Cristo Hoyos entrevista a Camilo Pineda
A pesar de tu interés por los proyectos que incluyen lo sonoro, has realizado obras muy disímiles tanto en técnicas como en contenidos. ¿No te ves, o te sientes algo disperso o indefinido?
El dibujo es una forma de pensamiento siempre transversal a mis obras. Sin embargo, cada fenómeno, cada objeto, cada elemento o acontecimiento que captan mi interés, mi necesidad de comprensión y mis obsesiones, me permite explorar diferentes lenguajes, según sea pertinente, pero en ocasiones lo puede determinar el azar. Entre los lenguajes que he explorado están el dibujo, la pintura, la fotografía, la cerámica, instalaciones sonoras, esculturas sonoras, así como algo de programación y electrónica básica. El resultado final, lo que llamamos obra, no es otra cosa que la sombra de un proceso de reflexión y emoción, sombra que, más que transmitir un mensaje, espero que sea capaz de disparar otros procesos de reflexión y emoción en los demás.
¿Hay una sutileza, una cotidianidad, algo que fluye, casi como una postura existencial?
El ser humano vive en el símbolo, en la cultura. Toda experiencia humana es mediada por el símbolo, todo conocimiento, sensación y sentimiento; por lo tanto, toda experiencia humana es cultural. Al mismo tiempo, la cultura no es un ente monolítico, sino que vive y existe en la medida en que es interpretada, actuada, reactuada, reinterpretada y difundida por sujetos; es un ejercicio intersubjetivo, historiado y geolocalizado.
Mi obra es un esfuerzo por entender la experiencia de la vida, una forma de comprender mi identidad desde lo cotidiano y lo no tan cotidiano, desde mi perspectiva como sujeto que interpreta un(os) marco(s) cultural(es) determinado(s). El paisaje, los ritos cotidianos, los sonidos, los fenómenos naturales, las costumbres locales o los recuerdos se convierten en una forma de entender quién soy en un contexto personal, cultural, histórico o geográfico.