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Tipo de minisitio

Historia de desamor

Por: Luis Ángel Pérez Cante. 

 

Esta historia hace parte de la convocatoria En respuesta a Sophie Calle, como parte de la exposición Historias de pared.



11 de febrero de 2008

Estaba viviendo mi estrategia, el amor era algo de lo cual yo demostraba su inexistencia, por lo menos la presente. Estaba convencido de que eso no iba a volver a mí, jamás me iba a volver a enamorar, eso creía, que hace seis años me había enamorado por última vez en el colegio y que no iba a volver a pasar, lo que venía era ser estratega, ser un James Bond o un Don Juan o un seductor, aunque no llegue a nada porque finalmente no me interesaba el fin sino el juego, simplemente hacer una red y ver como quedaban atrapadas. Eso creía.

13 de diciembre de 2001

Jueves, 16 años. Estaba enamorado, eso creía, pero a mi edad eso era ridículo. No fui capaz de bailar con ella en el prom, no fui capaz de decirle lo que creía sentir, no me despedí de ella cuando se acabó la vida escolar. No era importante y al final no me nacía, pero la perdí. Los años siguientes solo pasaba por lo menos un par de veces al mes al frente de su casa. Una cosa era cierta, ella no merecía mi amor. Ella había hecho una pésima elección y merecía todos los riesgos que eso conllevaba.

Septiembre de 2000 y 2001

D. me regaló una rosa, yo creía que solo lo hacía por jugar conmigo, detestaba la melosería, me parecía todo una mentira; le dije algo así como que: “esto no es de verdad”, no recuerdo si ella me dijo que me quería, lo cierto es que cometí un desplante y en ese entonces me sentía orgulloso por ello, hasta fuerte. A D. le salí como “amigo secreto” estos dos años, recuerdo que al segundo me regaló un peluche, que luego perdí porque su hermana me lo cambió. No sé por qué. Yo creía estar enamorado de J.G.

1998

13 años, todos se “enamoraban”, excepto yo. J.R. Fue mi compañera más cercana en séptimo, no sé si de veras le gustaba que yo estuviese junto a ella. A mí me gustaba L.I. Porque sentía que “un destino nos unía” desde la infancia. Hoy L.I. Afronta una situación miserable, una historia de desamor doble porque también es fraternal. J.R. Se enamoró de mi mejor amigo y yo creo que me enamoré de ella, me pidió que la ayudase con mi amigo A. Lo hice. Para mi el amor no era importante.

15 de julio de 2004

Ya era mayor de edad. Me enteré que J.G. Había tenido un hijo, J.R. También, ambas podían irse al carajo, yo había decidido ser el hombre más frío y racional del mundo. Jamás me iba a ver en ninguna situación ridícula causada por ese sentimiento despreciable y falso. Eso creía.

12 de febrero de 2008

22 años. La vi entrar al salón, atravesó la puerta y abrazó a un amigo suyo, desde que la vi me quedé embelesado con ella. Yo me estaba consolidando, dando lo mejor en la Universidad, hasta ese día, dar lo mejor de mí en la Universidad me duró un semestre.Minutos más tarde el profesor me pregunto si la Edad Media había sido vivida en Colombia, que me hizo la pregunta porque estaba “muy concentrado”. Tuve un lapso de unos quince segundos en silencio, quise armar la respuesta y no pude, estaba embelesado con su rostro, con su pelo, con su ser.

Un día yo iba caminando hacia alguna parte y me llamó, me dijo que hablásemos y que nos alejásemos de alguien que se llamaba como yo, que le daba pereza verlo, hablamos de sitios y de peripecias para conseguir trabajo, de las lesiones que esto conllevaba a los pies, etc, etc. Creo que ahí terminé de caer.Cuando marchaba hacia un lado me pareció increíble que me llamara a mí, para hablar de cualquier cosa, me embelesaba fácilmente con ella, con sus ojos, con su pelo, con su ser. Desde aquí me parece que hay una historia larga, aburrida para un lector externo, pero internamente fue muy intenso, es imposible transmitir tal intensidad en un texto que intenta describir o narrar una historia.

Se me había programado una cirugía (rinoplastia por dificultad para respirar) que me alejaría dos o tres semanas de verla. Antes de conocerla quería caerle a Y. Porque Y. Me caía demasiado bien, si la cosa no funcionaba bien, iba por M.J. Porque M.J. me atraía demasiado. Tenía dos opciones para no perder. El propósito de mi convalecencia era olvidar a L. la que me embelesó. Era claro y pensaba que iba a ser fácil. Las dos semanas siguientes consistieron en preguntar que habían hecho en clase y de mandar saludos inútiles que quería llegaran a L. Finalizaron las semanas de convalecencia y al regreso ya estaba perdido. Había desechado la idea de cortejar a Y. o a M.J.

No sé si la había olido antes o después de la rinoplastia pero no puedo olvidar su perfume, quisiera haberme quedado prendido de su pelo, oliéndola, luego abrazándola, quería sentir calor por ella, me hice adicto a esas ideas, a ella y su olor. Cuando volví casi no me saluda, yo era consciente de que solo era un compañero más de clase. No me importaba. Con verla me bastaba. Con su sonrisa como saludo me bastaba.

9 de abril de 2008

Tenía novio y se iba a casar. No me importaba, yo iba a llegar a su corazón, eso creía e iba a luchar por lograrlo. Yo me creía merecedor de ella porque yo era un techado de virtudes. Había esperado toda mi vida por alguien como ella: inteligente, hermosa, una mujer completa en todo el sentido de la palabra, nunca nadie me inspiró tanta ternura para compartir, solo ella. Ella era a quien yo esperaba para confesar que me había enamorado, para ser pareja.

16 de abril de 2008

Me había decidido, escribí mi primera carta de amor con mi puño y letra, solamente quería confesarle lo que sentía, pero por alguna razón que desconozco me fue imposible decirlo con mi voz, l. Recuerdo que le escribí que la amaba y que eso me duraría toda la vida, también que sabía que tenía novio y que veía y aunque sentía lo que sentía no recordaba que tenía que decírselo, no me quería meter en su relación, yo solo iba a vivir y a esperar el futuro, a darle lo mejor de mí. La decisión final estaría en ella.

17 de abril de 2008

Jueves. Al final de clase le entregué la carta metida en un libro barato de Azul de Rubén Darío. Yo no era materialista, luego iba a ver el grande error y que tal vez hubiese sido mejor otra cosa.

20 de abril de 2008

No recibí respuesta ni positiva ni negativa, empezó una taquicardia que duraría más días de los que creí, conocí la ansiedad y el miedo. Yo no le tenía miedo a nada ni a nadie. Me emborraché por primera vez por influencia de un compañero de clases con tendencia alcohólica, se supone que íbamos a hacer un trabajo en grupo con ella, ella no fue por alguna razón. Confié tanto en que mis sentimientos eran suficientes...

2 de abril de 2008

Públicamente y no sé si entre bromas o en serio anunció que se iba a casar con David, de 21 años, con una boda en una finca o casa campestre. Yo solo sentía ganas de llorar, mis manos estaban débiles e inestables, solo eran fuertes en su temblor, no quería que nadie me viera, apenas sonreía por reflejo, para no mostrarme. Esta misma sensación me duró hasta el final de la carrera con muy poco descanso. En ese entonces cursaba segundo semestre.

30 de abril de 2008

Tropel. Disturbios. Al final de la tarde nos encontramos todos y ella se quejaba de que sentía sed, silenciosamente compré una botella de agua y se la dí. Era la primera vez que yo daba algo, me preguntó que si era para ella, yo solo hice una señal afirmativa con mi cara, luego tomó un poco y me devolvió la botella, yo le dije que era para ella, entonces me agradeció y se la quedó. Me sentí como cumpliendo una misión, algo feliz.

8 de agosto de 2008

Este semestre ella estaba en jornada contraria, por lo tanto no la veía, este día fue la inauguración de las Olimpiadas de Beijing, perdí mi viaje a la Universidad porque no hubo clase y me perdí la majestuosa ceremonia que todo el mundo comentó el resto de año. Mi biorritmo decía que estaba perfecto y que un día como este no se repetiría hasta dentro de mucho. La llamé. Era la primera vez que llamaba a alguien a solo saludar, quería escucharla, me volví adicto a eso también.

6 de septiembre de 2008

La taquicardia y la ansiedad continuaron a pesar de no tener que verla, escribí un mensaje simple de amistad por facebook, no mentiroso pero si ocultaba muchas cosas que no se ocultaron en el escrito de abril. Este mensaje no era de amistad como quise hacerlo parecer, era de amor.

8 de septiembre de 2008, 4: 55 p.m.

Sonó el celular, estaba el nombre de ella, yo estaba jugando en el computador. Llamó para agradecerme el mensaje, que la podía llamar cuando quisiera, yo quise decirle que me había salido del corazón, solo llegué a decir: “Eso fue lo que me salió...” silencio eterno. Fui feliz a pesar de mi estupidez al teléfono.

30 de octubre de 2008

La extrañaba, por eso no era feliz, la quería y no había manera de manifestárselo todos los días, solo acumulaba sentimiento. Mis amigas notaban eso. M.J. Me dijo que lo de la boda era falso, que no perdiera las esperanzas, mi ánimo empezó a ascender como nunca, creía que lo iba a lograr, que iba por buen camino y que no tenia afanes. La carta declaración de amor hecha en abril fue por puro afán, para detener el matrimonio. Ahora podía ir tranquilamente y tendría toda una vida para demostrarle que la quería y para quererla.

8 de diciembre de 2008

Mensaje entrante en facebook. De ella:

Hola luchito: espero que te haya terminado de ir muy bien en la u, con unas súper notas, gracias por estar pendiente de mí, eso da cuenta de la persona que eres. Te deseo unas felices vacaciones, unas felices fiestas y espero que el próximo semestre nos encontremos, yo se que si, te cuento que voy a dejar unas materias en la mañana. Bueno, también te deseo un feliz año cargado de muchos éxitos.

Que estés bien. Muchos abrazos. Mi numero de celu:...

Desde que tengo memoria pasé una navidad muy feliz, el 31 la llamé, solo quería hablar con ella y saludarla, me contó que le había dado otitis, yo solo la saludé y confié en que 2009 sería un año muy feliz. Mi año.

27 de enero de 2009

Primera vez que llamo para saludar de cumpleaños a alguien...Si, primera vez, me contó que había tenido un accidente en un pie, luego de la llamada le escribí que se cuidara mucho que no quería que se la pasara entre médicos.

8 de marzo de 2009

Me tomó la mano para preguntarme en clase ¿qué quería decir TLOR,? quise que ese momento fuera eterno, solo me quedé mirándola y le respondí con una voz suave, que transportara toda la ternura que sentía por ella. Mis ilusiones estaban por las nubes, aunque estaba decidido a no ir rápido sino constante y seguro.

19 de marzo de 2009

En una conversación por azar entre M.J. Y un amigo de ella, empezamos a hablar de que yo estaba mal...es decir enamorado de alguien que probablemente se iba a casar (yo ya me había hecho a la peor de las ideas de todas formas, por si acaso, por precaución). M.J. Lo confirmó. Sentí caer en un abismo dentro de mí cuando minutos más tarde me lo reconfirmó, me dijo: L. logró cuadrarse con él, se llama David. Fue el día de desbaratarme, quería estallar ahí mismo pero no pude, mi cuerpo se paralizó. Al llegar a casa me eché sobre el sofá y lloré y grité como nunca. Toda la ilusión se había caído. Desde entonces se me desarrolló la depresión, cada día, cada hora, cada segundo. El hecho que para otro hubiese sido pasajero para mí fue más impactante de lo normal porque se caía mi proyecto. Había presupuestado expresar amor solo cuando lo sintiera. Era el momento pero no era la persona, la persona no existe. Por años me había negado a actuar (es decir a fingir), a experimentar como lo hacía y lo hace todo el mundo. Quise hacer las cosas al derecho pero fue imposible. Se trataba de aceptar mi derrota.

La peor de toda mi vida, una derrota sin batalla, sin guerra. Sigo considerando que el amor no puede ser una guerra. Por el resto del año de todas maneras daba lo mejor de mí para ella, pero con un dolor metido en el alma al saber y recordar la realidad y sobre todo al ver que yo a ella no le producía nada por más que me esforzara.



Desde agosto empecé a pedir pista para que me atendiera una psicóloga. La depresión cada día era menos soportable, la cabeza y el pecho me pesaban y el único desahogo era llorar. Cuando eso pasa por unos días es normal, el problema es que llevaba meses así, y bajo la tortura de tener que verla la mayoría de días a la semana. Verla y mantener las distancias.

Finalmente en noviembre se me diagnosticó depresión severa. La detonante fue ella, la causa había sido construcción de toda mi vida. Algo irrecuperable, siempre conviví con mi soledad hasta entonces, cuando esta me empezó a matar emocionalmente. ¿Cómo dar si siempre he estado encerrado? ¿Por qué esforzarme por alguien que no sentía nada por mi? Nadie sentía nada por mí, nadie siente nada por mí.

Los esfuerzos para salir del encierro son inútiles a la larga, no me llevarán sino a incomodarme. La psicóloga me aconsejó renunciar a ella. Me pareció sensato, en la medida de lo posible lo hice. Al mismo tiempo se me comunicaba que había ganado una beca para el resto del pregrado. El mensaje era claro: le había dado espacio por primera vez en la vida a mi corazón, pero mi cabeza debería seguir mandando por encima de este. Hasta donde me fue posible, por tres semestre la deje de ver, mi tranquilidad estaba volviendo y al finalizar el tercer semestre de no verla creí que me estaba empezando a enamorar de M.J después de tres años y medio de pensar todos los días en L.. M.J. me dio su negativa, dolió pero poco. Fue manejable.

Lo que empezó a doler de nuevo fue volver a ver a L. en noveno semestre. El amor era como un tsunami que se había retirado para volver. Solo que esta vez era claro que yo no tenía que demostrarle nada a ella, además internamente sentía que había traicionado el amor que de alguna manera la profesaba con M.J. Quizá solo me delataba mi mirada, pero por dentro me estaba ahogando. La cosa se puso peor cuando en décimo yo pronosticaba que no la vería y allí estaba en la misma clase que yo. Tuve que continuar mi ahogo hasta el final de la carrera.



El día de la graduación llegué tarde adrede, no quería ir, no quería tener esa certeza de verla en una ceremonia de despedida. Solo la abracé y le desee lo mejor para ella. Nunca le dije que la amaba aunque le escribí decenas de Te quiero, pero ella nunca me escribió, ni me dijo, ni me insinuó nada semejante. Fracasé estruendosamente. En cuatro años jamás llegue a su corazón.