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Tipo de minisitio

Tú, mi vestido

Por: Luz Marina Navas Sequeda 

 

Esta historia hace parte de la convocatoria En respuesta a Sophie Calle, como parte de la exposición Historias de pared.

No sé cuál era tu afán, tenías tanta prisa por llegar que no te diste cuenta que prensados a la hebilla de tu pantalón se quedaban los delgados hilos que tejían mi vestido. En cada paso que dabas desamarrabas sus puntadas y con ellas también se marchaba pedazo a pedazo mi existencia.



Por momentos llegué a pensar que sentir el frío de la desnudez era la esperanza que me dejabas para tu regreso, debías reconstruir mi ropaje y con él el abrigo que le faltaba a mi cuerpo, pero lo hiciste. Seguiste tu camino y te fuiste envolviendo en esa maraña de hilos que no te permitió mirar atrás, hacia tus recuerdos, hacia tus y mis momentos, hacia los dos que sin ser uno, sabíamos de la inaplazable presencia mutua.



Para ti era imperioso marcharte, para mi era necesario tenerte, y entre tu partida y mi deseo se quedó perdida la deuda del próximo encuentro. Sabías que no volverías, sabías que más allá de este espacio te esperaba otro lecho, otros brazos…, otro cuerpo, tal vez uno infinito, indescifrable, eterno; y decidiste callarte porque también sabías cuanto me amabas, sabías que a las palabras viajeras yo las encarcelaba para que no lastimaran mis sueños…, pero no te diste cuenta que me dejaste sin ellos.



Entenderás que debes reparar el daño. En el armario de mi cuarto aún te espera el gancho que colgaba mi vestido, téjelo de nuevo y devuélvele a mi cuerpo el calor que le quitaste un día. Sólo así entenderé que tu partida tenía una verdadera razón, tu irremediable regreso.