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El Magdalena: una cuenca posible
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La diversidad de los climas, el relieve, los suelos y la historia geológica de la cuenca del Magdalena crean una de las regiones más complejas de Colombia desde el punto de vista de la configuración de los ecosistemas. Entre estos sobresalen los ecosistemas boscosos, los de páramo, los ecosistemas acuáticos y los secos, que se han visto reducidos considerablemente. A su vez, cada uno de ellos abriga una amplia diversidad de ambientes y microambientes. Existen también ecosistemas localizados y especiales como los de los lagos andinos, los complejos del delta y el canal del Dique, los valles interandinos, las llanuras del Caribe y el Macizo Colombiano. Esta diversidad de hábitats es el soporte de la gran variedad biológica de la cuenca.

Sin embargo, en ninguna otra parte de Colombia es tan visible el impacto de la intervención humana sobre el medioambiente como en la cuenca del Magdalena. El poblamiento de la cuenca, acelerado en el siglo XX, trajo consigo la inexorable apertura de tierras para la explotación económica, destinada especialmente a la ganadería y a la agricultura, incluso a escala industrial, con el consiguiente retroceso de los bosques y el deterioro generalizado de los ecosistemas. En las últimas décadas, la minería y la explotación maderera ilegales han aumentado de manera exponencial el daño ambiental. Recuperar la cuenca, hacerla apta y generosa para las generaciones futuras exige mucho compromiso de todos los que la habitamos y una reflexión profunda sobre la forma como hemos venido explotando sus recursos.

Ecosistemas de páramo

Colombia tiene el privilegio de ser uno de los pocos países del mundo que cuentan con páramos, ecosistemas exclusivos de la zona intertropical. Situados entre 3.000 y 4.500 metros de altura sobre el nivel del mar, entre el bosque altoandino y las nieves, son zonas de praderas con altísima irradiación solar y temperaturas que oscilan entre los 0 y 8 °C. La principal virtud de los páramos es su increíble capacidad para almacenar agua, que liberan de forma gradual cuando cesan las lluvias. Colombia alberga cerca del 42 % de los páramos del mundo, concentrados en alta proporción en la cuenca del Magdalena, principalmente en las cordilleras Central y Oriental.

Los páramos ocupan alrededor de 538.000 hectáreas, que corresponden a poco menos del 2 % del área total de la cuenca.

El páramo más grande del mundo es el de Sumapaz, de 330.000 hectáreas.

Colombia alberga cerca del 42 % de los páramos del mundo.

Ecosistemas boscosos

Originalmente, los ecosistemas de mayor extensión en la cuenca del Magdalena eran los boscosos, incluidos entre ellos los denominados bosques basales, subandinos, andinos y altoandinos, según su altura sobre el nivel del mar, así como los bosques secos de regiones áridas y semiáridas. Se presume que antes de la llegada de los seres humanos los bosques cubrían el 90 % del territorio de la cuenca. Hoy se calcula que los bosques originarios, en su estado natural, apenas se encuentran en el 10 % del territorio.

Bosque seco tropical: El bosque seco tropical es un ecosistema muy especial que está altamente amenazado. Se encuentra en altitudes de 0 a 1.000 metros y puede alcanzar temperaturas superiores a 24 °C. A pesar de su apariencia seca proporciona gran variedad de frutas, maderas, fibras, resinas e insumos para medicamentos y alberga diversas especies de fauna. En la cuenca se encuentra principalmente en los departamentos de Tolima, Huila y Cundinamarca, donde ha sido objeto de intensa explotación. El bosque seco tropical es uno de los tres ecosistemas más degradados y fragmentados de Colombia.

Entre 1980 y el 2000 el área de bosques de la cuenca descendió de 46 a 27 %

En la década del 2000, el promedio de deforestación fue de 234.000 hectáreas al año

En Colombia, en el 2015, la tala de bosques llegó a 500.000 hectáreas.

En Sudamérica, Colombia tiene la tasa más alta de deforestación después de Brasil.

Hoy solo queda un 8 % de las 9.000.000 de hectáreas de bosque seco tropical que existía en Colombia

Ecosistemas secos

En la cuenca del Magdalena los ecosistemas secos, especialmente los xerofíticos, se localizan en los departamentos de Huila, Boyacá y Santander. Sobresalen el cañón del río Chicamocha, en Santander, el desierto de la Candelaria, en Boyacá, y el desierto de la Tatacoa, en el norte del departamento del Huila. Pese a ser predominantemente secos y a la apariencia escasa y rala de su vegetación, los ecosistemas secos albergan una notable variedad de especies animales y vegetales. Sin embargo, estos tampoco se han librado de la deforestación o de la adaptación de tierras para el pastoreo y la agricultura.

Los ecosistemas secos cubren algo más de 820.000 hectáreas, el 3 % de la superficie de la cuenca.

Los bosques secos de Colombia tienen 2.600 especies de plantas.

Aún en los ecosistemas secos llueve. En promedio caen al año entre 250 y 1.800 mm de lluvia.

La mayor concentración de ecosistemas secos en la cuenca se encuentra en las llanuras del Caribe y en la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Ecosistemas acuáticos

Los principales ecosistemas de agua dulce son los ríos, los lagos y las lagunas, las ciénagas y los humedales. En este universo las ciénagas ocupan un lugar de privilegio por su papel regulador y por la enorme riqueza biológica que albergan. En Colombia existen alrededor de 1.938 ciénagas, el 71 % de las cuales se concentran en la zona costera de la cuenca del Magdalena, principalmente en la depresión Momposina, en la zona del canal del Dique y el Bajo Magdalena. Con 26.214 kilómetros cuadrados, las ciénagas ocupan cerca del 10 % de la superficie total de la cuenca y son uno de los ecosistemas más amenazados del país.

En un periodo de treinta años (1950-1980) perdimos el 88 % del área de las ciénagas de la cuenca del Magdalena

Más del 30 % de las ciénagas del Bajo Magdalena han perdido su conectividad natural con el río.

Hoy queda menos del 5 % de la extensión original de los lagos del sistema cordillerano andino (Antioquia, Cundinamarca y Boyacá, Sabana de Bogotá, valles de Chocontá, Ubaté, Chiquinquirá, Samacá y Tundama).

Ecosistemas transformados

La mayor parte de los ecosistemas de la cuenca del Magdalena han sido transformados por la acción humana y sus modelos económicos. Estudios demuestran que la pérdida de bosques del Magdalena ha sido exponencial a partir de la década de los noventa. Tres cuartas partes (cerca del 75 %) de los suelos de la cuenca están dedicados a la agricultura, la ganadería y la minería. Históricamente, la ganadería es la actividad económica que más área ha transformado. Sin embargo, en un lapso de dos décadas las zonas agrícolas duplicaron su tamaño.

En este capítulo subiremos a la Piedra Capira, mirador ubicado en el municipio de Guaduas, desde donde se ve gran parte del valle del Magdalena. Imaginando el descenso del agua atravesaremos el bosque seco del cerro Cacao en Pelota y llegaremos finalmente a la Charca de Guarinocito, donde nos sumergiremos para oír su paisaje subacuático.

Cuando el río suena es un laboratorio de sonidos creado de manera simultánea por cuatro empresas productoras de podcasts que viajaron a diferentes lugares de la cuenca del río Magdalena y narraron, a través de las voces de sus habitantes, de los registros sonoros de la fauna, de una audionovela y de investigaciones periodísticas sobre hechos del Magdalena, esa realidad de los pobladores y de la naturaleza que conviven con el río, tan distinta a la de los habitantes de las costas, de los llanos y las montañas de nuestro país.

Escucha los dieciséis capítulos del podcast Cuando el río suena

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El Magdalena: una cuenca posible. Ecosistemas de la cuenca
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