En 1850, el gobierno de la Nueva Granada se metió en una tarea inmensa: una comisión que viajara por los rincones del territorio, estableciendo dónde había montañas, ríos y valles, y cuánto medían y qué tan cerca estaban el uno del otro. Pero las intenciones de la comisión iban más allá: también debía contar cómo eran los hombres y mujeres de las lontananzas, qué sucedía lejos de Santa Fe, cómo vivía la gente en la lejanía. Y algo más: dónde había oro o esmeraldas, y dónde se podían cultivar caucho, quina o café. La comisión no sólo produjo mapas: también, a través de dibujos, les narró a los neogranadinos cómo era esta belleza de país y cuáles eran las plantas que brotaban de su tierra. Uno de los autores de este material fue José Jerónimo Triana, de quien vemos su cuaderno de manuscritos. Triana recopiló en su herbario más de 2.200 especies. Buena parte de las expediciones de la comisión pasaron por lo que hoy es el Huila.
José Jerónimo Triana
Cuaderno manuscrito de botánica colombiana
[Manuscrito], 1850-1859
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
El primer amplio estudio que se reconoce sobre las piezas de San Agustín corresponde a Agustín Codazzi, y forma parte, precisamente, de los resultados de la Comisión Corográfica. Después de la Independencia, y durante más o menos un siglo, la mayoría de las investigaciones arqueológicas que se hicieron en el país se centraron en San Agustín, Y es que sus estatuas dejaban –y siguen dejando- maravillados a todo el mundo. A este sistema se le considera la mayor concentración de esculturas megalíticas prehispánicas de América del Sur. El mapa ante usted es de 1934. En él se pueden ver no sólo los puntos arqueológicos sino también algunos ríos y caminos. Hay que tener en cuenta que en los años treinta los viajes a este parque tenían aún un carácter de expedición, pues apenas una década atrás el país había conocido las piezas desenterradas por Konrad Theodor Preuss. El viaje era aún una excursión al misterio.
Autor no identificado
Mapa de San Agustín
[Mapa], 1934 Archivo Gregorio Hernández de Alba
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
¿Existe algo más hermoso que el galanteo que se esconde detrás de un bambuco bien bailado? Y el Huila y Neiva suenan a bambuco. Es un sonido de cuerdas cuya historia se pierde en la fusión de culturas que implicó la colonia. Algunos relacionan este ritmo con sonidos africanos, otros le ven mucho de español y están los que lo encuentran indígena. ¡Vaya discusión! En los dos bellos manuscritos que ahora están frente a usted, se resumen las historias formadoras de este ritmo y las fuerzas que lo han mantenido vivo durante siglos. El primero es un manual de principios musicales de mediados del siglo veinte; el segundo enseña cómo templar el tiple y data de 1930. Ninguno tiene autor. Los dos suenan a… ¿A qué suenan?
Autores no identificados
Modo de templar el tiple
[Cuaderno manuscrito], 1930
Manual de principios musicales
[Manuscrito], 1850-1880
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
En 1860 comenzó una -¡otra!- de nuestras guerras civiles. El partido liberal se alzó contra el centralismo del gobierno de Mariano Ospina Rodríguez. Fueron dos años de sangre, que terminaron con la caída de Ospina, la subida de Tomás Cipriano de Mosquera y el triunfo de las regiones. Las batallas reventaban en todos los rincones del país: los estados soberanos se unían o enfrentaban a las fuerzas de un sector o del otro que pasaban por sus tierras. Neiva no fue la excepción. Por allí pasaron Mosquera y sus tropas derrotando en sucesivas batallas a las fuerzas del gobierno. En esta hoja original de aquellos tiempos se invita a la población Mosquerista a proteger Bogotá, acuartelándose en el convento de San Agustín. ¿Qué pasó? Aunque las imágenes dan muestra de la fuerza de la batalla, el ejército conservador no pudo recuperar la ciudad.
Consejo de Gobierno,
Bogotá A las armas compatriotas
[Hoja suelta], 1802
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.
Y es que Neiva fue un punto importantísimo en los innumerables conflictos del siglo XIX. Una de las más sangrientas guerras de nuestra historia fue la de 1876, que estalló cuando los conservadores –y la Iglesia- se opusieron al gobierno liberal de Aquileo Parra y su idea de una educación laica. Este documento, producido en la Neiva de la época, agrupa varias cartas escritas en el contexto de esa lucha armada. Llama especialmente la atención un párrafo dirigido al presidente de la Unión y firmado por… ¡un tal Jorge Isaacs!, quien avisa que llegará a tiempo para aliarse a los ejércitos del gobierno. No hay que olvidar que, tras la publicación de María, Isaacs se convirtió en un apasionado liberal (y eso que antes era conservador).
Varios autores
Correspondencia importante
[Carta], 1876
Biblioteca Luis Ángel Arango,
Colección Banco de la República, Bogotá.