La muerte es la caricatura de la vida, escribió Carlos Castro Saavedra con motivo del fallecimiento del dibujante e ilustrador Hernán Alfredo Merino. Es interesante que se nombren la vida y la muerte, especialmente ante la obra de Merino, quien siem- pre trató de explicar la vida cotidiana de sus compatriotas, sus mínimas preocupaciones y comentarios del acontecer del país, y al mismo tiempo el corte brutal del hambre y la miseria.
En la actualidad la caricatura se ha estado recubriendo de un carácter esteticista. Merino, quien había estudiado en las Escuelas de Bellas Artes de Manizales y Medellín, y había obtenido algunos pre- mios en salones de arte, no aceptaba este carácter; no porque careciese de información sobre la actividad de Leonardo y Goya en este campo, sino porque su diario producto, con el que ilustraba los periódicos, se alejaba de tales preocupaciones; vertía con habilidad y crudeza de medios la idea, el concepto o la opinión, sin anteponer la reflexión sobre el arte. Tal como se afirma en un reportaje concedido a Germán Espinosa en 1967, Merino "no confiere nunca demasiada importancia a sus propios dibujos. Los considera un medio como cualquier otro de ganarse la vida, y les niega toda calidad artística ( ...) despoja a su arte de todo trascendentalismo, lo considera un oficio artesanal".
Su orientación definitiva hacia la ilustración y la caricatura se inició en Medellín, cuando comenzó a ilustrar la revista Temas, y posteriormente, en 1949, cuando realizó sus primeras caricaturas para El espectador. Es significativo el momento en el que un artista escoge este género, y se vincula a un medio público como el periódico. El producir una obra, ver la impresa al día siguiente, y saber que es contemplada por un número indeterminado de espectadores, causa en el realizador una sensación de comunicación y compromiso ineludible.
Cuando se examinan colecciones de caricaturas de Merino, se logran establecer varias preocupaciones que marcan su obra. En primer lugar, una tendencia hacia el costumbrismo, que lo lleva a crear en 1955 un tipo de hombre colombiano, su José Dolores -una especie de creación simultánea con Chapete-, que va a representar al pueblo. Con humor, este personaje de franela antioqueña, de ojos asustadizos, expresa la lucha que libra y las agresiones de que es victima.
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*Diseño y montaje de exposición: Arquitecto: Jaime Barrero.
*Textos de Beatriz González, Javier Merino Paulo E. Forero y Germán Espinosa.
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