El Magdalena no solo es el río, es todos los ríos y lagunas que lo alimentan. Es incluso el agua que llueve y lentamente va a dar a él. Si en algún momento usamos esa agua, es él quien nos lo permite. Acaso ya hemos olvidado la bella imagen de hincarnos ante un arroyo para beber de él.
Grávido Río, Ignacio Piedrahita.
Hay muchos lugares para anclar la historia de lo que somos en el río Magdalena: los testigos primigenios de San Agustín, los viajeros y conquistas que trazaron el mapa de la patria, las relaciones vitales y culturales alimentadas por su cuenca, su geografía determinante, el dolor y destrucción que carga su cauce. Con la certeza de que el río Magdalena es un patrimonio colectivo y de que en su recuperación –como propone Wade Davis– se cifra una opción de país, presentamos en este libro al Magdalena como protagonista central del proyecto cultural El río: territorios posibles impulsado por la Subgerencia Cultural del Banco de la República.
La decisión de emprender este viaje ribereño parte de la necesidad de entender que nuestras interacciones con la naturaleza, en particular con estos cuerpos de agua, requieren reflexiones y acciones desde múltiples saberes que nos ayuden a entender que humanos y no-humanos dependemos del mismo entorno vital. Nos propusimos conversar desde diversas miradas sobre los ríos como territorios de vida. ¿Cómo se cuentan?, ¿cómo se viven?, ¿cómo cambiar nuestras relaciones destructivas con estos cuerpos de agua que hacen posible nuestra subsistencia? Esas son algunas de las preguntas que han guiado la elaboración de reflexiones y productos culturales en diferentes lugares del país desde 2019.
Uno de ellos es este libro, que inició con la intención de reunir la cartografía histórica del río Magdalena, pero fue desbordando esos límites iniciales para acercarse a un mapa complejo en el que se sobreponen muchos trazos. Sabíamos que el hilo conductor, o como dice uno de nuestros autores: la cinta transportadora, sería el río, pero cada uno de los académicos y escritores invitados fueron ejerciendo la libertad de narrar desde su propia orilla. Al final llegó un artista que nos sorprendió con sus trazos contemporáneos que, de alguna manera, entretejen todos los relatos.
El libro reúne seis artículos de autores colombianos que profundizan en algún aspecto del río desde sus disciplinas. Juan Darío Restrepo muestra el contexto geológico del río desde su nacimiento hasta sus desembocaduras y nos regala un relato mágico sobre su color. Sonia Archila cuenta cómo las culturas prehispánicas materializaron su relación con el río en las cuencas alta, media y baja. Efraín Sánchez muestra el río cartografiado e imaginado a través de la historia. Mónica Espinosa revive las heridas del río con sus recuerdos de infancia, las memorias de Manuel Quintín Lame y la metáfora del río de sangre y lágrimas. Andrés Ospina crea las memorias de míster Sutcliffe para recordar el oficio de los bogas e imaginar la textura de sus vidas. Germán Ferro, a través de catorce preceptos, nos permite entender el Magdalena como un río-mundo y resignificar nuestra relación con él. A manera de prólogo, Wade Davis nos entrega su visión sobre lo que es el río Magdalena para el país. La dimensión visual del libro es Fábulas del Magdalena, ilustraciones y textos de Alberto Baraya que hacen evidente la paradoja histórica y cultural que el río arrastra.
Río Magdalena: territorios posibles es sobre todo un proceso continuo de retroalimentación entre las editoras Sandra Concha y Ana María Camargo, los autores y los artistas que consiguió un paisaje narrado desde múltiples voces y que da cuenta de la complejidad del río Magdalena. El diseñador Juan Pablo Fajardo, además de dar forma a este libro, estrena aquí la tipografía Blaa creada por él y que esperamos muchos sigan usando.
Como tantas otras cosas que hacemos, este libro es un pretexto, un afán de alimentar los lazos afectivos y humanos con la naturaleza para invitar a cada uno a ser el cambio que queremos ver en el río y conseguir que sea un territorio posible para todos.
Ángela Pérez Mejía. Subgerente Cultural del Banco de la República.
Si el Amazonas es el río de los mil ríos, el Magdalena es el río de las mil culturas. Un ser de alma líquida y corazón de arena, que a lo largo de 1500 kilómetros carga con la personalidad geológica, climatológica y antropológica de todo un país, para desecharla sin miramientos en el mar Caribe. Nace humilde, un goteo casi imperceptible bajo la hierba de un frío páramo, y muere explosivo, en medio de una épica lucha de poderes, agua dulce contra agua salada; un delta que antiguamente formaba un abanico de bocas móviles como cabezas de serpiente.
El Magdalena es el Nilo colombiano. Es la deidad que da y que quita vida. La que mantiene nuestras cosechas, calma nuestra hambre, arrastra nuestros muertos, padece nuestros abusos y alimenta los ojos sedientos de horizonte. Un ser con múltiples estados de ánimo, que nos obliga a entender cuál es su verdadera naturaleza, a analizar de qué manera forjar una relación a largo plazo que beneficie al río, a la vida que lleva adentro y a los seres que lo usamos. Cuando el arte y la ciencia se unen, suceden cosas maravillosas. Por eso, este libro sublime.
Ángela Posada-Swafford, periodista científica.
Artículo de cortesía | Geografía del río Magdalena:
Por: Juan D. Restrepo Ángel, PhD
El Magdalena es un río único en todo Suramérica por su diversidad geológica y climática. Ningún otro río está confinado por cuatro flancos de montañas andinas en un contexto geológico complejo, ni rodeado por señales climáticas y atmosféricas de carácter continental. Geográficamente, Colombia es el único país americano que está integrado por cuatro cuencas: Caribe, Orinoco, Amazonas y Pacífico. Todas estas áreas oceánicas y continentales le transfieren al interior del país y a la cuenca del Magdalena diferentes flujos meteorológicos e hídricos, en la mayor parte caracterizados por importaciones de ríos atmosféricos y lluvias. Continuar leyendo (PDF)
Tipografía Blaa:
En el libro Río Magdalena: territorio posibles se usó por primera vez la tipografía Blaa, desarrollada para la Subgerencia Cultural del Banco de la República. El resultado de este proyecto, realizado junto al laboratorio de diseño Piedra,Tijera, Papel (PTP), es una tipografía que el Banco de la República pone a disposición de sus usuarios para descarga y uso gratuito.
Estos caracteres fueron diseñados a partir de las letras en metal que se encuentran en la fachada sur del edificio de la Biblioteca Luis Ángel Arango y que fueron instalados cuando abrió sus puertas en 1958. Para conocer los detalles te invitamos a consultar el Boletín Cultural y Bibliográfico 100, en el que se incluye un espécimen tipográfico como sobrecubierta.
Autores del libro Río Magdalena: Territorios Posibles hablan de sus escritos