Esta casa parece cobrar vida...
🤔 A primera vista parece una casa en miniatura, pero basta mirarla con atención para notar que no es solo arquitectura.
Este ofrendatario de la tradición Tumaco–Inguapí, elaborado entre el 700 a.C. y el 350 d.C. en la Costa Pacífica Sur, condensa en una sola pieza ideas sobre ritualidad, imagen y simbolismo.
La plataforma, las escaleras y la pequeña puerta remiten a una construcción ceremonial. El frontón, en cambio, introduce otro registro: manos empuñadas, ojos destacados con plumas y formas que evocan dientes que transforman la “casa” en un rostro cargado de sentido.
Ofrendas que aseguraban el equilibrio del mundo
⛰️ Una cueva en lo alto del cerro La Campana, en Pasca, Cundinamarca, guardó esta vasija durante siglos...
Allí, en un paisaje donde el páramo desciende y las nubes rozan la tierra, sacerdotes muiscas hicieron ofrendas para asegurar el equilibrio del mundo: figuras de oro, cerámicas y huesos de animal.
👉🏼 Este ofrendatario en cerámica es inusual por su forma. Representa a un hombre sentado, en actitud de reflexión. Sin embargo, sus rasgos no son comunes en la alfarería muisca y recuerdan cerámicas de los guayupes de los Llanos Orientales.
Dos orfebres con experticia
Las dos piezas de metal del hallazgo preservan numerosas huellas de sus orfebres y de un manejo del metal muy peculiar.
Una lectura desde los muiscas
Las lagunas eran sagradas para los muiscas: lugar de origen de la humanidad y canales de comunicación entre los mundos.
La creación de un mito
Dos de las piezas se dan a conocer al público muy pronto, luego de ser adquiridas, en la nueva sede del Museo del Oro inaugurada en 1968.
El hallazgo y la llegada al Museo
A finales de la década de 1960, un campesino del lugar, Cruz María Dimaté, y su hijo hallaron los objetos en la cueva mientras cazaban.