En el corazón del piedemonte amazónico, la serranía de La Lindosa se alza como un cruce de caminos geológicos, ecológicos y culturales. Sus imponentes paredes de arenisca cuarzosa, formadas hace más de 460 millones de años, conservan huellas de antiguos mares, corrientes y organismos marinos. La erosión, el levantamiento tectónico y la silicificación moldearon un paisaje de murallas verticales, laderas inestables y terrazas fértiles, donde se desarrollaron microclimas únicos y se preservaron miles de pinturas rupestres.
Autor: Andrés Velasco
Este mosaico geológico no solo revela la historia profunda de la Tierra, sino que también explica la ocupación humana y la conservación del arte rupestre. Sitios como Nuevo Tolima, Cerro Azul y el Raudal del Guayabero muestran cómo las características de cada roca influyen en la forma, el color y la permanencia de las figuras. Aunque resistentes, estas formaciones enfrentan amenazas naturales y humanas, lo que hace urgente su protección como testigos milenarios de la relación entre naturaleza y cultura.
Autor: Judith Trujillo

