Artistas
Jorge Daniel Lucero Bernal
Andrés Fabián Domínguez Urrea
Jeison Castillo
María Irene Silva Zafierekudo
Nicolás Garzón Cabezas
Víctor ArielGutiérrez Baos
Ana Calle
Ana Lucía Tumal
Fabián Pianda
Patricia Martínez
Aldibey Jaidiber Talaga Camayo
David Antonio López
Diego Mendoza Imbachí
Eyder Yangana Palechor
James Campo
Mauricio Cuchimba
Richard Bravo Salamanca
Tania Beltrán
Yasmín Rocío Muñoz
Yober Arbey Melo Daza
Intercambios artísticos en época de pandemia –Interior Exterior– nos puso a pesar hacia dentro, como lo vienen diciendo las comunidades indígenas del Cauca: “una minga hacia adentro”, al interior del alma, al corazón. En suma, girar nuestra mirada y atención hacia el territorio y a los que son tierra.
Nuestra atención se había pasado sobre la queja por el encierro y así silenciaba quejas más profundas, la cotidianidad del Cauca y las regiones que se disputan, o por el narcotráfico, o por el extractivismo. Entonces el dolor comenzó a ser perceptible, las masacres, desplazamiento forzado, el asesinato sistemático de líderes sociales y jóvenes, dificultades, o enfermedades sociales curables que no han recibido un tratamiento de sanación correcto, la afirmación de la dignidad y la soberanía estética de nuestros pueblos originarios: el interior.
Comenzó entonces un proceso para recordar nuestra identidad, así como uno de los principios fundamentales que ha sostenido la vida en los territorios: la enmingada. Dar lugar a una gran minga que vinculó al sur occidente, con el pacífico y la Amazonía, para, aunque sea virtualmente por ahora, volver a encontrar 21 artistas, todos de la curaduría de imagen regional para el año 2021.
Fuimos testigos de la manifestación del territorio. Si nosotros nos quejamos, nuestro territorio nos protege y alimenta, nos brinda los elementos necesarios ya que son las abuelas y abuelos que ya aprendieron a habitar cada aquí, de cada uno. Somos el arte del territorio y nuestros territorios no temen, la vida es algo que no detiene su florecer.
En Leticia se reunieron 3 personas a quienes les coincidía el “pico y cédula” y lograron hacer un colectivo para poder hacer y apoyarse en este ejercicio. Desde diferentes comunidades le apostaron a hablar desde lo tradicional ancestral con ritos, ofrendas, resolvieron sus instrucciones con guito, mambe y semillas, pero también cantaron en liricas urbanas a contextos reales.
Desde Pasto, Nariño, 5 artistas en una línea muy cercana, se enfocaron en los afectos, las semillas y la memoria del álbum familiar. Por medio de la oralidad éstos fueron los insumos de sus creaciones.
En cuanto al Cauca, diez artistas de diferentes pueblos originarios, territorio y por tanto problemas, partieron desde sus moradas, el caminar sin limitantes, la siembra, las recetas de los abuelos y sobre todo sus palabras. Reconectarse a la madre tierra fue una de las formas, pero también la denuncia social expresada en carteles de papel periódico con letras rojas, sin miedo, para poner en las fachadas de esta ciudad hipócritamente blanca y conservadora, que también fue decorada con los paisajes corinteños de luces navideñas que hacen analogía con las montañas.
La naturaleza encuentra su forma de cicatrizar y sanar: las semillas en jigras germinan como la esperanza, trabajos con tierra de colores que demuestran el follaje, el desgaste en ocres; la infinita metáfora que posibilita las imágenes es poesía hecha fachadas, rituales, distancia y algunas sábanas en la intimidad del sueño. Semillas voladoras, dibujos con cemento, bocas de cerámica como textos de mujeres, fueron y son esta gran experiencia de tejer vida, rica en emociones, sensaciones, compañerismo, lealtad, compromiso y creación territorial desde la distancia en épocas de pandemia, donde lo único que hemos perdido es el miedo y lo que florece es persistencia y resistencia enmingada.
Edinson Quiñones, curador.