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Un lugar para las múltiples voces
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La palabra es un medio con el cual podemos desandar los senderos del conflicto y la violencia. Su sonoridad despierta la atención de la mirada y nos permite juntarnos para fijar la vista sobre aquellas posibilidades de zanjar un pasado complejo. La palabra es una herramienta que sustenta las numerosas acciones que motivan a la sociedad a construir un futuro distinto. Juntos, y con la palabra en la mano, podríamos sembrar de nuevo el país. Nombrar e imaginar la paz nos invita a habitar y construir desde la palabra. Palabra creadora, palabra sanadora, palabra que resuena e ilumina, palabra que se drena en el cuerpo en forma de relato, de recuerdo, de emoción, de silencio.

Con base en estas reflexiones, y a la luz del reto de nutrir los contenidos expuestos desde el diálogo atento, cuidadoso y afectivo, se trabajó desde el espacio de mediación[1] “Polifonías”, un lugar para múltiples voces, pensado en clave de enunciación, reconocimiento y corporalidad de las voces que somos como colectivo, y que de manera orgánica transitan y transforman en diferentes intensidades y matices los ecosistemas de una memoria viva, la cual gravita y se alimenta de palabras.

Este espacio de mediación tuvo lugar en El Parqueadero, el espacio para laboratorios y experimentación ubicado en el primer piso del MAMU, el cual permitió dotar a la palabra de un sentido plástico e íntimo. El eje fundamental de la activación y evolución del espacio estuvo en manos de tres mediadores, que gracias al público guiaron una polifonía, con el ánimo de procurar que el espacio fuera tierra fértil para trasegar en las conversaciones y recorrer geografías emocionales y corporales inexploradas. En este espacio cohabitaron mediadores y visitantes, rodeados de los silencios, los objetos, los recuerdos y los territorios, que se imantaban de conciencia y anhelos de resistencia pacífica y retribución de lo que nos arrebataron como sociedad.

 La ruta dentro de este espacio comenzó con la revisión de los casos desarrollados en la exposición, para luego pasar a la consulta de fuentes, a la ubicación y reconocimiento geográfico e histórico de los casos, y posteriormente al diálogo y al debate. Se apuntó a que el visitante lograra un pensamiento esclarecido y fundamentado, acompañado de un sentir conmovido y la invitación a un actuar transformador.

La herramienta “Hechos de paz”[2], del proyecto “La paz se toma la palabra”, se tornó en  un mapa en gran formato de Colombia, que invitaba a registrar los acontecimientos y las situaciones de resistencias pacíficas. Junto al mapa se encontraba el espacio de consulta “¿De qué se alimenta la verdad?”, en donde coexistieron fuentes diversas acerca del conflicto armado en Colombia, desde pedagogías e investigaciones alrededor del conflicto, y de vivencias en varios territorios, orientadas a la reconciliación y la restitución hasta el repositorio de objetos detonantes de memoria, a los cuales también se pudiera acceder para conocer historias de las comunidades.

La pregunta “¿Cuándo sientes que perteneces a un territorio?” interpelo a los visitantes para que dibujaran y escribieran con tiza sobre pizarras sus nociones de hogar, pertenencia y raíces. Esta labor creativa permitía una conexión con la “línea de tiempo colectiva”, que ponía en dialogo la temporalidad de los casos expuestos en la exposición con eventos individuales y emotivos, propios de la memoria de los visitantes.

Así mismo,  los “Círculos de la palabra”, fueron un recurso  para invitar a diversas comunidades a dialogar y propiciar una cercanía de relatos, vivencias y afectos, como ocurrió con los campesinos de la región del Urabá y con los familiares de personas desaparecidas en los acontecimientos del Palacio de Justicia. Al final del espacio, en la “Mesa de la verdad” se propició la identificación de acciones que transforman la cotidianidad del sujeto, reconociendo que son estos pequeños cambios los que repercuten a mayor escala en nuestro entorno.

Como complemento al espacio de mediación se concibió “La naturaleza de las verdades”, una herramienta impresa para trabajar con niños y jóvenes, en la que se propone, mediante una fábula ilustrada, que el surgimiento de un conflicto constituye un nicho de oportunidades para escucharnos, entendernos y construir los acuerdos que son la base de toda comunidad. Al trabajar con niños, niñas y sus familias, surgió además el mural colaborativo “Un jardín de palabras” para poner en práctica esa misión de armonizar la palabra y cuidarla para consolidar ese camino hacia la reconciliación.

Las herramientas no son nada sin los procesos y narrativas que se dan en el contacto con los públicos y comunidades para que se genere una reparación real.  Por ello es esencial contar que hubo varias transformaciones y descubrimientos en los dispositivos de mediación que surgieron del ejercicio de mediación y diálogo entablado con el público. En un encuentro con los familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia surgió la metáfora de los actos de cultivar y cuidar seres vivos, asociados con el valor de la dignidad que se debe preservar y enaltecer a lo largo del tiempo, lo cual dio origen a la “Huerta de la dignidad”, un repositorio de pequeñas plantas sembradas por los familiares y otros visitantes, y cuidadas durante  el desarrollo de la exposición. Fue un interés permanente pensar en el deseo de las víctimas quienes en el marco de esta iniciativa ofrendadaron objetos como respuesta de la pregunta “¿De qué se alimenta la verdad?”. El Objeto se llenó de una nueva potencia al manifestarse como un pedazo de verdad, y como ritual para las víctimas.

El mapa de Colombia, concebido en clave de resistencias para la construcción de paz, también se usó para identificar opiniones de visitantes nacionales y extranjeros: unas basadas en el reconocimiento de lo que sucede en alguna región del país, o también en otros países y continentes. Las opiniones escritas y ubicadas sobre el mapa nos permitieron comprender cómo un acto tan doloroso como la desaparición nos une como latinoamericanos y nos infunde la necesidad de hacer memoria y de no olvidar.

 


[1] La labor de mediación tiene como eje fundamental el diálogo con los públicos, y busca interactuar con ellos mediante la ampliación de información, el desarrollo de experiencias, y la motivación por el aprendizaje y la creatividad. En la mediación es vital generar espacios de pensamiento reflexivo y crítico a través de la experiencia sensible, reconociendo el saber del otro para la construcción en comunidad de sentidos y significados a través del arte y la historia, en interacción con otras disciplinas y áreas del conocimiento. La Sección de Servicios al Público y Educativos de los Museos de Arte y Numismática del Banco de la República crea contenidos y herramientas de mediación a partir de la investigación-creación constante, que permitan responder a los públicos de acuerdo a sus intereses y necesidades, sean estos contemplativos, recreativos o de aprendizaje libre.

[2] El objetivo de esta herramienta es ayudar a que, entre todos, construyamos nuestras propias líneas de tiempo y conversemos sobre los acontecimientos, situaciones o sentimientos que nos hacen estar en paz.

 

La Comisión de la Verdad en relación con el espacio educativo

La Comisión considera la búsqueda de la verdad como un derecho de todas las personas y como un bien público necesario para que se profundice la democracia y el buen vivir de la sociedad y de las próximas generaciones.

La Comisión fue creada por el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado entre el Estado colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC – EP, en noviembre de 2016. Es una institución del Estado de rango constitucional, independiente del Gobierno, autónoma, que durará tres años. No tiene facultades judiciales, lo que significa que no puede juzgar ni condenar a nadie; tampoco es la entidad encargada de la reparación a las víctimas. Está compuesta por seis comisionados y cinco comisionadas, escogidos mediante convocatoria pública por un comité independiente en el que participaron tres expertos internacionales y dos nacionales de reconocido prestigio.

La persistencia de la violencia y el conflicto armado en muchas regiones del país, como lo evidencian los asesinatos, amenazas y persecuciones a los líderes sociales, produce una secuela de mentira, ocultamiento y silencios forzados que alimentan la zozobra, el desamparo, la incertidumbre y la fragmentación de la sociedad, y hace más importante el cumplimiento del mandato de esta institución. Por ello, la Comisión velará por que la mayor cantidad de ciudadanos participen del proceso de esclarecimiento de la verdad y se apropien del informe final, que se presentará en el tercer año. Ambos serán un legado para las víctimas y un desafío de cambio para la sociedad. 

El mandato de la Comisión tiene como fundamento ético la dignidad igualitaria de los seres humanos. Al ser inherente a las personas, la dignidad no es conferida por ningún poder de autoridad y no es renunciable ni negociable. La dignidad se potencia o se niega en las interacciones de los seres humanos, quienes tienen capacidad de discernir y tomar decisiones. Por ello, su propia vida, la de los demás

*Textos provenientes de la página web oficial de la Comisión de la Verdad

https://comisiondelaverdad.co/component/zoo/lineamientos-metodologicos-comision-verdad?Itemid=189

 

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Huellas de desaparición. Los casos de Urabá, Palacio de Justicia y territorio Nukak
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