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Tipo de minisitio

“Ejercicios de inmensidad”

Presencia y acción frente al paisaje infinito e inmensurable.

Mi gran interés en el paisaje estriba en la necesidad

de seguir el rastro casi extinto de una inmensidad.

Óscar Leone

La obra de Óscar Leone mantiene una conexión directa con el paisaje, una correlación que complementa la intención del artista de intervenir el espacio natural y transformarlo. Cada acción que el artista ejecuta en el espacio natural, desde un paso que se transforma en una huella, testimonio de la presencia humana, es ya una alteración del ecosistema. Las acciones emprendidas por Leone afectan, en mayor o menor medida, el entorno que el artista ha estudiado previamente y que ha conceptualizado para que esa acción-intervención se convierta en un gesto de expresión artística. Sus primeras intervenciones del paisaje site specific, hechas en las playas de Pleno Mar, en el sector de Pozos Colorados, muy cerca de la ciudad de Santa Marta, se convierten en exploraciones del artista sobre el paisaje; la obra Lo que suelen ofrendar a los dioses antes de la temporada de pesca (2003) es el resultado de la acción del artista, quien ejecuta durante 40 días una serie de operaciones de tracción y fuerza con la arena de la playa, a través de su propio cuerpo, que construye y deconstruye sistemáticamente un cráter que se va expandiendo en el sitio con el correr de los días. Por otro lado, en la obra Túneles de ausencia (2004), instala la presencia de su cuerpo en el espacio como un elemento más del paisaje. Leone (2017) define su práctica artística como:

“Un andar que cruza los caminos del performance art, el video y el land art, y nace del interés de explorar las potencialidades plásticas del paisaje como escenario donde opera el binomio naturaleza-cultura en su incesante transformación”.

En esa búsqueda, el artista acude a la presencia y la acción, forjando esa resignificación del paisaje que documenta en fotografías y videos, y que son testimonio de la presencia escultórica del artista en el espacio, a partir de la premisa de que el cuerpo es un elemento matérico que se transforma también para ser instalado dentro de ese paisaje infinito e inmensurable al cual se enfrenta como artista. De igual manera, las acciones que el artista propone generan una intervención y movilización del paisaje y sus habitantes, para producir cambios posibles en el entorno natural y cultural.

En su proyecto Dentroadentro (2005-2008), una acción que consta de siete pasos, realizados en lugares de pagamento conocidos como la Línea Negra dentro de la mitología de los kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta, que consiste en sitios sagrados donde habitan algunas madres o padres espirituales, conectados en forma simbólica por una línea, la llamada Línea Negra. La acción del artista consiste en trazar físicamente en el paisaje una línea con una tela de 220 metros de longitud, en compañía de la comunidad, para recordarles a los moradores del lugar la sacralidad y el compromiso de vivir en esos territorios demarcados por la Línea Negra. Dentroadentro, en su tercer movimiento, se llevó a cabo en el complejo lagunar Ciénaga Grande de Santa Marta, iniciando los trabajos de intervención del artista en este espacio, considerado como una de las lagunas costeras más grandes del planeta, donde habitan no solo muchas especies sino también grupos humanos que se asentaron sobre palafitos hace muchos siglos; en la población de Nueva Venecia (llamada anteriormente El Morro), que vive directamente de la explotación pesquera, la comunidad hace un pagamento simbólico a la madre naturaleza desde la tradición de los pueblos indígenas.

Las piezas que se exhiben en esta muestra, titulada “Ejercicios de inmensidad”, se han realizado de manera sistemática entre los años 2010 y 2015; gracias a estos trabajos iniciales, nuevas propuestas han logrado alcanzar el nivel deseado por medio del ejercicio del ensayo y error, es decir, son el resultado de un ejercicio permanente que deviene en la construcción de otro cuerpo; un cuerpo que ha requerido un entrenamiento físico y mental para poder emplazarlo en la inmensidad del paisaje, en sitios seleccionados cuidadosamente por el artista, ya sea por su riqueza natural, histórica, simbólica o estética, como el complejo lagunar de la Ciénaga Grande de Santa Marta y la Via Parque Isla de Salamanca en el Caribe colombiano, escenarios de su serie Madreagua (2010) y Un Jesús (2013/2014), o la región de Tierra del Fuego en Argentina, donde hace también su versión de la pieza Un Jesús 2 (2015).  

La escogencia del espacio natural que el artista intervendrá está unida a varios factores: el primero de ellos es la relación que le interesa entablar en términos políticos con el territorio. Colombia, por ejemplo, se debate hoy entre la conservación de sus áreas protegidas y ciertas prácticas que las ponen en riesgo; en ese sentido, le interesa activar a través de la imagen ese juego de tensiones, entrando en diálogo con algunos de esos contextos. Así mismo, en otros espacios confluye el deseo de señalar un paisaje en tensión con la historia que allí aconteció. En otros casos, el artista simplemente trabaja sobre el sitio específico donde lo invitan a realizar un proyecto y aprovecha esa coyuntura para indagar sobre las preguntas que ese lugar le plantea, como es el caso de algunas de las obras presentes en esta exposición, desarrolladas en las regiones del Cauca y el Amazonas en Colombia, por invitación del programa “Obra viva”, del Banco de la República.

La muestra “Ejercicios de inmensidad” mantiene el interés del artista en la presencia y la acción inmersa dentro del paisaje. La primera la vemos en la serie de fotografías tituladas Aguacero (2010), en la que la imagen testimonia la presencia del artista que se va mimetizando en el paisaje del complejo lagunar de la Ciénaga Grande de Santa Marta; en la foto que se exhibe en esta muestra se hace una fusión del cuerpo con el bosque de manglar. En otra imagen, titulada Caminante (2014), el artista aparece ataviado con zancos fabricados con madera de manglar, caminando por entre el mangle, recordando los parapetos que fabricaban los colectores de conchas y ostras para extraer los moluscos del manglar y poder desplazarse fácilmente.

En otra imagen de la serie Aguacero, que no forma parte de la exhibición, aparece el cuerpo captado en el instante mismo en que cae y se sumerge en las aguas de la ciénaga. Acá el artista conecta su trabajo con los hechos históricos acontecidos en el año 2000, donde grupos paramilitares perpetraron una masacre en algunas poblaciones y lugares ubicados dentro del complejo lagunar de la Ciénaga Grande de Santa Marta, como Nueva Venecia, Caño Clarín, Buena Vista y Trojas de Aracataca. En un trabajo muy de cerca con la comunidad de pescadores y sus familias, el artista activa la memoria de las víctimas en estas piezas fotográficas, por medio del recuerdo simbólico.

Para Leone, el cuerpo siempre está omnipresente en el paisaje. Esa presencia tácita en algunas imágenes —y protagonista en otras— se evidencia en El viaje (2014), proyección de video en la cual se recoge el cuerpo yacente del artista depositado por dos pescadores en las aguas de la ciénaga, a manera de ofrenda o pagamento ancestral, del mismo modo en que se ofrenda un pedazo de madera cortada de un árbol, una piedra o un pez; en este caso, el cuerpo se trabaja como una materia escultórica; y en la obra Amazonas, de la serie Biofilia (2015), proyección de video a dos canales con sonido, la presencia del artista en la selva amazónica colombiana es revelada por la acción de otro sujeto, que a  semejanza de un chamán aplica sobre el cuerpo presente del artista una sustancia a base de tabaco rapé que se proyecta por vía nasal, en una danza ancestral llamada “el baile del muñeco”, realizada cada año por los pueblos que habitan la región de los ríos Apaporis, Mirití-Paraná y Caquetá, para celebrar la cosecha del chontaduro. Este poderoso estimulante, conocido como oshca en la Amazonia colombiana, es básicamente tabaco pulverizado y seco, cortado cuando la Luna está en menguante y aspirado como parte de las prácticas curativas de la medicina tradicional de la selva.

Igualmente, el artista interviene el espacio natural por medio de la acción, abriendo nuevas posibilidades en la relación del sujeto (cuerpo) con el mundo (paisaje). Lo vemos en la serie de tres intervenciones en el espacio llamadas Un Jesús, hechas en la Vía Parque Isla de Salamanca, en Colombia (2014), y en la región de Tierra del Fuego, en Argentina (2015). Esta pieza forma parte de la serie denominada Ejercicios de inmensidad,  realizada originalmente en el Caquetá (2012) y en Honda, en el Tolima (2013), pero llega a su maduración en la versión efectuada en la isla de Salamanca (2014), donde el artista corre paralelo a la línea del horizonte y se ve impedido ante la imposibilidad de rebasar el paisaje, puesto que está atado a una cuerda que le tira el cuerpo hacia atrás, generando una tensión que evita que el cuerpo avance. En este caso, la obra alude a temas de deterioro ambiental que amenazan la ciénaga y que son difíciles de frenar, como el afán  del desarrollo frente a las áreas protegidas, tensiones que se viven hoy en día en la Vía Parque Isla de Salamanca ante la amenaza del desarrollo agrario que está invadiendo el parque natural, por medio del relleno de partes del humedal para la siembra de cultivos de palma de aceite y banano, la tala indiscriminada y la actividad ganadera.

En su versión de Tierra del Fuego, el artista corre hacia una humareda, símbolo de la huella extinguida de los selknam, llamados también onas, quizás la tribu originaria más antigua de Suramérica, desaparecida en las primeras décadas del siglo XX por un proceso de exterminio masivo. Según algunos relatos historiográficos, cuando los primeros expedicionarios, acompañados de Fernando de Magallanes, arribaron a las costas de la Patagonia, quedaron impresionados con las hogueras avivadas por los onas, las cuales podían divisarse desde el mar; de ahí el nombre de Tierra del Fuego.

En la pieza Secuencia de un hombre que camina (la tierra), videoproyección de gran formato, el artista recoge un poco de cada una de las obras anteriores. La secuencia de imágenes muestra a un hombre caminando con una pata de res al hombro (en alusión a un caminante), que se desplaza en un largo trayecto (en alusión al viaje) por la carretera de Santa Marta a Barranquilla, vistiendo las botas y la indumentaria tradicional del matarife de ganado, recordándonos las presiones ambientales de la ganadería extensiva en tales espacios naturales (en alusión a Un Jesús). Así, en el video se recoge un poco de los proyectos anteriores, con los cuales se conecta y va derivando en su discurso propio, puntualizando en este caso cómo la ganadería es una de las actividades más contaminantes y depredadoras del paisaje y el medio ambiente.

Las acciones de Óscar Leone con el paisaje van más allá de lo natural e implican lo relacional, la interacción cultural con la gente que lo habita, y también forman parte de él. Esa interacción está permeada por la cultura, es una inmersión en el mundo del otro, en las piezas de la serie Oro sucio - El Dorado y Ejercicios de inmensidad: espejo, realizadas en colaboración con Dália Rosenthal (Brasil); al explorar esos relatos de la colonización, los artistas evocan simbólicamente ese intercambio de oro por espejos hecho por los nativos con los conquistadores, narrado por los cronistas de la época. En dichas prácticas se evidencian estructuras hegemónicas de poder que hoy, 500 años después, se mantienen vigentes en algunas regiones del país, donde se sigue marginando a la población indígena.

Para Óscar Leone, la colaboración y la relación con otros artistas y sujetos es parte de su trabajo, de su modus operandi, pues no puede existir la evidencia de sus acciones sin la presencia del registro, y para que exista el registro deberá estar presente un equipo de producción o simplemente alguien que resuelva la documentación; desde ese momento, ya empiezan las colaboraciones. En otros casos, la obra se activa con la participación de la gente, de los habitantes del territorio, en las denominadas nuevas prácticas artísticas y la estética relacional. En cuanto a la colaboración con otros artistas, como Dália Rosenthal, esta se ha intensificado con la realización de una exposición juntos titulada “Cosas prohibidas” (2017), para el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo en Santa Marta (Colombia); en esta muestra sus obras dialogan en temas muy afines, como la conservación natural y los problemas ambientales y sociales.

Fiel al postulado de Joaquín Torres García de “nuestro norte es el sur”, Óscar Leone ha desarrollado su práctica artística en el Caribe colombiano, pero ha encontrado escenarios de diálogo en el sur del continente, especialmente en Argentina y Brasil, donde reside parte del tiempo. Leone ha participado en eventos y exposiciones de relevancia, como la 3ª Bienal del Fin del Mundo, en Ushuaia, Argentina (2011), y en la exposición “Naturantes”, en el Paço das Artes de São Paulo, en Brasil (2014). Igualmente, ha sido invitado a importantes muestras, como “Caribbean: Crossroads of the World”, organizada por el Museo del Barrio de Nueva York, en colaboración con el Museo de Arte de Queens y el Studio Museum de Harlem de Nueva York (2012), así como el proyecto “Latin American Cartographies” (2017), en Bozar, Bruselas.

La muestra “Ejercicios de inmensidad” ratifica la disciplina y el trabajo de uno de los artistas contemporáneos más relevantes del Caribe colombiano y más comprometidos con su entorno, al que está arraigado desde su práctica, pero también desde los conceptos y las ideas que nacen de ese mismo contexto, los cuales vemos presentes en cada una de sus obras realizadas en cualquier parte del mundo.



JAVIER MEJÍA

Curador independiente

Santa Marta, mayo de 2018

Imagen principal Media
De la serie Ejercicios de inmensidad, Aguacero I - 2010. Fotografía en color sobre papel 100 × 120 cm.
Imagen
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Fecha de publicación