de Arte Moderno de Cartagena (Stern, mayo 25 de 1959).
En junio del mismo 1959 se realizó la Exposición Interamericana de Pintura Contemporánea, con artistas de diversos países del continente. La muestra se efectuó en el marco del IX Festival de Música de Cartagena, un evento que tuvo un momento de proyección internacional importante en este periodo porque su creador, el músico cartagenero Guillermo Espinosa, era el director de la Sección de Música de la Unión Panamericana y logró insertar esta iniciativa en el circuito panamericano, muy activo en aquel entonces en la búsqueda de vínculos entre Estados Unidos y América Latina desde la diplomacia cultural. La exposición se inauguró el 24 de mayo y participaron, entre otros, el mexicano José Luis Cuevas, los cubanos José Ignacio Bermúdez, René Portocarrero, Cundo Bermúdez, Luis Martínez Pedro y Jorge Camacho, el peruano Fernando de Szyszlo, el nicaragüense Armando Morales, los argentinos Sarah Grilo y Alfredo Bigatti, los venezolanos Oswaldo Vigas, Mateo Manaure, Elsa Gramcko y Ángel Hurtado, el hondureño José Antonio Velásquez, el panmeño Ciro Oduber, el uruguayo José Echave y el costarricense Harold Fonseca. De Colombia, Fernando Botero, Eduardo Ramírez Villamizar, Alejandro Obregón, Enrique Grau, Cecilia Porras, Lucy Tejada (Ramírez, 2017, p.407). Con este amplio conjunto de artistas, la exposición fue una oportunidad para presentar en Cartagena una gran variedad de obras que exploraban diversas posibilidades dentro de los lenguajes plásticos modernos.
José Gómez Sicre, el director de la Sección de Artes Visuales de la Unión Panamericana, organizó la muestra e hizo la sección de artístas. Desde su cargo venía promoviendo este tipo de iniciativas a lo largo de todo el continente. y uno de sus propósitos fue la defensa de la idea de un arte continental. Esa idea pretendía aludir a un tipo de arte moderno que supuestamente debía desmarcarse de las influencias de los indigenismos y el muralismo mexicano, los cuales solían asociarse al pensamiento de izquierda. Con este propósito se suscitaron lecturas formalistas de las obras que tendían a privilegiar la idea de una autonomía del arte como expresió desde los puros elementos plásticos y pictóricos, excluyendo elementos sociales y políticos (Ramírez, 2017).
Con esta exposición se consolidó la colección que, aunque tímidamente, veía ya recogiendo la Secretaría de eduación del departamento. De esta manera, y con la idea y el apoyo de Gómez Sicre, se anunció públicamente que con la adquisición y donación de algunos cuadros de este conjunto latinoamerica se daba vida al museo.8 El períodico El Universal anunció con grandilocuencia: "Cartagena tendrá el más importante museo de arte moderno en Suramérica (mayo 21 de 1959). Así mismo, Marta Trabaj aplaudió y apoyó la iniciativa y publicó el artículo "Un laurel para Cartagena", en el que exaltó entusiasmada la idea de que naciera un museo de este nivel y reslató la importancia de que la primera piedra de esa institución no fuera una piedra sino un conjunto de cuadros de altísima calidad (Traba, 1959; Ramírez, 2010).
El museo fue recibido con entusiasmo por quienes venían promoviendo este tipo de iniciativas, pero al mismo tiempo encontró detractores en el ámbito local. La galería y el museo perdieron el espacio en el Palacio de la Inquisición como consecuencia de múltiples tensiones con la Academia de Historia, cuyos integrantes en general veían el arte moderno con desconfianza.
Las obras quedaron desperdigadas y comenzaron un periplo por diversos lugares hasta que, en la década de los setenta, un grupo de gestores, entre ellos Enrique Grau, Yolanda Pupo y Alejandro Obregón, desarrollaron nuevas gestiones para recuperarlas y asegurar un espacio propio a la institución, en donde funciona actualmente.