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Sembrar la duda: indicios sobre las representaciones indígenas en Colombia.
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Tipo de minisitio

Construir narrativas divergentes sobre la naturaleza de la producción cultural, plástica y visual exige revisar geografías y paisajes desde donde se escribe la historia. Al recordar a la crítica de arte Marta Traba, quien presentaba en la televisión en 1984 una Historia del arte moderno contada desde Bogotá, parece necesario inventar otros puntos de vista y buscar nuevas coordenadas para establecer un relato más complejo, equívoco, es decir, nutrido por la radical diversidad de la sociedad colombiana y latinoamericana.

Dentro de estos nuevos horizontes posibles, la historia de los territorios regionales toma un protagonismo capital, como aquí en el caso del Cauca, o más precisamente, de la región del Macizo Colombiano. Este nodo telúrico del suroccidente del país, núcleo del cual parten las tres cordilleras, constituye un epicentro del norte del continente suramericano en el cual confluyen las culturas de numerosos pueblos nativos, y de donde manan los ríos Magdalena, Cauca, Patía y Caquetá hacia los océanos Atlántico y Pacífico, y el tejido amazónico. Los primeros mapas del Estado Soberano del Cauca daban cuenta de esta complejidad geográfica, al extenderse desde el Caribe hasta los lindes de la actual Amazonia venezolana.

Es en la Popayán de los años cuarenta donde se refleja esa complejidad del territorio, al reunir a lo largo de menos de una década un conjunto de presencias y de hechos complementarios que permiten apreciar nuevamente la historia del arte moderno en Colombia, más allá del movimiento Bachué y de los preceptos posteriores de Marta Traba. Por medio de la Escuela de Cerámica de la Universidad del Cauca, dirigida por el escultor vasco Jorge Oteiza; de las inclinaciones históricas, poéticas y teóricas de Germán Arciniegas; de la relación de algunos artistas americanistas con la arcilla, o de los desarrollos de la etnografía con Francisco Tumiñá Pillimué y Gregorio Hernández de Alba en el Instituto Etnológico de la Universidad del Cauca (IEUC), parece configurarse un enlace crucial, así sea anecdótico, entre las dos secuencias de la modernidad artística en Colombia. Un haz de confluencias revelador de un instante moderno, en el cual el arte, la etnología y la política dirigían cada recurso cultural de un territorio hacia una misma conciencia americana moderna.

De este periodo y sus actores subsisten reflexiones que, aun hoy en día, participan en las prácticas de artistas contemporáneos. Con la idea de una geografía expandida del Macizo Colombiano, la figura solar de Manuel Quintín Lame abre finalmente el recorrido hacia la historia del movimiento político indígena, la defensa de la coca o la escritura de la memoria nacional. Un archipiélago histórico y simbólico, en el cual cada islote —ya sea la megalítica moderna, la vanguardia del barro, la agudeza visual de un joven misak, la caída de los monumentos o la filosofía del canasto— cuenta con una autonomía propia y tiene una vitalidad proveniente de sus conexiones con los demás.

Curaduría: Julien Petit

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Archipiélago del macizo
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