A finales del siglo XVIII, comerciantes y colonos europeos trajeron nuevas enfermedades, como la viruela, que diezmaron muchas de las comunidades de las Primeras Naciones. Durante los primeros 150 años de contacto con los europeos, un estimado de 75 por ciento de los indígenas en Columbia Británica murió de esas enfermedades.
A medida que aumentó la población de colonos después de 1850, se intensificó la competencia por tierras y recursos. Las leyes y políticas coloniales buscaron asimilar a los indígenas y expulsarlos de sus tierras. Se crearon Reservas Indias e internados que sacaron a los niños de sus hogares, les prohibieron hablar sus idiomas y destruyeron los vínculos familiares con consecuencias perdurables.
Los potlatches y otras ceremonias esenciales para la cultura de las Primeras Naciones estuvieron prohibidos por la ley canadiense entre 1884 y 1951. Sin embargo, la gente encontró maneras para practicar sus tradiciones, y así asegurar la transmisión de generación en generación del conocimiento cultural —y a la vez del arte que expresa tal conocimiento.