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El río: territorios posibles
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El majestuoso Orinoco. Agua, vida y diversidad cultural

Hablar de la cuenca del Río Orinoco es definitivamente hablar de diversidad cultural y biológica. Sus bosques y sabanas han sido el espacio de uso y manejo de una grandísima cantidad de pueblos milenarios, y más recientemente, también lugar de encuentro con poblaciones campesinas y colonas que han llegado buscando nuevas oportunidades desde otras partes del país. Para todos, el Orinoco y sus afluentes son en gran medida los que han garantizado la vida y su propio bienestar.

Entendemos que para todas las culturas, las prácticas y actividades cotidianas no pueden desligarse del cuidado del agua, de su uso y de su manejo para alimentarse, para transportarse, para comunicarse y para ejercer la espiritualidad. Los chamanes piaroa por ejemplo, rezan el agua, para proteger a su pueblo de la enfermedad y traer suerte en los trabajos y proyectos de las comunidades. Así como el agua es bienestar, también puede significar enfermedad si no se trata con respeto a sus espíritus. El agua también es cotidianeidad; Las orillas de caños y ríos, son un espacio esencial de la vida de las mujeres indígenas. Ahí lavan la ropa, bañan a los niños, y comparten entre ellas sus vidas, sus trabajos, sus tristezas y preocupaciones, mezclando sus lágrimas con las aguas del Orinoco. El agua está presente en todos los aspectos de la vida de estas poblaciones que comparten la cuenca de este gran río, y es por eso que su cuidado es esencial para el futuro de la región y de los pueblos que habitan el Majestuoso Orinoco.

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Agricultura

Basados en el calendario ecológico, los indígenas conocen el tiempo exacto para desarrollar sus prácticas productivas. Desde épocas prehispánicas estos pueblos desarrollaron una agricultura de tumba y quema en las riberas, y en el siglo XVIII, debido a la colonización española, a la siembra de cultivos indígenas como yuca y maíz se sumaron especies como caña, café, arroz y plátano. Se destaca, además, el empleo de las vegas de los ríos en verano, para la siembra de cultivos a corto plazo. Con interpretación en lengua de Señas Colombiana.



Cocina tradicional

Siguiendo las tradiciones ancestrales, las mujeres de la Orinoquia extraen el veneno de la yuca brava para obtener el casabe, un pan sin levadura que se conserva por meses. El veneno una vez hervido pierde su toxicidad y con él se elabora una salsa picante llamada catara. Prima el consumo de insectos como arañas, saltamontes y larvas y de animales como chigüiros, cachicamos, tortugas, güíos, bagres y cachamas. Se destacan preparaciones como ternera a la llanera, el pescado moqueado y ahumado y los tungos y hayacas, cocidos en hoja. Con interpretación en lengua de Señas Colombiana.



El rezo del pescado

El sabedor o médico tradicional sicuani reza los alimentos en la etapa del destete de los niños, para protegerlos del poder maléfico de los ainawi, espíritus dueños de los peces y animales de cacería que viven en el monte. Durante la menarquia o primera menstruación, la mujer es protegida de estos espíritus y aislada durante 20 días en un rancho, sin consumir carne o pescado, recibe los consejos de su madre y aprende oficios tradicionales. Luego, el sabedor le realiza un rezo cantado nombrando los animales que puede comer, ella consume pescado, se baña en el río para ser purificada y protegida, y participa de la fiesta que celebra el aprendizaje. Con interpretación en lengua de Señas Colombiana.



El tallador de curiaras

Con ayuda del fuego y el hacha, y siguiendo las tradiciones ancestrales, el indígena de la Orinoquia transforma el tronco de árboles como el laurel, cachicamo, calambuco o ceiba en canoas o curiaras, transportes habituales en los que llevan los productos de conuco y en los que pescan y cazan. Al cumplir su vida útil la curiara es usada como cementera para preparar la yuca brava, preparar bebidas fermentadas o lavar la ropa. Con interpretación en lengua de Señas Colombiana.



La música en la Orinoquía

Desde tiempos ancestrales las comunidades indígenas realizan rezos cantados como el del pescado. Desde la evangelización jesuita de los S. XVII y XVIII, los indígenas Saliva celebran la fiesta a la Virgen de la Candelaria a ritmo de las largas flautas de guadua llamadas botutos. A la región llegaron instrumentos como el arpa y la bandola que, junto a capachos y botutos, forman parte fundamental de la música llanera. Con interpretación en lengua de Señas Colombiana.



La vaquería

En la madrugada, después de un café cerrero, los vaqueros ensillan sus caballos y se dotan de elementos como cuchillo, soga, rejo y sombrero para sus faenas de arriería y traslado del ganado. Anteriormente sólo unos pocos hombres arriaban hasta mil reses, teniendo posiciones como cabestrero, orejero y puntero con las que controlaban el ganado. Cuando algún animal se escapaba tenían que enlazarlo y evitar que escapara. Con interpretación en lengua de Señas Colombiana.



Pesca en la Orinoquía

Armados con arco, flechas y arpón los indígenas de la Orinoquia salen en sus curiaras a riachuelos y lagos profundos que tengan abundantes peces. Las flechas y lanzas son elaboradas por ellos mismos y también crean trampas como la bolsa de red de cacure, canastilla, aaruda, que hacen con varas y fibras naturales. En verano pescan en comunidad envenenando momentáneamente el agua con plantas toxicas que asfixian a los peces obligándolos a emerger para ser atrapados. Palometas, sardinas, cachamas y bagres son algunas de las especies fuente de proteína para estas comunidades. Con interpretación en lengua de Señas Colombiana.




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Los saberes de la gente del río Orinoco. La vaquería