Nube
Por: Luisa Consuelo Gutiérrez Corredor
Esta historia hace parte de la convocatoria En respuesta a Sophie Calle, como parte de la exposición Historias de pared.
“Sí conoce a Oscar por favor dígale que me llame, que me perdí en su selva y quiero volver a encontrarme. Dígale también que sin su sonrisa, mis chistes no son graciosos ni en el planeta 21 y las cometas ya ni en el mundo 15 quieren volar; que las nubes recorren el planeta 8 deseando que sus labios me digan muñeca, todo bien. Cuéntele que los árboles aún se enredan en mis sacos para interrumpir mis pasos porque no van hacia él y que he visto ya varios atardeceres desde las colinas de sus labios, que no me quiero bajar de ellas; que me encanta besarlo, que quiero respirarlo y dejar que me respire. Que sin él los gatos pierden los bigotes y los colores los tonos”
Al enamorarse, los chicos suelen asustarse así que besan, conquistan y corren a refugiarse detrás de falsas sonrisas, suaves abrazos y llamadas cortas.
Se sientan sobre las fornidas raíces de los árboles y ven el andar de las nubes mientras las chicas, víctimas de inseguridades ajenas, recorren la vida llenándola de olor a amargura.