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Tipo de minisitio

Un personaje de aspecto campesino camina descalzo, carga un canasto lleno de papa, lleva un azadón al hombro y se protege la cabeza con un sombrero tejido. La imagen se identifica claramente con el título: Jardinero. Este jardinero neogranadino, retratado por Ramón Torres Méndez (Bogotá, 1809-1885) a mediados del siglo XIX, encarna un oficio muy antiguo, ejercido por quien trabaja y modela la tierra, así como la naturaleza en ella, no solo para obtener su fruto sino también para el disfrute de quienes recorren y contemplan ese espacio delimitado. Una de las características más arquetípicas de un jardín es precisamente el cerramiento, los límites que contienen esta naturaleza domesticada, que trazan el borde entre paisaje y jardín, que puede ser la misma arquitectura, un seto, una cerca, un vallado, incluso una zanja con un muro oculto para permitir la continuidad de la perspectiva hacia el paisaje.

Esta exposición empieza con una introducción que conecta el jardín con la idea de utopía a través de un conjunto heterogéneo de obras de diferentes latitudes y periodos históricos. Por una parte, la utopía y el vergel tienen una característica en común, que es el límite que los separa del mundo. El claustro, por ejemplo, contiene un jardín rodeado de corredores y espacios que lo separan del mundo, como una isla aislada por el océano. La utopía, por otra parte, de acuerdo con la descripción que se hace en 1516 en el libro de Tomás Moro (1478-1535), que da origen a este género en la literatura, es una isla ubicada en lo que para los europeos era el Nuevo Mundo, un lugar aislado del planeta donde se desarrolla una sociedad cercana a la perfección. Así, este jardinero, que introduce la exposición, no solo está cosechando frutos de la tierra, plantando o podando plantas. Es el constructor de una utopía, un jardín cuyo fin último es brindar bienestar a quien lo disfruta a través de la naturaleza idealizada, moldeada y construida a la semejanza de un ideal, de un edén en la tierra.

Pero no es únicamente el jardinero el que da forma al jardín. Es la misma persistencia de la naturaleza la que permite que la humanidad ejerza su poder sobre la vegetación, moldeándola a su antojo, pero a sabiendas de que sin la constancia y el cuidado la naturaleza prevalece y conquista hasta las más densas construcciones de concreto, las mínimas grietas en el pavimento. Es el caso de la obra de Milena Bonilla (Bogotá, 1975), esta resiliencia de la naturaleza que se ilustra mediante la construcción de la palabra utopía, creada con el encuentro de microjardines que escriben en verde esta palabra.

Las dos alegorías al verano y al otoño, atribuidas al pintor flamenco Jan van Kessel el Viejo (1626-1679), hablan de heterotopía, donde mundos diversos, de diferentes tiempos incluso, confluyen en un solo lugar. En estas obras, el artista representa la idea del verano y del otoño a través de escenas en las que grupos de cortesanas descansan en medio de la naturaleza, atendidos por sirvientes. Pero la naturaleza que rodea a estas personas no es de este mundo. Plantas, fauna y otros personajes provienen de diferentes continentes e incluso de la mitología europea. Guacamayas y monos americanos conviven en este espacio con animales europeos y africanos. En otoño, un fauno en primer plano descansa al lado del producto de la cacería junto a un mono tití león del Amazonas. En verano, detrás de las figuras femeninas que se refrescan con el pecho al descubierto, vemos un tritón recostado cerca del agua, y más allá, una figura de lo que podría ser un aborigen americano fugándose de la escena. Esta naturaleza habitada existe en el mundo de las ideas, en un momento en el que el imaginario de América sigue siendo novedoso, desconocido y exótico, y se integra al ideal de un lugar a medio camino entre el paisaje y el jardín.

En una entrevista, Álvaro Barrios (1945) cita la famosa frase de Paul Éluard, “Hay otros mundos, pero están en este”1  2, hablando del mundo onírico, de su interés por el surrealismo, los sueños y el mundo esotérico. En el grabado “Plegaria del jardín sediento”, Barrios traza una composición precisa, cósmica, escenificada en otro mundo, con referencias mitológicas, flores, planetas y mujeres de la antigüedad clásica. Un mundo ideal, ubicado en lugares y tiempos diferentes, que cabe en la idea de un jardín imposible, de nuevo una heterotopía.

Referencias bibliográficas

1 Santiago Beruete. Jardinisofía: una historia filosófica de los jardines. Madrid: Turner Publicaciones, 2016. Volver arriba

2 Entrevista a Álvaro Barrios por María Isabel Rueda. Publicada en “La leyenda del sueño, revisión retrospectiva”. Bogotá: Banco de la República, 2013. Volver arriba

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Plegaria del jardín sediento