Artistas de esta región:
Jair Galindo
Cinthya Escorcia
Alexis Villanueva
Aníbal Maldonado
Camilo Pineda
Gustavo Carrillo y Sthefany González
Colectivo S.O.S.
José Álvarez
Libia Lorena Gullo
Luis Mendoza
Olga Huyke
Sergio Vega
Tomás Martínez
Vidal Monroy
Emma Anna
Eusebio Siossi
Carmen Lucina Rodríguez
Michell Mundo
Aurea Oliveira Santos
Manuel José Páez "Bocese"
Martha Rosario Pérez
Isabel Roncallo Uribe
Julia Rosa Uribe Moreno
La estrategia diseñada por el Banco de la República y titulada Intercambios artísticos en época de pandemia -INTERIOR / EXTERIOR- a raíz del aplazamiento del programa IR9 por la emergencia sanitaria mundial, fue muy bien recibida por los veinte y cinco (25) artistas que habían sido seleccionados de la zona Caribe e Insular que comprenden los departamentos de Atlántico, Magdalena, Guajira y San Andrés, Providencia y Santa Catalina. El proyecto llega a todos los artistas y al curador en un momento y en unas circunstancias de incertidumbres que significaron una identificación con los propósitos que este buscaba y con un contenido que suscitó total acogida.
Posiblemente la persona menos preparada para lo que sería realizar una curaduría a distancia, a través de canales, medios y redes de comunicaciones era el propio curador. Así que, en caso de señalar alguna dificultad en el desarrollo de este proyecto alternativo, y puedo reconocer que tuvo que ver más con la falta de destrezas tecnológicas que no con las comunicaciones en sí; las cuales fueron activadas desde el inicio por medio de celulares y WhatsApp, e-mails personales y desde la plataforma del Centro Cultural del Banco de la República sucursal Santa Marta.
Ya bien entrados en cuarentenas por la pandemia, informados y conociendo a cabalidad el proyecto Interior-Exterior, se presentaron cuatro situaciones que se solucionaron de la siguiente manera; el joven artista Sebastián Meek de Barranquilla prefirió no participar por estado de salud emocional que según él no le permitiría un buen nivel en su desarrollo del proyecto y la artista veterana de Santa Marta Lourdes Durán por problemas personales decidió tampoco estar en el proyecto; pero ambos siguen en IR9 y se han mantenido informados a través de los foros virtuales y de las circulares (6) que hemos emitido a todos los correos personales durante lo que va proceso. Por el cierre de fronteras y de aeropuertos dos artistas quedaron fuera del país: en Buenos Aires, Argentina se encuentra Isabel Uribe Roncallo que está en lista de espera para un vuelo humanitario de regreso a Santa Marta y en Panamá se encuentra la tejedora Marta Rosario Pérez; ambas consultaron su participación desde esos sitios de cuarentena y el Banco aceptó esa posibilidad. La primera de ellas, hija de padre chileno y madre barranquillera, criada en Polonia, dio instrucciones a sus compañeros del trabajo callejero, urbano y grafiteros para realizar su obra en una fachada de vivienda abandonada en el centro histórico de la ciudad de Santa Marta y la segunda intervención “Somos Pueblo” con instrucciones recibidas de Diego Guerrero desde Buenaventura, logrando hacerla por la sencillez de la pieza, bajo sus instrucciones a larga distancia. Está en la fachada de la casa de sus abuelos maternos en Tenerife, puerto sobre el río Magdalena. La segunda artista y tejedora profesional, realizó ambas obras en técnica de patchwork con apliques e insertos con contenidos y mensajes acordes con las instrucciones recibidas de Andrés Fabián Domínguez desde Leticia, Amazonas, con los tiempos y las necesidades y con las normas establecidas para el vestíbulo del edificio donde se encuentra en la ciudad de Panamá cumpliendo restricciones en tamaños y ubicación. Junto a estas dos artistas y también samaria, Julia Rosa Uribe, utiliza la misma técnica del foto-performance para sus dos obras: “Aliento” y “Ofrenda para Sara”; en ambas, encontramos una carga de nostalgias y gratitudes, de evidencias de los imperecederos lazos afectivos y familiares, del amor fraternal y sobre todo del cuidado y la solidaridad por los más vulnerables, que para esta última obra sugirió Jeisson David Castillo desde Leticia, Amazonas y que la artista interpreta a partir de las viejas fotografías de su familia que procesa en secuencias para luego compartir con familiares y vecinos en la terraza de su residencia.
De las veinte y tres (23) propuestas de la subregión denominada Caribe e Insular que agrupa a veinte y cinco artistas dado que dos proyectos son presentados y desarrollados por parejas: Héctor Borelly Y Lenín Morón o Colectivo S.O.S., residentes en Puerto Colombia y la pareja conformada por Sthefany González y Gustavo Carrillo quienes residen en un barrio popular de Barranquilla. Éstos últimos presentaron la impactante y muy ricamente construida instalación “Rojo” para la primera obra, de un sensible contenido en términos de empatía y solidaridad, apoyándose en el color simbólico de las familias necesitadas y urgidas de asistencia social; y de una manera más sencilla, pero escueta y directa, interpretaron las instrucciones recibidas de Carmenza Banguera (Cali) bajo el título de “Vomitarios”. La primera pareja, que vienen trabajando en acciones sociales y comunitarias desde hace algunos años a través del cine, cortos, videos y fotografía, realizaron un set de 2.00 x 3.00 metros para 25 imágenes, “Anagnórisis” – identidades reconocidas y reencuentros después que las circunstancias y el tiempo nos han separado- que involucran a su comunidad en una especie de mosaico compilador de actividades, oficios, arquitectura, contexto biodiverso, entre otros aspectos identitarios; y en técnicas de video y performance, hicieron las instrucciones recibidas de la artista caleña Cindy Muñoz, pero apoyándose en una popular y local leyenda gótica y urbana que titularon “La Novia” la cual recrea el penar del alma de una jovencita recién casada que muere accidentalmente. Otra pareja, que sin embargo presentó proyectos individuales y por separado, es la conformada por Lorena Gullo Mercado y Vidal Monroy: Vidal Monrroy, desde otro sector popular de Barranquilla, diseña una pieza que incluye la acción, el diseño de vestuario y un periplo con paradas en los sitios emblemáticos de la ciudad para su obra “Contención” con una postura abiertamente crítica sobre el desinterés de las dirigencias políticas por las instituciones y la cultura de la ciudad y de una manera muy recursiva, fabrica “Salamandra” un artefacto para cocinar, siguiendo las instrucciones de Nashly Rueda desde Cali, pero también inspirado en los anafes o braseros utilizados por las cocinas ambulantes en el rebusque callejero y de tradición popular. De manera parecida al anterior artista, por lo menos en la forma acertada en que conciben, interpretan y exhiben sus obras, la barranquillera Lorena Gullo Mercado integra en el antejardín de su vivienda sus dos trabajos: “Anhelos” a manera de coloridos origamis en la libertad de sus vuelos con la pieza “Fragmentos de Cielo” , resultado de las instrucciones del artista Jean Lucumí también de Cali, en la que ella atrapa ese inmenso espacio cada vez más vedado y oculto por la polución, los muros y las construcciones citadinas.
En el campo de la musicalidad, hubo sintonía entre la artista de origen australiano Emma Anna residente en Barranquilla y el caleño Pablo Daza cuando aquella realiza la instalación que titula “Música para jaula”, una especie de órgano o marimba aprovechando el enrejado de su residencia para crear a partir de embalajes acumulados y reciclados durante el tiempo de cuarentena un singular instrumento de percusión expandido con los colores del arco iris y con multiplicidad de formas y diseños, en el mismo espacio donde había mostrado su primera obra confeccionada con tiras de telas recicladas que ella tituló “Anidamiento”. Partiendo también del concepto Habitar, Aníbal Maldonado, realiza a manera de un fanzine su primera obra que titula “Apartamento 340” utilizando el dibujo para exaltar los elementos cotidianos y domésticos que luego compartió con sus vecinos y que ellos a su vez le retornaron, algunos primorosamente intervenidos. Apoyado en su talento, ilustra la propuesta que le envía la artista de Cali, Ana María Ortiz; “Pensamiento”, como un tratado botánico de plantas alimenticias y medicinales sobre papel hecho a mano que a su vez contienen las semillas con indicaciones tanto de sus propiedades como de su cultivo para el intercambio con miras a compartir los ideales de buena alimentación, salud y conservación del medio ambiente.
Las preocupaciones conservacionistas y ecológicas se perciben en toda la trayectoria de Carmen Lucina Rodríguez Brito de Fonseca, Guajira, quien para su propuesta inicial cuestiona las prácticas de “Enjaulamiento” de aves muy extendidas en la cultura regional, tema que hábilmente ella conecta con las restricciones y el confinamiento en tiempos de pandemia. En su segunda obra, “Serrucho”, en técnica de collage aborda el mal de la corrupción como el obstáculo número uno en la viabilidad de la nación, lo cual complementa con textos musicalizados en ritmos sugeridos por Nicolás Garzón desde Leticia, Amazonas. Eusebio Siosi, desde Riohacha, Guajira, con sus raíces Wayuu y apoyado en el arte-acción ha recreado muchos de los rituales propios de su cultura como en su performance “Alteraciones” inspirado en la significación y la trascendencia de los sueños, así como en las perturbaciones que se manifiestan cuando el cuerpo es sometido a inhibiciones y encierros para algunas de sus prácticas ancestrales. Irónicamente a este artista del desierto y la sequía perenne, le corresponde interpretar las instrucciones de Víctor Ariel Gutiérrez Baos desde un contexto totalmente opuesto como es la Amazonía colombiana, húmeda y selvática, y lo hace para su obra “Un nuevo respiro” utilizando técnicas que comparten ambos pueblos en sus tradiciones como los pigmentos naturales a base de esporas de hongos mezcladas con resinas o aceites animales para sus pinturas faciales tanto en la mujer wayuu como en las comunidades indígenas de Leticia. Siendo de ancestros colombianos, Michell “Mundo” Briceño, es nacida en Maracaibo, Estado Zulia y refugiada de Venezuela por la crisis actual que atraviesa el vecino país; a pesar de sus 19 años asume en su primer trabajo una postura cuestionadora de las falsas independencias de nuestros pueblos y en un montaje escénico cargado de humor y sarcasmo recrea el eurocentrismo y el neocolonialismo soterrados en ambas culturas nacionales como lo apreciamos en esa precaria obra titulada “El Teatro del Covid o La ilusión de lo que no es” que ella instala en su improvisado hábitat en un parqueadero de Riohacha. Al seguir las instrucciones que le envía desde Leticia, Amazonas la artista María Irene Silva, la joven residente en la Guajira ilustra con recursos de diseñadora la historia/leyenda “El Muñeco Jimoma”, narrando sucesos de encuentros entre las tribus Jimoma y Murui, de los que quedan rituales y procedimientos, pertinentes en las circunstancias actuales del mundo, para alejar las epidemias y las plagas evitando enfermedades y pestilencias.
Para Cinthya Escorcia, el distanciamiento social como medida preventiva para evadir el contagio dio título a la acción “6 pies de Distancia” que realiza en su pequeño jardín, logrando transmitir emociones como la tensión y la fuerza, que figuran entre sus preocupaciones al lado de la rutina, lo vacío, las dudas; frecuentes en sus video-performance, fotografías e interacciones. De tal manera que asume las instrucciones dadas por la artista Stefanny Rodríguez Ospina desde Pereira sin distanciarse mucho de sus móviles personales manteniendo tanto en los bodegones como en su jardín interior la sencillez y la limpieza que no le impiden reafirmarse en su obra “Siete días de Julio” a través de los objetos y las palabras seleccionadas en esos sentimientos de lo cotidiano, de pérdida y fragilidad tan compartidos en estos tiempos.
Por su lado; Olga Huyke, también desde Barranquilla se sigue afianzando en el manejo de los conceptos de tiempo y espacio, y en los posibles cambios y estragos que estos puede provocar en todo lo natural, lo cósmico, incluido en los materiales y procesos efímeros que ella utiliza, que se concretan en su primera instalación, “Pausa” a manera de bloque conceptual que de manera consecutiva termina cubriendo los muros exteriores de su vivienda de una manera fina, sobria y precisa; lo cual contrasta con su segunda obra desarrollada a partir de las instrucciones sugeridas por el artista caleño Juan Guillermo Tamayo, titulada “Mar” y la cual, desde su formato de cartilla para compartir, sintetiza la obsesión por la inmensidad y por comprimir el mundo en nuestros espacios íntimos y privados. De manera muy sencilla, así como lo es su trabajo en técnica de dibujo y grafito, Luis Mendoza Ruda, se compenetra con el nivel socioeconómico de uno de los sectores informales de Barranquilla para ofrecer un dispensario de recetas tradicionales de cocina popular, ilustradas, con límites de ingredientes, de bajos costos para compartir fotocopiadas con sus vecinos. Un “Recetario casero para confinados”, desde una estética marginal, una forma simbólica de acercarse a una comunidad que sabe de pobreza y violencia; pero también muy práctico, por cuanto estos cuadernillos de bolsillos ayudan a una dieta fácil y saludable que el artista amplia por las instrucciones recibidas desde Cali de la artista John Johna Campo que lo lleva a extender su trabajo a barriletes, servilletas e individuales para mesa como soportes de las preparaciones suministradas por su abuela. Las instrucciones enviadas por María Cecilia Isaza desde Cali a Tomás Martínez en Barranquilla, le afianzan su esencia de pintor pop quien concibe un “Amuleto” de origen precolombino y lo convierte en el típico muñeco de peluche y felpa del consumismo inútil y de gran demanda que plasma en su muro junto a una primera obra donde insertaba a diseños de baldosas, viñetas de comics y gráficas populares que él había titulado “Boom, Bang, Tank, Pumm”.
La interacción con el espectador y la comunicación con los públicos son búsquedas constantes del artista barranquillero Alexis Villanueva a través de su obra, que para su primera propuesta titula “Fruto” e invita al transeúnte a expresarse con las pautas que él les da, instándolos a colgar de un frondoso árbol de mango ubicado al frente de su casa, reflexiones y pensamientos de carácter personal, social y político con carteles y con textos en vez de imágenes. Y por coincidencia fortuita, recibe del artista Jorge Noreña Ocampo de Pereira, sugerencia para complementar la intervención en el espacio público que ya había realizado: identificar en un recorrido alrededor de su residencia acciones, personajes y circunstancia presentes en el vecindario y de manera hábil logra “Un poco de sombra para el camino” que contiene imágenes esquematizadas de las necesidades, actividades y hábitos que buscan una sensación climática más amables y soportables.
Sergio Vega incursiona sobre la naturaleza misma; es más, parte del significado de su propio apellido y se extasía en su concepto paisajístico, casi contemplativo pero va más allá, la interviene y la exalta con conocimiento de cultivador y campesino, pero ya con las técnicas visuales y fotográficas para realizar “Proyección de jardín” en su hábitat personal. Ese mismo espacio íntimo, el cual abre para la naturaleza, también es el mismo que elige para recrear las sugerencias del artista caleño Luis Tobón-Luto- quien desde Cali le propone la reflexión visual “Las banderas son de Colores” que aprovecha para declarar su soberanía como individuo, como miembro social y familiar; que confronta con insolencia visual los paradigmas de un estado que solo domina, que no lo protege ni a él ni a la naturaleza misma y con el cual no se identifica ni siquiera en sus símbolos patrios. Camilo Pineda que ha mantenido una estrecha sintonía con la música y la sonoridad en su trayectoria, propuso para su primer trabajo una fuente para audio instalada en su apartamento para amplificar en conjunto cerrado habitacional un programa llamado “Ruina entrópica” con estructura de emisión radial de carácter pedagógico y educativo en la medida que ayudaría a diferenciar los conceptos de lectura, música, sonido y ruido. La pieza en sí es un desafío a los parámetros establecidos y a ciertas actividades requeridas para la electroacústica como organizar, editar, mezclar, componer, entre otras. Este paisaje sonoro emitido con los tiempos y los horarios permitidos por la administración del complejo residencial es muy distante de la segunda obra planteada por la artista Angie Montenegro Velazco de Cali, que ha sido interpretada en técnica de pintura sobre tela instalada en el balcón de su apartamento. Así mismo, para José Álvarez, totalmente centrado en el trabajo corporal se ve abocado a trabajar de manera esquemática y con trazos rápidos en pintura blanca sobre una larga pieza de tela negra, las instrucciones suministradas por su compañero de Cali, el artista Elbin Grueso Cuero, enfatizando así el valor y el respeto por la vida, en un país donde los asesinatos de líderes sociales, la violencia y el baño de sangre han sido selectivos y dirigidos especialmente a las comunidades negras, indígenas y campesinas. Sin embargo el profesionalismo del manejo corporal del artista barranquillero es evidente en los registros fotográficos no sólo en esta, sino en la primera obra, titulada “Habitación”; un performance escenificado pulcramente en el techo de su casa como plataforma para un cuerpo expandido y expulsado del confort de su intimidad. Y precisamente, sobre fondos blanco y negro trabaja Jair Galindo sus dos propuestas, y para ambas el recurso visible es el dibujo; para la primera, sobre muro blanco en soporte fragmentado, la fuerza de un gesto tierno y para la segunda, con sugerencias de la artista de Medellín, Ximena Escobar Piedrahita, construye un móvil tridimensional fondeado en color negro, donde el cuerpo y la mente por la inhibiciones del momento recurren a gratas añoranzas.
Desde la isla de San Andrés, residenciado desde niño, Manuel José Páez -Bocese- usando como medio la pintura, selecciona franjas verticales con las tonalidades que se distinguen en los mares del archipiélago y sobre ellas selecciona símbolos tanto de los prodigios como de los males de este paraíso en medio del “Mar de siete colores” y como si se tratara de aguaitar o vigilar desde un ventanal, realiza un rostro de gran formato sugerido por Sergio Hurtado Grajales desde Armenia. También desde Armenia, Erika Orozco Lozano le da sugerencias a Aurea María María Oliveira Santos de origen brasilero y residenciada en la isla para ensayar una puesta museográfica “Museo en casa” con objetos y piezas significativos tanto en lo personal como en lo cultural. Para la artista isleña que ha incursionado en la memoria y en la historia de este fragmento de país en el mar Caribe, su primera propuesta es un mural de 17 metros de largo que continúa en proceso con la participación de los habitantes del sector y con el propósito de crear sentimientos de pertenencia y tolerancia en una estructura social frágil, compleja y diversa.
La cobertura y la complejidad de esta propuesta estratégica presentada por el Banco de la República, no nos permite aún dimensionar los alcances que tendrá este proyecto en las regiones, en sus artistas y en sus comunidades; pero la compenetración de todos los sectores involucrados en contextos particulares y circunstancias atípicas; las realizaciones forzadas a investigaciones y creaciones exaltando pensamientos y sentires más allá de las afugias personales e íntimas; y el imperativo social planteado a través de las múltiples estéticas resultantes; sí nos puede estar dando señales desde ya, de la necesidad de concebir el arte y la vida de otras maneras.
Cristo Hoyos
En tiempos de incertidumbre, 2020