Regina José Galindo
Jan Brueghel, El Joven
Abel Rodríguez Muinane
Entre los siglos XVI y XIX, los viajes de exploración por tierras desconocidas se convirtieron en algo más que una odisea pintoresca. Su importancia radicaba en que la experiencia y la información adquirida podían convertirse en instrumentos privilegiados de la conquista de esas tierras remotas y exóticas. Los territorios de ultramar ofrecían animales quiméricos y plantas incógnitas que los paradigmas de la ciencia occidental forzaron a nombrar, clasificar y ordenar como preámbulo a las dinámicas de sumisión y explotación que caracterizan la parte moderna de la historia americana. Armas e imágenes colaboraron estrechamente en la toma del continente, en un mismo movimiento de sumisión de los cuerpos y del imaginario.
Las láminas que producía la taxonomía, aquella disciplina del orden del mundo, son reveladoras del poder y de la violencia de toda representación. De la misma manera que la colonización de las culturas precolombinas fue posible por su conversión a la fe católica, las imágenes de la flora y la fauna de los nuevos mundos tenían que acoplarse a los mitos fundadores del Antiguo Testamento. En Adán y Eva en el jardín del Edén, pintura de Jan Brueghel el Joven, guacamayas, curíes, felinos y monos participan en la renovación del exotismo del jardín bíblico, del lugar inicial del pecado original y de la tierra del fruto prohibido, situado aquí, desde la perspectiva del pintor flamenco, en un territorio fantaseado entre África y América.
En las otras dos obras exhibidas en esta sala se profundiza en esa reflexión sobre lo vivo y el origen del pecado. En Ciclo anual del bosque de La Vega, Abel Rodríguez representa, por medio de doce acuarelas, los sutiles cambios y las continuidades que se van produciendo cada mes en una franja de la selva. El artista, conocido dentro de la comunidad indígena nonuya como “el nombrador de plantas”, propone otro orden clasificatorio en el que animales y vegetales no son arrancados de su contexto —según la manera de Linneo—, sino representados en la complementariedad de las especies y la complejidad de su entorno.
La silueta desnuda de la artista guatemalteca Regina José Galindo remite irremediablemente a la figura de Eva y a las dinámicas de expulsión, desplazamiento y desaparición cometidas por la dictadura de Efraín Ríos Montt. La fragilidad de la figura, confrontada con la brutalidad del brazo de la máquina excavadora, más allá de recordar el dictamen divino, señala aquel ejercicio estratégico de la violencia de género en el cual el cuerpo femenino, designado como objetivo militar específico, había sido víctima de toda clase de profanaciones: violaciones, abortos forzados, secuestro, etc. La mujer como matriz del pecado, desde la expulsión del paraíso hasta el camposanto.