Conoce en esta serie de siete videos animados los oficios tradicionales y centenarios del río Atrato, uno de los pilares fundamentales del Pacífico colombiano y una fuente vital de alimento, comunicación y vida. En colaboración con 'Se lo explico con plastilina', hemos creado siete videos que exploran el río desde la perspectiva de estos oficios ancestrales. A través de ellos, mostramos la estrecha relación entre las aguas del río, los territorios que atraviesa, sus habitantes, sus tradiciones, métodos de trabajo y los utensilios que emplean para relacionarse.
La pesca
Los pescadores atrateños emplean diversas técnicas tradicionales para asegurar su sustento. Desde la antigüedad, han utilizado métodos como el arpón, arco y flecha, barbasco y redes. Actualmente, utilizan atarrayas, trasmallos, copones y calandrios, desplazándose a ciénagas y caños para pescar. Además, utilizan ingeniosas trampas llamadas catangas, camufladas en quebradas y ríos. Tanto hombres como mujeres y niños participan en la pesca, empleando anzuelos y otras técnicas cerca de sus viviendas. Durante la temporada de abundancia, se salan y almacenan los peces para consumirlos en tiempos de escasez. Las comunidades ribereñas dependen de peces como bocachicos, dentones, guacucos, sábalos y doncellas para su sustento desde hace generaciones.
El barequeo
El barequeo en el río Atrato es una práctica ancestral realizada por las mujeres atrateñas y sus descendientes. Consiste en buscar oro utilizando herramientas tradicionales como bateas, barretones, almocafres y cachos. Los mineros artesanales excavan y separan la tierra en las playas y cauces para luego lavar la gravilla en bateas, separando así el oro de la arena mediante la técnica de barequeo o mazamorreo. Esta práctica se ha llevado a cabo por siglos.
La cocina
Las mujeres de las riberas del Atrato preparan el pescado desescamándolo, extrayendo las vísceras y secándolo al sol con sal. Utilizan técnicas ancestrales como el ahumado con leña para conservar la carne. La gastronomía del Atrato refleja una mezcla de tradiciones culinarias, con influencias africanas y españolas. Platos como la longaniza chocoana combinan ingredientes locales con hierbas y especias. Los pasteles fusionan técnicas indígenas de cocción en hojas con sabores africanos del hogao. Las delicias regionales incluyen pescados asados, fritos o en tapao, acompañados de plátanos, yuca, ñame y achín. El tapao tradicional se prepara cocinando el pescado con verduras chocoanas sobre plátanos verdes y cubriendo la preparación con hojas de plátano para dar sabor. A veces, este plato se sirve junto al río acompañado de jugo de frutas autóctonas como borojó, guayaba agria o lulo chocoano.
Las lavanderas
Las lavanderas, portando poncheras llenas de ropa, jabón, rallo y manduco sobre sus cabezas, se dirigen al río al amanecer para lavar la ropa de sus clientes. Dependiendo del lavado para subsistir debido a la falta de acueducto y la cercanía de los ríos, sumergen la ropa en las poncheras, la enjabonan y restriegan con la ayuda de una tabla estriada llamada rallo. Golpean vigorosamente la ropa con un garrote de madera, el manduco, para eliminar la suciedad. Aprendieron el oficio de sus madres desde la infancia, aunque sufrieron más de un golpe en el proceso. Aunque han sobrevivido trabajando bajo el sol o la lluvia, les resulta difícil trabajar cuando los ríos crecen y las playas desaparecen. En el Atrato, se entrelazan diversas tradiciones culturales en el proceso de lavado de ropa, creando sus propios cantos y alabaos.
La música
El conjunto de chirimía chocoana, con instrumentos como clarinete, bombardino, redoblante, tambora y platillos, crea un ritmo enérgico que invita al baile. Esta chirimía combina instrumentos europeos con la tambora africana. En el pasado, se usaba la flauta de carrizo en lugar del clarinete, vinculada a rituales indígenas. Se cuenta que las mujeres solían coquetear cantando versos al compás del canalete en su camino al trabajo, produciendo el característico "roncar canalete". La música también acompaña los momentos de duelo, con alabaos para despedir a los difuntos y gualíes para celebrar la muerte de un niño.
Maestros de la madera
Un joven emberá de la cuenca del río Atrato talla su bastón con destreza, parte de su formación como Jaibaná o chamán, para conectarse con sus ancestros y los seres espirituales de la selva y el río, quienes lo guiarán en la curación de enfermedades. Los emberá piden permiso a los espíritus antes de cortar árboles, utilizan la madera para construir tambos y viviendas palafíticas elevadas sobre pilotes, adaptando el estilo de vivienda indígena. Estas estructuras les permiten enfrentar las crecidas periódicas de los ríos y aprovechar el espacio para resguardar animales y canoas. Frente a crecidas repentinas, protegen a los animales sobre balsas o en canoas. A lo largo de los siglos, indígenas y afrodescendientes han trabajado la madera, creando objetos ceremoniales y herramientas utilitarias como champas y palancas para navegar por el río.
Los hábiles navegantes del río Atrato utilizan palancas para medir la profundidad del agua y guiar sus embarcaciones, evitando atascos en aguas poco profundas. Sus vidas se ven afectadas por las intensas lluvias tropicales que hacen del Atrato uno de los ríos más caudalosos del mundo. Durante siglos, indígenas y afrodescendientes han tallado canoas o champas a partir de un solo tronco.
El Atrato: río de ensueños, poesías y cantos
Por: Adriana Elisa Parra Fox, Ph.D. Profesora investigadora Universidad Tecnológica del Chocó – UTCH Directora Ejecutiva del Centro de Investigación - BIOINNOVA
Pensar y hablar del río Atrato es hacer una catarsis de remembranzas que emergen de lo profundo del ser y, cual aguas encantadas que recorren las venas, desembocan en nostalgias, sonrisas y recordaciones de ensueños. Este escrito ofrece una mixtura de información y datos que lo transportarán por la exuberante geografía del Chocó, desde su historia fascinante, su economía y cultura, pasando por las riberas de su poesía y el cadencioso compás de su música, hasta desembarcar en el exquisito puerto de su tradición. Desde allí, podrá apreciar el desarrollo social y económico de los pueblos recorridos. De manera orgánica y amena, se entretejerá esta información en una sinfonía de voces de diversas personas, como un bello cuento que, esperamos, sea leído con expectación.