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Tipo de minisitio

En este eje temático, que es la continuación necesaria del anterior, se muestran obras de artistas que han representado un tipo de jardín urbano, público, que se comenzó a desarrollar en Colombia a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Los primeros jardines colombianos siguieron parámetros urbanísticos pioneros cuyo desarrollo se gestó en los albores de la era industrial en el siglo XVII en Inglaterra, en un momento de convulsión social en el que la calidad de la vida de la clase obrera sufre la inclemencia de la pobreza, mientras que los acaudalados nuevos industriales construían jardines de la escala de un paisaje. Una de las respuestas para mejorar la vida de la clase obrera fue la construcción de jardines públicos. A mediados del siglo XIX, ciudades como Londres y París fueron precursoras al plantear desarrollos urbanos quisieron convertir las ciudades en espacios verdes, poblados de parques que brindaran espacios abiertos para el disfrute y la salud de los ciudadanos. Con la finalización en 1876 de la construcción del Central Park en Manhattan, Nueva York se convirtió en un paradigma para el diseño de nuevos parques urbanos para muchas ciudades latinoamericanas, los cuales dejaron de basarse en las plazas coloniales y fueron creados a partir de la escogencia de lotes estratégicos en la malla urbana.

De acuerdo con lo que menciona Claudia Cendales en su libro sobre los primeros parques y jardines públicos en Bogotá9, los diseños de los parques de París fueron seguramente un referente clave para los diseños de los primeros parques en Bogotá. A finales del siglo XIX, había ya conciencia sobre la importancia de los parques públicos como vehículo de sanidad para la ciudad y su población, que en ese momento rondaba alrededor de los 100.000 habitantes. El parque Centenario, inaugurado en 1833 para conmemorar un siglo del nacimiento de Simón Bolívar (1783-1830), fue el primer espacio público concebido, desde su planeación inicial, como parque compuesto por jardines, pabellones y monumentos. Muchos otros parques en Bogotá y en otras ciudades del país se realizaron a partir de una misma estrategia de planeación: el uso de una plaza colonial ya establecida, la inclusión de vegetación nativa y algunas especies foráneas (como el eucalipto que fue introducido en la sabana de Bogotá y que tanto daño haría posteriormente a los ecosistemas de la región), un monumento central y una verja que cerraba el espacio. El Parque de la independencia, inaugurado en 1910 como parte de la celebración por los cien años de la idependencia de país, donde se llevó a cabo la Exposición industrial agrícola, conformó un complejo verde junto con el Parque del Centenario, que se perdió con la contrucción de los puentes de la calle 26, la cual dejó fragmentada esta idea de un parque urbano de gran escala, en relación con el tamaño de la ciudad en la época.

Los óleos de pequeño formato de Roberto Páramo (1859-1939) seleccionados para esta exposición representan parques de Bogotá a principios del siglo XX. Aunque Páramo nació en Medellín, se trasladó muy joven a Bogotá, ciudad donde realizó la mayor parte de su obra. Junto con Fídolo González Camargo, planeaba salidas a los parques capitalinos, para trabajar en pintura al aire libre en pequeños formatos. En las imágenes de los parques Centenario y de la Independencia, al igual que de otros espacios verdes del centro de Bogotá, se ve mobiliario, senderos y escaleras diseñados expresamente para estos lugares, así como faroles de la nueva iluminación eléctrica que se comenzó a implementar en Bogotá en la década de los noventa del siglo XIX.

Treinta años después de estos primeros ejemplos de parques en Colombia, como una conciencia sobre la necesidad de los ciudadanos de tener espacios verdes y abiertos, al igual que espacios urbanos para la salud, Sergio Trujillo Magnenat (1911-1999), hizo para el Ministerio de Educación, dentro del contexto de la reforma educativa del gobierno liberal  (1934-1938) de Alfonso López Pumarejo (1886-1959), una serie de láminas de niños y niñas realizando actividades al aire libre, que ilustran temas como la higiene y la importancia de la actividad física y el deporte para la salud.

Elaboradas en colores planos y líneas sueltas y sencillas, las dos láminas incluidas en esta selección, las cuales forman parte de un conjunto mayor de láminas en la Colección de Arte del Banco de la República, desarrollan escenas escolares en parques, huertas o jardines, cuya inocencia no se discutiría a los ojos de hoy. Sin embargo, las ilustraciones generaron indignación y rechazo desde el ala conservadora y de la Iglesia, no solamente por las imágenes mismas sino a las reformas que implicaban. Por ejemplo, según los testimonios recogidos por el historiador Renán Silva que menciona Juan Pablo Fajardo en el catálogo de una exposición itinerante realizada por el Banco de la República en 201310, la actividad física para las mujeres en ropas cómodas era algo visto como inmoral y que inducían a la perversión. De Trujillo Magnenat también incluimos una obra que representa la soledad de las calles capitalinas en una tarde de domingo, en un parque ubicado en la calle 42 con avenidaCaracas, en el barrio Santa Teresita de Bogotá, donde el pintor capta la luz particular de esta ciudad y donde se destacan en el vergen una palma fúnebre y la estatura de un expresidente.

Luis Roldán (1955) hizo un conjunto de 32 pinturas de la serie Parque de la Independencia, que se exhibieron en 1994 en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Sobre esta serie se ha mencionado en varias ocasiones11 el interés de Roldán por artistas como Andres de Santa María (1860-1945), en relación con la materialidad del óleo y los fuertes empastes de pintura. Estas zonas de color y fuerte textura, junto con el estudio del motivo, el Parque de la Independencia representado también por Páramo en esta sección de la exposición, ubican a la obra entre la abstracción y la realidad. La referencia a Santa María y a los pintores impresionistas hace pensar que la obra es también una manifestación abstracta de la experiencia en el parque con la luz bogotana y los colores que toma con la cercanía de las montañas, la vegetación y la arquitectura de techos rojos que predominaba en la época en que se inauguró el parque.

Rogelio Salmona, autor del diseño del Parque Museo del Oro Quimbaya, se interesó en la arquitectura prehispánica de la que su obra recibió influencia a partir de sus visitas a varios lugares arqueológicos en México. Como se menciona en el portal de la fundación dedicado a su trabajo12, en visita a lugares como Tlaxcala “quedará impactado por la organización urbana de sus plazas a distintos niveles, conformando una secuencia de espacios concatenados y donde vio también reflejadas sus búsquedas arquitectónicas”. El museo es depositario de algunas de estas referencias que alimentan la obra de Salmona. Aunque en este momento todavía no se había dado a conocer el hallazgo en Colombia de Ciudad Perdida, en la Sierra Nevada de Santa Marta —complejo terraceado de la cultura tayrona del siglo VIII de nuestra era—, sí era bien conocido el uso de las terrazas como estructura urbana y arquitectónica, y también como parte de las técnicas de cultivo a lo largo y ancho del continente americano.

Estas referencias, usadas en la arquitectura, son también uno de los intereses en el desarrollo de la obra de Eduardo Ramírez Villamizar (Pamplona, 1922 - Bogotá, 2004), quien a través de la geometría y la abstracción logró un encuentro con las culturas indígenas de Colombia y Suramérica. La obra Terrazas, de Ramírez Villamizar, se instala de manera permanente en una de las terrazas del museo, en diálogo con la arquitectura y con el nuevo jardín arqueobotánico, que se inaugura en 2022, junto con la obra de restauración y renovación del edificio, en la que precisamente una de las secciones a cielo abierto habla de las técnicas de cultivo desarrolladas en terrazas.

Referencias bibliográficas

9 Claudia Cendales Paredes. La vida privada de los parques y jardines públicos. Bogotá, 1886-1938. Bogotá: IDOC, 2020. Volver arriba

10 Juan Pablo Fajardo. Sergio Trujillo Magnenat, artista gráfico. Bogotá: Banco de la República, 2013. Volver arriba

11 Nicolás Gómez y Ximena Gamma. Luis Roldán. Periplo: una retrospectiva. Bogotá: Banco de la República, 2016; y Alejandro Martín, Cecilia Fajardo-Hill y José Ignacio Roca. Sueños y vigilias de Luis Roldán. Bogotá: Compañía de Seguros Bolívar, 2013. Volver arriba

12 Ana María Apud Apud. Sincretismo en la Arquitectura Moderna Latinoamericana. Componentes Islámicos en la obra de tres Arquitectos: Julio Vilamajó, Luís Barragán, Rogelio Salmona. Universidad Pablo de Olavide. Recuperado de: http://inicio.fundacionrogeliosalmona.org/noticias/noticias-de-la-fundacion/laacademiaysalmona-1 Volver arriba

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Domingo, Avenida Caracas