El artista
Edwin Jimeno (Santa Marta, 1974) es artista, curador, investigador y docente enfocado en la práctica de la performance. Identificado como artista del cuerpo, tiene un gran reconocimiento en la escena de las artes vivas, en las que ejerce desde el año 1997, centrando su interés en el cuerpo político y las acciones de resistencia que con frecuencia se configuran en el arte relacional por su carácter colectivo. Entre sus menciones destacadas se encuentra haber formado parte de la selección en el Proyecto Pentágono “Actos de fabulación’’. Ministerio de Cultura de Colombia (2000) haber obtenido el segundo lugar en el 38 Salón Nacional de Artistas (2001), así como también haber sido miembro del equipo de curadores del proyecto Atarraya, del 14 Salón Regional de artistas (2011). En la actualidad, se dedica a la investigación y creación, como forma que persigue una constante pregunta por el lugar del cuerpo frente a los aspectos psicológicos del eros, la representación y las emociones.
Acción/ Interacción
Edwin Jimeno incitó a los asistentes a su laboratorio, sobre performance y resistencia, a que se dejaran guiar por la premisa que cita Alejandro Jodorowsky en su definición del acto poético como ese lugar que invita a enfrentarse a sí mismo, a la propia muerte, a lo imprevisto, a la sombra y a los gusanos que hormiguean dentro de nosotros. Este postulado se revela en el libro Psicomagia (1995), en el que el autor chileno contempla la vida misma como el escenario en el que se ejecutan las acciones provistas de intenciones legítimas del deseo y del acto creativo.
En sus ejercicios propuestos, el artista presentó la performance como aquel lenguaje que permite construir poéticas y significaciones que constituyen, justamente, una obra viva que crea una conciencia de cuerpo, historia y realidad. Durante cuatro días, las relaciones de los participantes se tejieron desde los temas que, según Jimeno, estructuran la acción e interacción dentro de esta disciplina artística.
De esta manera, en su primer laboratorio instauró la historia de la vida que define el cuerpo como frontera, comprendiendo la potencia conceptual que pueden reflejar los cuerpos que han vivido algún tipo de violencia. La segunda acción estaba encaminada a ver el cuerpo de cada cual en el espacio público, interviniendo la ciudad y evidenciando su fuerza como presencia. Para su tercer acto, los artistas participantes se tomaron la palabra con la intención de encontrar historias por medio de sus relatos personales, y así ver la cercanía o correspondencia que puede haber entre las narraciones de la gente entre sí. Y, finalmente, se llevaron a cabo ejercicios libres sobre el cuerpo político, donde algunas acciones de resistencia dieron lugar a la clausura del espacio de reflexión propuesto por Jimeno. En sus propias palabras, estas interacciones eran “un espacio de resistencia que invitaba al espectador a caminar más por lo vivido que por lo desconocido”.
A la final, esta sincronía de fuerzas cruzó distintas experiencias de vida, en cuerpos inicialmente inconscientes pero con historias semejantes, que se unificaron en actos poéticos de reconocimiento de los ejes de relación entre el cuerpo y el arte que pudieron contemplarse en una exhibición del registro fotográfico de la sesión final.