Ejercicios de inmensaidad
Presencia y acción frente al paisaje infinito e inmensurable
Mi gran interés en el paisaje estriba en la necesidad
de seguir el rastro casi extinto de una inmensidad.
Oscar Leone
La obra de Oscar Leone (Colombia, 1975) mantiene una conexión directa con el paisaje, una correlación que complementa la intención del artista de intervenir el espacio natural y transformarlo. Cada acción que Leone ejecuta en el espacio natural, desde un paso que se transforma en una huella, testimonio de la presencia humana, es ya una alteración del ecosistema. Así, la práctica artística de Leone se puede definir como “Un andar que cruza los caminos del performance art, el video y el land art, y nace del interés de explorar las potencialidades plásticas del paisaje como escenario donde opera el binomio naturaleza-cultura en su incesante transformación”.
En esa búsqueda, el artista acude a la presencia y la acción, forjando esa resignificación del paisaje que documenta en fotografías y videos, y que son testimonio de la presencia escultórica del artista en el espacio, partiendo de la premisa de que el cuerpo es un elemento matérico que se trabaja también para instalar dentro de ese paisaje infinito e inmensurable al que se enfrenta como artista.
Las piezas que se exhiben en esta muestra, titulada “Ejercicios de inmensidad”, son obras que se han realizado sistemáticamente entre los años 2010 y 2015, derivadas de estos trabajos iniciales, nuevas propuestas que mediante el ejercicio del ensayo y error alcanzan el nivel deseado; es decir, son el resultado de un ejercicio permanente que deviene en la construcción de otro cuerpo, un cuerpo que ha requerido un entrenamiento físico y mental para poder emplazarlo en la inmensidad del paisaje, en lugares cuidadosamente seleccionados por el artista, ya sea por su riqueza natural, histórica, simbólica o estética, como el complejo lagunar de la Ciénaga Grande de Santa Marta y el Parque Vial Isla de Salamanca, en el Caribe colombiano, escenarios de su serie Madreagua (2010) y Un Jesús (2013/2014), o la región de Tierra del Fuego, en Argentina, donde hace también su versión de la pieza Un Jesús 2 (2015).
La escogencia del espacio natural, que será intervenido por el artista, está unida a varios factores: el primero de ellos es la relación que le interesa entablar, en términos políticos, con el territorio. Colombia, por ejemplo, se debate hoy entre la conservación de sus áreas protegidas y ciertas prácticas que las ponen en riesgo; en ese sentido, le interesa activar a través de la imagen ese juego de tensiones, entrando en diálogo con algunos de esos contextos. Así mismo, en otros espacios confluye el deseo de señalar un paisaje en tensión con la historia que allí aconteció. En otros casos, el artista simplemente trabaja sobre el sitio específico, donde lo invitan a llevar a cabo un proyecto, y aprovecha esa coyuntura para indagar sobre las preguntas que ese lugar le plantea, como es el caso de algunas de las obras presentes en esta exposición desarrolladas en las regiones del Cauca y el Amazonas en Colombia, por invitación del programa “Obra viva”, del Banco de la República.
Para Leone, el cuerpo siempre está omnipresente en el paisaje. Esa presencia tácita en algunas imágenes —y protagonista en otras— se evidencia en El viaje (2014), proyección de video en la cual se recoge el cuerpo yacente del artista depositado por dos pescadores en las aguas de la ciénaga, a manera de ofrenda o pagamento ancestral, del mismo modo en que se ofrenda un pedazo de madera cortada de un árbol, una piedra o un pez; en este caso, el cuerpo se trabaja como una materia escultórica; y en la obra Amazonas, de la serie Biofilia (2015), proyección de video a dos canales con sonido, la presencia del artista en la selva amazónica colombiana es revelada por la acción de otro sujeto, que a semejanza de un chamán aplica sobre el cuerpo presente del artista una sustancia a base de tabaco rapé que se proyecta por vía nasal, en una danza ancestral llamada “el baile del muñeco”, realizada cada año por los pueblos que habitan la región de los ríos Apaporis, Mirití-Paraná y Caquetá, para celebrar la cosecha del chontaduro. Este poderoso estimulante, conocido como oshca en la Amazonia colombiana, es básicamente tabaco pulverizado y seco, cortado cuando la Luna está en menguante y aspirado como parte de las prácticas curativas de la medicina tradicional de la selva.
Igualmente, el artista interviene el espacio natural por medio de la acción, abriendo nuevas posibilidades en la relación del sujeto (cuerpo) con el mundo (paisaje). Lo vemos en la serie de tres intervenciones en el espacio llamadas Un Jesús, hechas en el Parque Vial Isla de Salamanca, en Colombia (2014), y en la región de Tierra del Fuego, en Argentina (2015). Esta pieza forma parte de la serie denominada Ejercicios de inmensidad, realizada originalmente en el Caquetá (2012) y en Honda, en el Tolima (2013), pero llega a su maduración en la versión efectuada en la isla de Salamanca (2014), donde el artista corre paralelo a la línea del horizonte y se ve impedido ante la imposibilidad de rebasar el paisaje, puesto que está atado a una cuerda que le tira el cuerpo hacia atrás, generando una tensión que evita que el cuerpo avance. En este caso, la obra alude a temas de deterioro ambiental que amenazan la ciénaga y que son difíciles de frenar, como el afán del desarrollo frente a las áreas protegidas, tensiones que se viven hoy en día en el Parque Vial Isla de Salamanca ante la amenaza del desarrollo agrario que está invadiendo el parque natural, por medio del relleno de partes del humedal para la siembra de cultivos de palma de aceite y banano, la tala indiscriminada y la actividad ganadera.
En su versión de Tierra del Fuego, el artista corre hacia una humareda, símbolo de la huella extinguida de los selknam, llamados también onas, quizás la tribu originaria más antigua de Suramérica, desaparecida en las primeras décadas del siglo XX por un proceso de exterminio masivo. Según algunos relatos historiográficos, cuando los primeros expedicionarios, acompañados de Fernando de Magallanes, arribaron a las costas de la Patagonia, quedaron impresionados con las hogueras avivadas por los onas, las cuales podían divisarse desde el mar; de ahí el nombre de Tierra del Fuego.
En la pieza Secuencia de un hombre que camina (la tierra), videoproyección de gran formato, el artista recoge un poco de cada una de las obras anteriores. La secuencia de imágenes muestra a un hombre caminando con una pata de res al hombro (en alusión a un caminante), que se desplaza en un largo trayecto (en alusión al viaje) por la carretera de Santa Marta a Barranquilla, vistiendo las botas y la indumentaria tradicional del matarife de ganado, recordándonos las presiones ambientales de la ganadería extensiva en estos espacios naturales (en alusión a Un Jesús). Así, en el video se recoge un poco de los proyectos anteriores, con los cuales se conecta y va derivando en su discurso propio, puntualizando en este caso cómo la ganadería es una de las actividades más contaminantes y depredadoras del paisaje y el medio ambiente.
Las acciones de Oscar Leone con el paisaje van más allá de lo natural e implican lo relacional, la interacción cultural con la gente que lo habita, y también forman parte de él. Esa interacción está permeada por la cultura, es una inmersión en el mundo del otro, en las piezas de la serie Oro sucio - El Dorado y Ejercicios de inmensidad: espejo, realizadas en colaboración con Dália Rosenthal (Brasil); al explorar esos relatos de la colonización, los artistas evocan simbólicamente ese intercambio de oro por espejos hecho por los nativos con los conquistadores, narrado por los cronistas de la época. En dichas prácticas se evidencian estructuras hegemónicas de poder que hoy, 500 años después, aún se mantienen vigentes en algunas regiones del país, donde se sigue marginando a la población indígena.
Fiel al postulado de Joaquín Torres García de “nuestro norte es el sur”, Oscar Leone ha desarrollado su práctica artística en el Caribe colombiano, pero ha encontrado escenarios de diálogo en el sur del continente, especialmente en Argentina y Brasil, donde reside parte del tiempo. Leone ha participado en eventos y exposiciones de relevancia, como la 3ª Bienal del Fin del Mundo, en Ushuaia, Argentina (2011), y en la exposición “Naturantes”, en el Paço das Artes de São Paulo, en Brasil (2014). Igualmente, ha sido invitado a importantes muestras, como “Caribbean: Crossroads of the World”, organizada por el Museo del Barrio de Nueva York, en colaboración con el Museo de Arte de Queens y el Studio Museum de Harlem de Nueva York (2012), así como el proyecto “Latin American Cartographies” (2017), en Bozar, Bruselas.
“Ejercicios de inmensidad” ratifica la disciplina y el trabajo de uno de los artistas contemporáneos más relevantes del Caribe colombiano y más comprometidos con su entorno, al que está arraigado desde su práctica, pero también desde los conceptos y las ideas que nacen de ese mismo contexto, los cuales vemos presentes en cada una de sus obras realizadas en cualquier parte del mundo.
Javier Mejía
Curador independiente
Santa Marta, mayo de 2018