Cristo Hoyos entrevista a Sergio Vega
En todas tus obras y proyectos, el imperativo es la naturaleza. ¿Por qué lo asumiste como eje de experimentación y creación?
Un amigo campesino me dijo hace días que todo lo que nos hace esclavos es aquello que no resiste la acción del agua, el sol y la sal; que a cada una de las cosas que los hombres tienen hay que pasarle un trapo cada día para mantenerlas y conservarlas. Y el arte y sus derivados no son la excepción, porque cuando se usan, están en espacios domésticos y se exhiben en museos, requieren un mantenimiento constante. La libertad del coleccionista les da empleo a personas que le limpian y atienden sus piezas, obras o cosas.
Pero al final, también te exiges una atención esclavizante...
Las plantas resisten la acción del agua, el sol y la sal. Han sido, por siempre, un motivo en la pintura; los paisajes o bodegones son ilusiones acerca de lo que representan, por lo que me preguntaba qué sería de un artista en una casa resolviendo problemas domésticos con una necesidad de libertad y de ornamentación simultáneas, considerando lo que mi amigo campesino dice, esto es, que resista el sol, el agua y la sal. Además, vivo en un clima que todo lo desintegra por estar frente al mar; por eso es frustrante atesorar objetos aquí. Para ver colores vivos, comencé a tener plantas. El problema con las plantas es que en Puerto Colombia y Barranquilla hace mucha brisa y el sol es intenso durante muchas horas, haciendo casi imposible mantener la humedad en la mayoría de las temporadas. No puede ser labor para una sola persona, ya que un descuido en este clima significa la muerte de la planta.
Pero para un artista fino y preciosista, interventor de lo natural como tú, pese a que usas la tecnología y los efectos para manipular y hacernos percibir una dimensionalidad ilusoria, terminas haciendo lo que harían otras especies, como insectos o aves. ¿Lo ves así?
¡Claro! Y no solo yo, todos los hombres terminamos en ese mismo nivel. Mira Comején, somos lo mismo.