Sergio Trujillo Magnenat y Carolina Cárdenas se conocieron en la Escuela de Bellas Artes. Coriolano Leudo, Roberto Pizano y Ricardo Acevedo Bernal, sus maestros, eran parte de la tradición académica que guiaba la formación de los artistas colombianos en la década de los veinte. Había especial énfasis en el dibujo anatómico, se pintaban retratos y el paisaje estaba fuertemente influenciado por la llamada escuela de la Sabana.
Carolina, que había llegado de Londres después de vivir allí por algún tiempo, era ocho años mayor que Sergio y debió causar gran impresión entre sus compañeros y en la sociedad bogotana. Era una mujer de mundo. Rápidamente se convierten en una dupla creativa, con un gran poder para experimentar; trabajan en fotografía, cerámica y dibujo comercial —lo que podría denominarse artes aplicadas—.
Sergio comienza una rápida aproximación al mundo de la tipografía, seguramente copiando modelos de revistas y libros de rotulación, hasta convertirse en uno de los pioneros en el dibujo de letras en el país. La construcción de alfabetos a partir del trazo de círculos, elipses, triángulos, cuadrados y rectángulos no solo permitía experimentar formas sencillas de caracteres originales, sino que estaba en boga en las corrientes visuales de la época. Los años veinte y treinta están fuertemente influenciados por las estéticas del art déco y la Bauhaus, así como por los lenguajes gráficos de los movimientos de vanguardia europeos.
Para Carolina, Sergio y algunos de sus compañeros de la Escuela de Bellas Artes, la experimentación formaba parte de la vida cotidiana y de sus incursiones en el mundo del arte y el diseño; la cultivaban, incluso, en su indumentaria. Fueron los primeros merodeos por la modernidad visual en el país. Es como si las artes aplicadas y una idea del espíritu de la época se hubieran manifestado en esa capa, antes que en los lenguajes del arte convencional, todo ello enmarcado en el contexto de una sociedad profundamente conservadora.
Sergio Trujillo entra en contacto con personalidades de la política liberal en 1934, cuando Darío Echandía era director de la revista Acción Liberal, cercana a López Pumarejo, segundo presidente de lo que se conoce como la República Liberal —entre 1930 y 1946—, quien llamó su programa “La revolución en marcha”. Los enunciados políticos de López apuntaban a modernizar el país con una postura revolucionaria sobre la reforma agraria, el sindicalismo, la industrialización y la división entre educación laica y religiosa, ideas que requerían imágenes novedosas que ayudaran a comunicar este nuevo espíritu. Así, Sergio Trujillo queda inscrito en este momento fundamental en el que un conjunto de medidas gubernamentales busca expresar su ideario a través de formas visuales, privilegiando la gráfica y los impresos.
La construcción de este universo visual alrededor de las letras de espíritu geométrico tuvo una influencia formidable. Una revisión de la gráfica producida durante estas décadas muestra cómo se convirtió en un lenguaje dominante: geométrico significó moderno y actual.
Carolina Cárdenas murió prematuramente en 1936, a los treinta y tres años de edad. Desde hace algún tiempo, se ha venido recuperando su figura; solo se conocen dos piezas que realmente circularon más allá del original en formato múltiple: un dibujo para cigarrillos Pierrot y la carátula del libro Los dos tiempos, de Elisa Mújica. Sin embargo, el peso de su figura, más cercano a un mito, ilumina con potencia el espíritu de la época.