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La exposición como lugar del pensamiento sensible
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Tipo de minisitio

Introducción

Esta exposición se propone pensar con imágenes y algunos documentos de archivo un momento de la historia de Cartagena en el que  —a finales de los años cincuenta— florecieron ciertas ideas de modernidad en el ámbito artístico y cultural. Tales ideas no solo se hicieron visibles en nuevas exploraciones plásticas de los artístas, a través de lenguajes que eran novedosos en el medio, sino que promovieron avances en la distinción social del artista profesional, el acceso de la mujer a la profesionalización y la gestación de las primeras instituciones modernas del arte, como la Galería de Arte Moderno del Palacio de la Inquisición (inaguarada en agosto de 1957), la escuela de arte (que abrió sus puertas en 1958 con el nombre de Instituto Musical y de Bellas Artes) y el Museo de Arte Moderno de Cartagena (creado entre 1959 y 1960). Así, se inició un proceso de génesis del campo artístico en la ciudad.

La muestra es una invitación a conectar pensamiento con poética y sensibilidad. A través de las obras de arte —entendidas como productos intelectuales complejos— y de fragmentos de archivos, planteamos una propuesta curatorial que vincula a los visitantes proponiendo diversas posibilidades de exploración del pasado y el presente de Cartagena. Es pasado y presente porque en el periodo estudiado se inició el proceso de definición y autonomización del campo artístico, el cual no ha logrado consolidarse plenamente y áun sigue en marcha. Por lo tanto, esta exposición también tiene como objetivo dar una perspectiva histórica a problemas vigentes y formular preguntas que tienen que ver con el pasado, pero que interpelan muy directamente el presente, brindando herramientas para preguntarse, por ejemplo, si en el campo del arte actual siguen siendo relevantes ciertas formas de relación entre tradición y modernidad, y cómo esto puede incidir en el estado actual de las institucionalidad artística en la ciudad y en sus posibilidades de autonomía y profesionalización. 

 

Fragmentos: sujetos, obras, instituciones e ideas

El concepto de fragmento define la estructura esencial de la exposición. Se concibió deliberadamente como la suma de múltiples elementos: obras de arte, documentos, fotografías e imágenes gráficas que se disponen en el espacio para hablar de la modernidad no desde un relato lineal y conclusivo, sino desde tres fragmentos. Una mujer artista: Cecilia Porras; la génesis de dos instituciones: el Museo de Arte Moderno de Cartagena y el entonces Instituto Musical y de Bellas Artes (hoy UNIBAC); y una idea: el concepto de "arte moderno", mostrando cómo se entedía y la manera como se convirtió en un tema de discusión y oposición entre pensadores de la época. Todo esto se aborada en un período concreto anclado fundamentalmente a los años 1957-1959, que fueron determinantes para muchos procesos culturales en la ciudad. Sin embargo, este periodo es un hito desde el cual nos ubicamos para mirar procesos que se extienden en tiempos más amplios, procesos que son incluso discontinuos si tenemos en cuenta, por ejemplo, que las instituciones que surgieron en dicho momento tuvieron en su mayoría duraciones muy cortas y posteriormente se vieron sometidas a una importante instabilidad institucional con crisis, cierre y reaperturas que se prolongarían por décadas.

Como objetos centrales de estudio se escogen tres aspectos que tienen que ver con los sujetos, las instituciones y las ideas. De esta manera se plantea una perspectiva de la historia del arte que amplíe la visión más difundida hasta ahora en la región, en la que ha prevalecido el estudio sobre los artistas.

Al proponer esta mirada ampliada de ideas, artistas e instituciones, nos acercamos a un tipo de abordaje que ilumina diversos aspectos de las realidades que condicionan y potencian la obra de arte. Se trata de un enfoque que, desde la sociología del arte, pretende mostrar que los artistas y sus obras no están por fuera de un campo social, y que son intelectuales que actúan en contextos e instituciones concretas que ellos mismos determinan e incluso crean, pero que a su vez los validan o cuestionan, los profesionalizan, hacen circular públicamente sus producto artísticos, entre otros. Así, la obra de arte es un producto complejo que está vinculado a entramados de relaciones; por esta razón esta exposición expande la mirada para abrir nuevas ventanas y propiciar cruces donde se pueda construir pensamiento por asociación de unas cosas con otras.

 

Fragmentos, asociaciones y anacronismos

En la idea de fragmentos también está contenida la manera como entendemos la naturaleza de una exposición y, en cierto sentido la de la obra de arte. Una exposición es un escenario perfecto para pensar y construir por asociación, una imagen se pone al lado de otra y juntas disparan nuevas posibilidades de lectura a partir de las relaciones que se pueden establecer en su encuentro1 . De esta manera, la presente muestra es mucha más que la suma de los elementos que aquí se exhiben, porque en los intersticios entre unos y otros (imágenes, textos o piezas de archivo) se van configurando nuevas ideas. Además, esta exposición surge de la iniciativa de área cultural del Banco de la República de Cartagena de trabajar de la mano del Museo de Arte Moderno a partir de la propia colección del museo. Esto hace que la idea de la exposición como construcción por asociación cobre mayor sentido, pues se trabaja sobre una colección que ha estado expuesta por muchos años, pero se  propone una intervención curatorial que permita verla de otras —esperamos nuevas y fecundas— maneras, aprovechando la gran elasticidad que tienen las obras de arte y las imágenes para abrir nuevos lugares y pensamientos.

Como dice George Didi-Huberma (2008), cuando estamos ante la obra estamos ante el tiempo, ya que una imagen conjunga múltiples tiempos sobre muchos planos. Para el francés, cada imagen es un extraordinario montaje de tiempos heterogéneos que forman anacronismos (p.39). Además, enfatiza en la necesidad de interrogar desde la historia del arte esa plasticidad fundamental y esa mezcla de los diferentes tiempos que operan en cada imagen. La reivindicación del anacronismo como método de análisis ha sido muy útil para los historiadores del arte en los últimos años, y para nuestro proyecto tiene mucho sentido porque nos encontramos ante un contexto local, como el cartagenero, donde la modernidad no ha sido un proceso homogéneo, sino que se ha ido consolidando desde cruces y tensiones continuos entre tradición y modernidad. Así veremos, por ejemplo, que lo que sucedió con el arte moderno local fue producto de la idea, muy difundida en toda América Latina, de buscar lo nuevo pero rescatar al mismo tiempo ciertas tradiciones. Así, el modernismo artístico que encontramos en Cartagena conjuga y mezcla muchos elementos de diversas proveniencias geográficas y temporales. Estas mezclas incluyen, por ejemplo, el rescate de ciertos asuntos o tradiciones locales —el mestizaje, las danzas populares, las particularidades espaciales de la ciudad colonial, ente otros— con leguajes del arte moderno internacional y con elementos de la tradición artística hispánica, tan presente en los gustos de las élites cartageneras desde finales del siglo XIX. Todos estos elementos se entreveran en las propuestas de artistas modernos como Enrique Grau, Cecilia Porras y Alejandro Obregón, que a mediados de siglo estaban explorando nuevos caminos para las artes plásticas locales mientras configuraban obras en las que perviven múltiples temporalidades. En dichas mezclas, frecuentes en los modernismos artísticos latinoamericanos, radica precisamente una de sus principales características y una de sus mayores potencialidades. Es una modernidad receptora activa que conjuga varios referentes de distintas proveniencias (De la Fuente & Wechsler, 1993, p.56).

 

Modernidad fragmentada

El concepto de modernidad es muy complejo. Se hace una distinción entre modernización —que corresponde a procesos de desarrollo socioeconómico, tecnológico y del aparato productivo— y modernidad —que se entiende como un proceso de secularización en el que se instala una forma diferente de concebir el mundo. La definición de estos conceptos que desarrolla Consuelo Corredor ayuda a aclarar esta diferencia:

El proceso de modernización alude a un creciente control y desarrollo de las condiciones materiales de una sociedad, el cual lleva a una mayor división social del trabajo y a un alto grado de desarrollo tecnológico. Ello se traduce en diversificación del aparato productivo, así como en una más amplia y dinámica acumulación de capital. Pero no se trata solo de cambios en el ámbito económico sino que se traduce también en transformaciones en lo social, político y cultural. Es un proceso que remite a "cambios socio-productivos". Por su parte, la modernidad "el proceso de desencantamiento con la organización religiosa del mundo. La sociedad religiosa se caracterizaba por la anterioridad y alteridad absoluta de un principio divino como garantía inviolable del orden... La modernidad consiste en la ruptura con esa fundamentación trascendente y la reivindicación de la realidad social como un orden determinado por los hombres. Afirmando su atuonomía los individuos se hacen irremediablemente cargo de organizar su convivencia. La modernidad es ante todo un proceso de secularización: el lento paso de un orden recibido a un orden producido". (Corredor, 1990, p14)

Se ha insistido en que América Latina los modernismos artísticos y culturales no son necesariamente el producto de sociedades avanzadas o en pleno desarrollo de sus modernizaciones. En Cartagena encontramos eso que García Cancli (2009) denomina heterogenidad multitemporal (p.72), es decir, espacios donde la modernización no operó como sustitución directa de lo tradicional, sino que se ha configurado a partir de superposiciones y coexistencias entre modernidad y tradición, que generan a su vez tensiones y paradojas.

Cuando hablamos de tradición o de pensamiento tradicionalista nos referimos a aquel que se consolidó desde finales del siglo XIX, en el marco de la construcción de la idea de nación y del proyecto regeneracionista. Es un tipo de pensamiento que buscó unificar rasgos comunes nacionales desde la premisa "una raza, una religión y una lengua", para fortalecer así el pensamiento hispanista y católico. Las élites cartageneras participaron activamente en la cimentación de este tipo de pensamento, que entiende que hay una tajante distinción entre la "alta cultura" y la "cultura popular", donde se legitimó la cultura refinada, aristocrática y civilizada proveniente de gustos europeos (especialmente españoles y franceses) y se construyeron mecanismos de exclusión de las culturas populares, bárbaras e incivilizadas locales (Ramírez, 2015, p.320). A mediados del siglo XX algunos autores culturales en Cartagena empezaron a debatir estas ideas, y con la intención de buscar lo moderno, se empezaron a cuestionar algunas estructuras del pensamiento decimonónico reivindicando ciertos aspectos de las tradiciones locales populares. Sin embargo, los cruces entre modernidad y tradición también causaron que, al mismo tiempo que se buscó reivindicar lo local tradicional, se mantuvieran diversos rasgos y elementos valorados por el pensamiento tradicionalista fuertemente arraigados en la cultura local.

Por esta razón hablamos de modernidades fragmentadas como una forma de referirse a esa condición particular de la modernidad local. Evidenciar la heterogeneidad multitemporal del ámbito cultural y artístico de Cartagena a mediados del siglo XX permite revelar nuevos horizontes de análisis para la historia del arte local, de pautas de lectura del contexto social y cultural de la ciudad en términos de procesos, y propone caminos para la construcción de nuevos relatos que den cuenta de la importancia de las rupturas que propiciaron los individuos, pero en el marco del contexto en el que actuaron y desde sus relaciones con la ciudad, las instituciones, los grupos sociales, las tradiciones y las ideas que circularon en el momento.

Estos cruces entre modernidad y tradición también nos ayudan a entender la discontinuidad e irregularidad de los procesos culutrales en la ciudad. A mediados de siglo se conformaron las primeras instituciones culturales modernas que sustentan el campo del arte en Cartagena: una Galería de Arte Moderno (1957), la reapertura de la Escuela de Bellas Artes (1958) y el nacimientos del Museo de Arte Moderno (1959). A pesar de esto, por ejemplo, el museo en un principio encontró muchos opositores que veían de manera despectiva el arte moderno, así que después de su génesis el museo se cerró y su colección tuvo que someterse a un éxodo por diversos espacios hasta encontrar un lugar propio en 1977, espacio que solo fue adecuado hasta 1979. Lo mismo ha sucedido con los distintos componentes del campo del arte local.

La aproximación a este tema surgió de la intención de construir estudios con fuentes primarias y desde planteamientos metodológicos que permitan subsanar paulatinamente los enormes vacios historiográficos que han prevalecido hasta el día de hoy en la historia del arte local. Esta investigación curatorial cruza y recupera diversas investigaciones y textos realizados en los últimos ocho años —publicados e inéditos—,2 con la certeza de que las exposiciones son un lugar privilegiado para circular investigaciones académicas y acercarse a públicos más amplios y diversos, y así romper las burbujas propias del mundo académico para interpelar nuevos espectadores. Así pues, este texto curatorial retoma, entrelaza y reelabora diversos fragmentos de estudios anteriores con el propósito de dar un tono más accesible.

La exposición se desplaza con soltura por diversos personajes, momentos y episodios de la historia del arte local. No es, ni quiere ser, un relato consumado. Precisamente de eso se trata la aproximación por fragmentos. Desde los fragmentos se pretende mostrar la fecundidad de los procesos locales.

Se apela a este ejercicio de memoria con el fin de seguir poniendo en valor la importancia del patrimonio que conserva el Museo de Arte Moderno de Cartagena y con la convicción de que estas revisiones del pasado ayudan a dar sentido no solo al pasado mismo, lo cual es ya muy importante, sino a las realidades y complejidades actuales del campo de las artes plásticas en la ciudad. ¿Dónde, sino, se podrán buscar las herramientas para abordar la pregunta por las continuidades y rupturas en las artes, los actores y las insituciones culturales en la cartagena de hoy?

Referencias bibiográficas

1 Esta idea ha estado muy presente en el horizonte de los historiadores del arte durante los últimos años. Un referente muy importante en este sentido es Aby Wardug, quien en su método del Atlas Mnemosyne exploró las potencialidades de las imágenes para encontrar numerosas relaciones con imágenes de otros tiempors (Warburg estudió específicamente el arte del Renacimiento y la influencia que recibió de la antigüedad). El planteamiento del Atlas Warburiano explora las posibilidades que surgen al relacionar imágenes mediante el montaje o el collage, lo que potencia la construcción de un ssitema de relaciones que enriquecen las lecturas (Warburg, 2010) Volver arriba

2 Para ver otras reflexiones sobre este asunto, veáse: De la Cruz (2015) y Cuesta Flórez (2107). Volver arriba

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Area misional
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