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Este proyecto de la Comisión de la Verdad y Forensic Architecture se desarrolló en torno al territorio Nukak en la Amazonía colombiana
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Tipo de minisitio

Las huellas de desaparición también están en lo que escapa a las formas de registro estatal. Las imágenes aéreas más antiguas del territorio Nukak son de 1987 y sólo capturan una pequeña porción de su extensión; lo demás no fue fotografiado. Por un lado, excluir partes del territorio de los mapas y representaciones puede llevar a su desaparición, pero, por otro lado, no estar registrado puede ser la única esperanza de evadir al poder del Estado. A principios de los años noventa, sin embargo, el panorama cambió y se obligó a los Nukak a dejar su aislamiento voluntario, y el Estado tuvo que reordenar el territorio del Guaviare admitiendo la existencia de un pueblo que hasta entonces había evadido.

En el mural que está en la entrada de la exposición se puede ver la violencia ambiental, aún en curso, que afecta las tierras y al pueblo Nukak. La imagen presenta una constelación de prácticas de destrucción que incluyen no solo las consecuencias del conflicto armado entre las fuerzas militares, paramilitares y guerrillas en las tierras de los Nukak, sino también el resultado de las economías formales e ilícitas que incluyen tanto el cultivo de coca como su destrucción a través de la fumigación con sustancias tóxicas desde el aire, además de la ganadería y de la destrucción del ambiente con la deforestación y las quemas.

En el proyecto se muestra cómo el conflicto desplazó por la fuerza a los Nukak fuera de su territorio hasta la frontera donde confluyen estas dinámicas. La composición del conjunto de datos en una sola imagen demuestra el modo en que este territorio ha sido imaginado por el Estado como un lugar de excepción, que debe someterse a su control mediante un desarrollo destructivo. En el mural, la selva se convierte en un registro de archivo de una historia de desaparición. Destacando el caso del territorio Nukak, la exposición inicia con un reconocimiento de la violencia colonial, estructural e histórica que sufren los pueblos indígenas hasta el día de hoy. En ese contexto, el conflicto armado de los siglos XX y XXI se entiende como parte del último ciclo de una espiral de 500 años de violencia contra los pueblos indígenas en las Américas. Reconocer los efectos de la violencia colonial es un camino hacia una comprensión más completa de la historia presente.

 

Imagen principal Media
Huellas de desaparición. Los casos de Urabá, Palacio de Justicia y territorio Nukak
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Area misional
Fecha de publicación