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Tipo de minisitio

«[…] Nadie le dijo a Francisco Tumiña que pintara. Por entonces se dedicaba a escribir leyendas guambianas para el Instituto, como por ejemplo la historia del ave kwaw mera, “nombre que viene de kwaw, ‘morir’, y wera, ‘perro’, que va atrás de las almas persiguiéndolas con deseo de comérselas”; o los relatos de mamá Manuela Carmaya, heroína de los guambianos, “que vivía llorando, pues los conquistadores ya se acercaban a quitarle sus tierras y sembrados”».

«[...] Un buen día Hernández de Alba lo sorprendió dibujando. “Estoy tratando de pintar el viento”, le dijo. Se refería a una leyenda que había transcrito para las clases. Hernández tuvo el acierto de dejarlo solo, limitándose a facilitarle los elementos necesarios»1.

Los dibujos y las narraciones de Tumiña fueron la base con la cual se publicó el libro Nuestra gente "Namuy Misag": tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos en 1949. En la publicación aparece como autor de los textos el antropólogo Gregorio Hernández de Alba aunque por los documentos que reposan en el archivo familiar se puede ver que las descripciones originales de las escenas fueron mecanografiadas en lengua misak, o nam trik, con traducciones al español. Los acentos para la escritura en el idioma original no estaban presentes en los caracteres de la máquina de escribir, por lo que Tumiña Pillimué los dibujó —o marcó, más bien, a mano— en su texto. En una de las notas de los documentos, Hernández de Alba afirma: “Guiado por John H. Rowe, [Tumiña] es el primer indio en Colombia que escribe su propio idioma con la pluma o la máquina”.

En el proceso de edición del libro se articulan dos tipos de información, textos y dibujos, los cuales construyen la publicación; allí, la intervención de un editor que adapta los contenidos pretende dar un sentido único a las imágenes. En una lectura paralela, los dibujos, que en realidad son escenas, son autónomos y pueden leerse independientemente de los textos de Hernández de Alba. Así, se convierten en un comic, un conjunto de viñetas silentes —por lo menos desde nuestra perspectiva, lejana a sus particularidades culturales—, en las que se intuye el desarrollo de un conjunto de historias de una profunda complejidad. La riqueza de los dibujos nos hace pensar de nuevo en las palabras de Tumiñá, en su ejercicio poético, al tratar de pintar o traducir al viento.

II.

«Quintín no se cansa de enumerar los muchos motivos de orgullo que tienen los miembros de su “raza proscrita”: “Antes de 1492 los indios produjeron obras de arte, escritos y jeroglíficos, tallados en duras piedras, sobre el lomo de empinadas cordilleras, ¡que la cólera de los siglos no ha podido destruir!”»2.

El caso de la famosa firma de Manuel Quintín Lame es de naturaleza similar al de Tumiña Pillimué: se trata de una representación gráfica con una trama de capas superpuestas sobre su origen indígena. Lame, dirigente y pensador nasa, asumió desde muy joven la defensa de los intereses de las comunidades indígenas del Huila, Tolima y Cauca, y se convirtió en su defensor legal en pleitos, demostraciones de propiedad y dominio ancestral sobre el territorio.

En 1972, el artista Antonio Caro, después de entrar en contacto con algunas publicaciones que reivindicaban y exhibían el pensamiento de Lame, desarrolló lo que él mismo denominó su “mejor obra”, en impresos y performances copiaba la manera en que Lame firmaba las cartas y documentos que eran parte de su acción política.

La firma es el fermento, el gesto primordial al que apunta la concepción de una identidad gráfica: consistente, repetitiva, asociada a una serie de valores, lo cual la convierte en símbolo, o en lo que se conoce como un logo o un identificador en diseño gráfico. En un ejercicio de reapropiación y reinterpretación permanente de gestos y símbolos, Quintín Lame había hecho suyas las formas gráficas de la autoridad colonial al copiar y adaptar las firmas de los escribas, documentos que había estudiado para entender los procesos de titulación de tierras en las cédulas reales.

El ejercicio de adaptación de Antonio Caro infiltró la idea original de Quintín Lame en la cultura visual de nuestro tiempo y, puede que sin saberlo, logró darle continuidad a un conjunto de reclamos políticos e históricos: al otorgarle poder simbólico y de comunicación, la firma se ha convertido en un logo.

Estos dos ejemplos son potentes narrativas estéticas. A pesar de las transformaciones, apropiaciones y traducciones de agentes académicos y artísticos nos siguen hablando hoy con una gráfica eficaz que reclama desde la historia, vale la pena volver sobre las palabras de Quintín Lame Chantre:

He sido víctima de los oligarcas que me han despojado de las tierras y ejercen sobre mi pueblo la tiranía de las letras y los dineros. Esa tiranía insoportable, más dolorosa que el peso de las cadenas y la silueta del cadalso, que se puede ejercer con las letras. Del saber y las civilizaciones, arma poderosa de los gobiernos y los blancos. Pero contra esas letras y contra esa ley, habré de rebelarme yo.

Referencias bibliográficas

1 Los fragmentos son extraídos de los documentos donados por la familia Hernández de Alba a la Biblioteca Luis Ángel Arango y están disponible en la Sala de Libros Raros y Manuscritos. Las notas corresponden a una crónica de Jaime Paredes para la revista Américas, publicada en 1950. Volver arriba

2 Gonzalo Castillo, “Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas”, En defensa de mi raza (Bogotá: Comité de Defensa del Indio, 1971). Volver arriba

Imagen principal Media
Mujer al pie de borrachero en el libro Namuy Misag - Nuestra gente p.93. Dibujo: Francisco Tumiñá Pillimue. Impresión offset 17,6 x 25,5 cm - 1949