El Centro Cultural del Banco de la República en Tunja es un espacio para la investigación, el acceso al conocimiento y el encuentro con la cultura.
El Claustro de San Agustín de Tunja, donde habitualmente se prestan los servicios culturales del Banco de la República en la capital boyacense, se encuentra cerrado como parte de su riguroso proceso de restauración. Mientras duren las obras, que dada su envergadura tardarán alrededor de cuatro años, el Centro Cultural del Banco de la República en Tunja, que tenía sede en el Claustro, prestará sus servicios y programación en el Teatro Quiminza ubicado en la calle 20 # 8-66.
En el Teatro Quiminza se puede acceder a una continua oferta de servicios bibliotecarios y programación cultural, entre la que se cuentan actividades de capacitación a bibliotecarios, talleres continuos de promoción y animación a la lectura, conferencias, conciertos nacionales e internacionales, exposiciones de arte, documentales, entre otras. Todo ello le ha merecido al Centro Cultural un reconocimiento por parte de los boyacenses, que lo reconocen como una pieza clave en la formación cultural de los habitantes de la región.
Un ejemplo de ello es el fuerte compromiso del Centro Cultural con la recuperación, conservación, preservación y difusión del patrimonio documental y cultural del departamento. A través de estos procesos, se han consolidado, también, servicios adecuados para la población, en donde se involucran tendencias tecnológica para garantizar el acceso y la circulación de la información de niños, jóvenes y adultos, así como para beneficiar los procesos de promoción de la lectura y adquisición de nuevos conocimientos. El Centro Cultural del Banco de la República en Tunja es reconocido como un ente dinamizador de la cultura regional, pues mantiene el liderazgo y fortalece constantemente la vocación patrimonial que ha caracterizado el trabajo del Emisor en el país.
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Historia
El Centro Cultural del Banco de la República en Tunja ubicado habitualmente en el Claustro de San Agustín (que en este momento se encuentra en restauración por el Emisor), edificación reconocida como de prioritaria conservación monumental. Además de hacer parte del Monumento Nacional que conforma el centro histórico de la ciudad, es considerado como un lugar que conserva objetos y memorias que dan cuenta de su contexto de concepción y planeación, en el siglo XIV, y se extienden hasta la actualidad.
Su historia comienza en 1549, cuando se solicitó al Cabildo de Tunja el establecimiento de un Convento de San Agustín en la colonial Plaza de Abajo, solicitud que fue denegada y que prohibió a los hijos de San Agustín abrir el convento en la ciudad. En 1551 se estableció en este lugar un Convento de Santo Domingo, que estuvo compuesto por una casa con su capilla, techada con paja. Fue utilizada durante algún tiempo por los dominicos, pero teniendo en cuenta lo apartada que se encontraba del centro, decidieron trasladarse cerca de la Plaza Mayor (lugar donde ahora se encuentran), dejando abandonada la primera construcción colonial sobre el Cercado del Zaque y permitiendo la llegada de la Orden de San Agustín.
Los agustinos se establecieron, finalmente, en 1585. Para el año de 1586, Fray Lorenzo de Sufre presentó los planos de la iglesia al Cabildo de Tunja. Después del fallo de la Real Audiencia a favor de los agustinos, se inició la construcción y en el año de 1659 se dio por terminada la obra de la iglesia y el convento.
Manteniéndose activa a través de los siglos, y considerada como una de las más bellas del país, la edificación es representativa de una arquitectura inspirada en modelos sevillanos, con estilo renacentista, compuesto por cuatro galerías dobles, sostenidas sobre columnas toscanas y arcos de medio punto que encierran el amplio patio interior. Tiene, además, una iglesia conventual adosada, cubierta de pintura mural que remata su fachada en una esbelta espadaña de piedra; para unos propia del estilo barroco mudéjar, para otros de estilo manierista. Cuando se realizó la restauración del claustro, bajo los pañetes de los muros originales se encontró una gran cantidad de pinturas murales correspondientes a dos épocas: una de muy buena calidad que corresponde cronológicamente a la época de construcción del claustro y de la iglesia, que representa escenas de la vida de San Agustín; y otra más tardía, correspondiente a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, más fresca y más barroca, que llena de flores todos los espacios del claustro. Los agustinos abrieron el noviciado con estudios en gramática, artes y teología a finales del siglo XVI, para ese momento el segundo en importancia del país. En el año de 1821 tuvieron que entregar la edificación del claustro al Colegio de Boyacá, debido a la nueva Ley de Educación, que ordenó cerrar los conventos con menos de ocho religiosos.
Por los mismos años, el vicepresidente Francisco de Paula Santander creó el Colegio de Boyacá, el 17 de mayo 1822; años más tarde se incorporaron las cátedras de medicina, derecho civil y derecho canónico; luego se estableció la educación primaria con el Método Lancasteriano. En el año de 1827 se fundó la Universidad de Boyacá mediante el Decreto del 5 de enero de 1828 del Libertador Simón Bolívar, e inició sus labores en el mismo año en las instalaciones del Claustro de San Agustín. El claustro pasó nuevamente a los agustinos entre 1829 y 1831, y el colegio y la universidad fueron trasladados al Convento de la Compañía de Jesús.
Bajo la dirección de los religiosos de San Juan de Dios el claustro se convirtió en hospital durante el periodo de 1835 a 1859. En la Guerra Civil de 1860 fue habilitado como cuartel del ejército. El entonces presidente del Estado de Boyacá, General Sergio Camargo, expidió el Decreto del 10 de febrero de 1863 en el cual establecía que el claustro será la penitenciaría o panóptico de Tunja. A través de la Ley de Desamortización de Bienes de Manos Muertas, el claustro pasó en forma definitiva a ser propiedad de la Nación. Es así como durante un siglo, el claustro albergó todo tipo de prisioneros de las diferentes regiones del país, hasta el año de 1966 en el cual el panóptico fue trasladado a la vereda El Barne. Con el transcurrir de los años el Claustro de San Agustín entró en decadencia arquitectónica, y es entonces cuando el gobierno decidió entregar la propiedad del inmueble al Colegio de Boyacá.
Teniendo en cuenta la importancia histórica y arquitectónica que el claustro representaba para Boyacá y el país en general, y los altos costos que implicaba la restauración, el Banco de la República decidió financiar las obras, a través de la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural Colombiano.
Este proyecto fue dirigido por el arquitecto Álvaro Barrera, quien identificó en sus estudios la desaparición del 60% del claustro, que se encontraba destruido y saqueado tras su abandono como penitenciaría, quedando en pié una sola de las cuatro galerías del antiguo claustro. Barrera propuso restaurar la parte del Convento que todavía se encontraba en pie y planteó una reconstrucción virtual del espacio y los volúmenes, utilizando el mismo lenguaje arquitectónico pero con interpretación moderna del mismo, reconstruyendo las arcadas inexistentes en metal, que sigue las formas originales y reemplazando los muros perdidos con grandes vidrios templados, utilizando tecnología colombiana en todo el proceso.
El 28 de marzo de 1981 el Colegio de Boyacá entregó a la Fundación para la Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural Colombiano el Claustro de San Agustín, a través de la firma de un contrato de comodato. Durante el año 2004, de común acuerdo, las partes realizaron la cancelación del comodato. De igual forma se realizó la permuta entre el Colegio de Boyacá y el Banco de la República, de tal manera que el Claustro de San Agustín pasó a ser propiedad del Banco.
Desde el 21 de octubre de 1988 se reconoció como área cultural del Banco y se inauguró la Biblioteca, en principio nombrada como Alfonso Patiño Rosselli. A partir de ese momento y hasta comienzos del siglo XXI, se han desarrollado actividades de carácter cultural, promoviendo servicios de tipo bibliotecario, apropiación de la música académica y acercamiento a las artes plásticas, a través de la instalación de exposiciones didácticas, en beneficio de la ciudad y de la comunidad tunjana. Actualmente, la antigua área cultural pasa por un proceso de redimensionamiento, que la concibe como un Centro Cultural en donde se puede tener acceso a todos los servicios, colecciones y programación que organiza Subgerencia Cultural del Banco de la República.
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Entrada gratuita
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¿Qué inspiraba a los y las antiguas orfebres para realizar sus creaciones?
🌱 Hoy, volvemos a donde todo comenzó...
En Colombia, uno de los países más biodiversos del mundo, hablar de semillas es hablar de vida, memoria y territorio. Cada una guarda saberes ancestrales, diversidad alimentaria y la posibilidad de cuidar todo lo que somos.
En Colombia, un edificio fue convento, hospital y cárcel
Pocos edificios en Colombia tienen tantas historias como este...
El Claustro de San Agustín de Tunja ha tenido muchas vidas a lo largo de cuatro siglos. Sus muros, que hoy evocan patrimonio y memoria, también conocieron el encierro, la vigilancia y el silencio.
¿Qué semilla eres según tu forma de habitar el mundo?
¿Le atinamos a tu semilla? 🤭🫰🏼
A veces olvidamos que Colombia, con sus dos océanos, la cordillera, las llanuras, la selva y las islas ha dado vida no solo a lo que crece en el suelo, sino a lo que representa a la gente: los saberes y esas formas tan propias de entender la vida.
🕰️Detrás de los muros del Claustro de San Agustín de #Tunja aún habita la memoria
Antes de ser un espacio para el arte, la lectura y el encuentro, este lugar fue una cárcel nacional.
Su arquitectura fue pensada para el control y la vigilancia: muros gruesos, ventanas altas que apenas dejaban pasar la luz y pasillos que dirigían cada movimiento. Cada muro, cada puerta y cada sombra formaban parte de un sistema donde el silencio y la obediencia eran ley.
Los patios interiores, hoy llenos de vida, fueron entonces espacios de confinamiento. Las rejas de hierro, testigos del encierro, separaban los cuerpos y marcaban los límites de la libertad.
Pocos edificios en Colombia tienen tantas historias como este...
El Claustro de San Agustín de Tunja ha tenido muchas vidas a lo largo de cuatro siglos. Sus muros, que hoy evocan patrimonio y memoria, también conocieron el encierro, la vigilancia y el silencio.
🕰️ Construido desde 1586, este conjunto arquitectónico ha acompañado la historia de Tunja durante más de cuatro siglos. Fue convento, colegio republicano, hospital, cuartel, penitenciaría, archivo histórico y hoy avanza hacia una nueva etapa cultural.
Una nueva etapa comienza para el Claustro de San Agustín
El conjunto arquitectónico que ha acompañado la historia de Tunja desde hace 439 años —desde que inició su construcción en 1586 hasta hoy—, y que poco a poco vuelve a abrir sus puertas a las y los boyacenses. 🤗
Declarado Bien de Interés Cultural de la Nación, el Claustro ha sido objeto de cuidadosos procesos de restauración. El primero tuvo lugar en 1979, y desde el 2018 se inició el segundo proceso, uno que busca no solo proteger y conservar su valor patrimonial, sino también prepararlo para el presente y el porvenir: un claustro vivo, accesible y al servicio de la cultura.
Tunja se veía así en 1960
Este es un #TBT para recordar esas caminatas lentas y charlas largas por nuestras calles tunjanas; porque estamos seguros de que alguna vez has caminado por una que te hizo sentir en otra época y quizá esa calle haya estado en esta ciudad, a la que tanto queremos.
Rendimos homenaje al lugar que habitamos y que por mucho tiempo ha conservado varias edificaciones coloniales. Entonces, para traer la nostalgia a tu mente, queremos que veas con detalle esta fotografía tomada en 1960 por Hernán Díaz (1929 - 2009), uno de los más reconocidos fotógrafos de la historia de Colombia.
Salas infantiles de la Red de Bibliotecas
❤️ Recordatorio de que los más pequeños siempre tendrán espacio aquí.
Las salas infantiles de la #RedDeBibliotecasBR están abiertas en nuestras 22 bibliotecas del país, invitando a niñas y niños a acercarse al mundo de la lectura a través del juego, la imaginación y la curiosidad.
En estos espacios gratuitos encontrarás cuentos, historietas, cómics, poesía y libros sobre muchas áreas del conocimiento, pensados para acompañar las distintas etapas de crecimiento. 🌈📖
A mí traígame un cocido boyacense
🥔 Cuando sumercé me pide un cocido boyacense, me está pidiendo territorio, biodiversidad, memoria campesina y autonomía alimentaria 🌱
Más allá de la receta, cada tubérculo, haba o mazorca que lleva este plato guarda siglos de historia. Son semillas que conservan la memoria de las comunidades prehispánicas que habitaron este territorio y que, a partir de su curiosidad y sus formas de alimentación, encontraron en ellas una dieta sana, equilibrada y rica en energía: ideal para la vida en las montañas de lo que hoy conocemos como Boyacá.
🧳 Explora el mundo de las semillas con una maleta viajera
Cuando dices semilla, ¿piensas en alimento… o en todo un territorio? 🌱
Las semillas guardan mucho más que vida: conectan cultura, memoria, alimentación y formas de habitar el mundo.
Wendy Cañón, analista de la Red de Bibliotecas, nos invita a explorar ese universo a través de la maleta viajera Tierra, Ambiente y Semillas, una herramienta pensada para mediadores y comunidades.