C. Diferencias: los otros diccionarios de español
La mayoría de diccionarios de la lengua española se han hecho con base en el diccionario académico, ya sea eliminando palabras que se consideran arcaicas o añadiendo otras que el DRAE se ha demorado en aceptar. Tres dominios que la Academia ha sido particularmente lenta en asimilar han sido los de los términos técnicos, los extranjerismos y las palabras americanas; desde el siglo XIX comenzaron a multiplicarse versiones aumentadas del diccionario académico (son pocos los diccionarios que no lo han tomado como base, copiando tanto del conjunto de palabras a definir, como muchas de las definiciones). Otro aspecto que los lexicógrafos de distintas épocas han criticado al DRAE ha sido su modo de redactar los artículos, que muchos han considerado anticuado o impropio: María Moliner, por ejemplo, escribió su diccionario corrigiendo minuciosamente entrada por entrada (cuidándose especialmente de los vicios de circularidad). La ausencia de ejemplos y citas ha sido otra crítica constante al DRAE, y entre las reacciones más actuales habría que destacar el Diccionario Clave con sus muestras de uso y su atención a las palabras nuevas, así como el Diccionario del Español Actual de Manuel Seco, que si bien se concentra en el español de la península, con citas concretas para todas las acepciones de las palabras, resulta un paradigma de la lexicografía científica contemporánea. Aunque constituyen toda una empresa paralela, no se puede dejar de destacar los Pequeños diccionarios Larousse, con los que se han educado varias generaciones y que se han destacado siempre por sus maravillosas ilustraciones, que en muchos casos en efecto han valido más que mil palabras.
CONCEPTOS CLAVE
DESCRIPTIVO VS. NORMATIVO. Es usual intentar dividir los diccionarios entre aquellos que intentan establecer la norma de cómo debe hablarse (normativos) y aquellos que buscan describir la manera cómo se habla el idioma (descriptivos). Si bien hay diccionarios que como el de la Academia son claramente normativos, y otros como el de Manuel Seco que buscan ser eminentemente descriptivos, todo diccionario tiene algo de los dos. Al final todo diccionario refleja ciertos usos del idioma a la vez que determina otros tantos. Por un lado, al hacer el diccionario los lexicógrafos tienen que tomar como base cierta forma de hablar y escribir, pero al tener que tomar decisiones (todo diccionario tiene que tener un cierto tamaño finito) terminan también sentando norma sobre ciertos aspectos.
LA PLANTA. Conjunto de palabras o locuciones que entran en un diccionario. La mayoría de diccionarios de la lengua española se han hecho con base en el diccionario académico, ya sea eliminando palabras que se consideran arcaicas, o añadiendo palabras que el DRAE se ha demorado en aceptar. Tres dominios que la Academia ha sido particularmente lenta en asimilar han sido los de los términos técnicos, los extranjerismos y las palabras americanas.
CORPUS. A la hora de realizar un diccionario una de las cuestiones más importantes es la de escoger el lugar a partir del cuales fuentes determinar las palabras que deben entrar y los significados que deben explicarse. La recopilación de esa información (tradicionalmente registrado en fichas hoy en archivos digitales) es lo que se llama corpus. Por distintos motivos (tanto prácticos como de legitimidad) la mayoría de las veces el corpus ha sido tomado de los textos escritos. El Diccionario de Autoridades recurrió, como en todos los diccionarios clásicos, a los autores más renombrados del castellano. Hoy en día, los diccionarios de uso del idioma tienden a preferir los medios periódicos (prensa, revistas) que están más dados a representar los modos cómo habla la gente.