El artista
Haciendo uso de nuevos medios, la instalación y el dibujo, el artista Manuel Quintero (Bogotá, 1972) ha realizado obras que unifican la videoinstalación y los metarrelatos. Ha participado con su obra Fragmentos de un video amoroso III en el Vll Premio Luis Caballero (2013); en el Asakusa Knot Project, Tokio, Japón (2003); Solidarte 04, Embajada de Francia, y en la galería El Museo, Bogotá (2003), entre otras exposiciones.
Su obra ha sido catalogada en “Nuevos nombres lugar/no lugar o el espacio entre las cosas”, del Banco de la República - Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá (2005), y en el catálogo de exposiciones del Departamento de Arte de la Universidad de los Andes, Bogotá (2004), así como en “Nuevas propuestas del arte colombiano”, Alliance Francaise- Embajada de Francia en Colombia (2003).
Mitos y leyendas
La propuesta de laboratorio hecha por el artista Manuel Quintero consistió en retomar los mitos populares de una región como la nariñense, para seguir indagando sobre algo con lo que viene trabajando ya desde hace algunos años: la forma como se construyen los relatos de terror en las culturas y cómo se ha construido, además, una manera de presentar a la mujer, desvalida o demoníaca, que permite entrar en terrenos cuestionadores del feminismo. Tiene una fascinación por las películas de horror, un género lleno de preguntas alrededor del control, en muchos casos desde la moral, y de cómo se establecen los caminos para librarse, o no, de estas estrategias de poder. Con esa premisa, pisó Pasto.
Quintero le propuso al grupo de participantes, convocados desde la sede del Banco de la República en Pasto, revisar esos cuentos con los que crecieron y que les producían miedo. Y, por supuesto, apareció la Patasola. Una de las artistas que formaban parte del taller, de ascendencia indígena, compartió invaluables recuentos de este y otros mitos de la región, y hasta les habló de un pueblo de brujas, abrebocas para lo que seguiría. Quintero los invitó a buscar algunos escenarios para hacer una pequeña película de terror, y otro de los asistentes los llevó a casas abandonadas y calles silenciosas, hasta que llegaron a las estribaciones del volcán Galeras, a un lugar medio perdido que alguna vez había estado proyectado como refugio en caso de la explosión de la montaña y que hoy es pura desolación. Allí exploraron formalmente la realización de una serie de fotografías que derivarían en sonovisos que le apuntarían, de manera muy intuitiva, a entender cómo se produce el miedo, y para qué.