Cristo Hoyos entrevista a Alexis Villanueva
¿Cómo ves tu proceso artístico?
En mi etapa inicial, ya tenía claro que me interesaban los juguetes; era una especie como de fascinación, como de fetiche, pero lo abordaba o lo sublimaba de manera representativa, mediante técnicas de dibujo, de collage o acuarelas que me remitían a las cartillas o a las ilustraciones de libros e impresos, casi siempre sobre papel, con un resultado bidimensional para un espectador más atraído por mi técnica pictórica.
¿Tiene que ver con tu infancia?
Sí, mucho. Toda mi obra tiene el sello de esa etapa de mi vida y de la vida de todos los seres. El juego es una de las experiencias más maravillosas de la existencia, dado que es a través del juego, empezando la vida, cuando uno entabla relaciones, cuando sales de ti, y ya comienzan los referentes sociales cuando sales al mundo.
Pero terminas en las instalaciones... ¿En qué momento y cómo se da ese proceso?
Yo sabía que me llamaban más la atención cierta clase de juguetes. El juguete de fábrica, con sus mecanismos, diseños y colores, no me resultaba tan atrayente como aquellos que eran producto de la creatividad doméstica, cotidiana y casi povera. Los juguetes hechizos, los construidos con materiales improvisados, me conectan más con lo lúdico y con la infancia, con las cartillas y con las instrucciones para hacerlos; me parecen más estimulantes, incluso para el espectador. Así queda atrás mi interés por las técnicas representacionales y entro al plano más objetual, voy al juguete real, más claramente específico, y el espectador es más activo, más interactuante, como interlocutor, como explorador; en síntesis, menos pasivo y más lúdico.
¿Este acercamiento y ese contacto directo te estimulan más?
Sí. Se concreta en un espacio relacional, en el que aflora lo poético y lo vivencial; el espectador reactiva sus memorias y recuerdos, y es portador de identificaciones, de afinidades…