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Marcela Cárdenas Restrepo - Medellín
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Tipo de minisitio

La coyuntura actual pone en evidencia lo efímero y lo frágil de la vida, así como la inminencia de la muerte. La naturaleza es cambiante y podemos observarla desde la intimidad y lo privado en la descomposición de la materia, los ciclos de vida y el paso del tiempo. Reflexionar acerca de la fugacidad de nuestro paso por la tierra, aprender desde el encierro cómo nos relacionamos con la naturaleza y comprender que somos parte del universo puede ser un ejercicio simple dentro de lo cotidiano si le dedicamos un poco de atención, observación y reflexión diaria. Incorporar una actividad contemplativa a nuestra rutina durante un período de cuarentena, puede despejar la mirada hacia el interior de la mente, probablemente empañada, en lo que anteriormente conocíamos como estado de normalidad.

Términos clave: Memento Mori / Vanitas / Ikebana / poesía Haiku / meditación / catarsis

Instrucciones

  1. Reúna materiales de origen natural (animal, vegetal o mineral) que encuentre en su casa o en sus alrededores si le es permitido salir. Tómese el tiempo de buscarlos desde la intuición aunque podrían aparecer en el lugar y momento más inesperados como; estar paseando su mascota, preparando alimentos o limpiando el frigorífico.
  2. Ubíquelos en una superficie para visualizarlos, límpielos si es necesario, juegue con ellos, clasifíquelos, ordénelos y seleccione aquellos que establezcan algún tipo de vínculo con su estado de ánimo.
  3. Disponga la selección a su antojo y haga una composición a manera de frutero, florero, escultura o ensamble. Inspírese en bodegones, Ikebanas, tótems, esculturas comestibles, lo que sea.
  4. Instale el resultado anterior en un lugar de su casa que le permita observar sentado, cómoda y diariamente. Lo que de ahora en adelante será su “objeto de meditación”.
  5. A partir de este punto, cada día, durante diez minutos y por cuarenta días consecutivos, dedíquese a la contemplación y observación minuciosa de este objeto que no deberá ser alterado ni modificado bajo ninguna circunstancia.
  6. Al final de cada meditación diaria escriba una frase o verso de pocas palabras en un pequeño trozo de papel que se ha de doblar o arrugar y guardar en un recipiente para tal fin. Si no quiere escribir, recurra al dibujo o la fotografía. Si está muy inspirado, haga las tres cosas.
  7. Pasados cuarenta días y cuarenta meditaciones, composte, siembre, entierre u ofrezca como alimento a algún animal el “objeto de meditación”.
  8. El destino de los versos, frases, dibujos o fotografías es de libre elección: decida si volver a verlos o no, quémelos o hágalos públicos, envíelos a un destinatario en particular, reúnalos en un texto único, péguelos a manera de collage o, bien, recíclelos para despedir la cuarentena.

 

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