En la primera década del siglo XX, se fundan tres de las grandes imprentas que tendrá el país durante ese siglo: Mogollón, en Cartagena, en 1906; Bedout, en Medellín, en 1907, y Carvajal, en Cali, en 1904, fundada con el nombre de Imprenta Comercial y con la idea original de editar un semanario: El Día. Estas palabras de Manuel Carvajal Valencia explican, de alguna forma, la idea detrás de la publicación: “El periódico no da plata, pero da influencia y lo hace a uno respetable. Todo hombre tiene que ejercer alguna influencia benéfica sobre sus semejantes y hacerse respetar a su manera. Y los buenos negocios han principiado generalmente dando pérdida”1.
El caso de Carvajal resulta particularmente destacado, pues se convirtió en una de las primeras multinacionales colombianas y aún hoy sigue vigente. Es revelador ver cómo hacia la década del sesenta, la compañía participó en la creación de una empresa fabricante de cartón y papel, por un lado, y por el otro, desarrolló una empresa especializada en la elaboración de libros animados, la cual alcanzó a ser el mayor exportador mundial de este tipo de publicaciones.
Dentro del archivo hay un grupo importante de etiquetas que cubren un periodo de casi medio siglo. Las más abundantes son las producidas entre los años veinte y los cincuenta. Por lo que puede verse en los documentos de la compañía, el diseño de estas etiquetas es producto de su división de arte, como un servicio adicional que se prestaba, además de la impresión. La empresa trajo técnicos del exterior especializados en dibujo litográfico, artistas comerciales o retocadores, pero su presencia, en general, pasó relativamente inadvertida, pues los créditos se daban al impresor, sin mencionar al diseñador, al dibujante o al equipo de arte.
El contexto histórico de la década de los veinte explica la manera en que surge con fuerza la necesidad de crear identidades gráficas especializadas para diferenciar marcas y productos, los cuales comienzan a desarrollarse debido a la ampliación del mercado nacional, la guerra en Europa, el flujo de dinero, el auge cafetero y la consolidación de la pequeña industria regional.
El proceso de dibujo sobre la piedra litográfica es fundamentalmente creativo, involucra el ojo y la mano del dibujante, pero, a la vez, el soporte técnico de reproducción de la imagen incorpora las letras o caligrafía y otra clase de ornamentos o imágenes en una sola unidad visual, lista para la multiplicación del original. La litografía es hija de un proceso artístico que permite la combinación y el juego entre las imágenes y los textos, que se convierten en una sola cosa, en una unidad de sentido.
Así, la impresión con tipos de plomo y letras prefabricadas o usando clisés y grabados, asociada, por lo general, al trabajo de artesanos, dio paso a una nueva concepción integral de la imagen y la tipografía en color, en la cual la figura del artista comercial tomó preponderancia. Este sería el paso previo a la masificación del offset, sistema en el que se utilizan placas metálicas fotosensibles.
Referencias bibliográficas
1 Charla improvisada, “250 años de la imprenta en Colombia”, Monografía de Carvajal & Cía., 1972, en el archivo histórico de la empresa, planta Santa Mónica, Cali. Volver arriba