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EL TESORO DE LA LENGUA DE SEBASTIÁN DE COVARRUBIAS (1616)
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Tipo de minisitio

A. El origen: el Tesoro de Covarrubias

 

El Tesoro de la lengua española publicado por Sebastián de Covarrubias en 1611 es el primer diccionario monolingüe extenso de Occidente. El autor buscaba explicar el origen de las palabras más importantes del español, dentro de lo posible remitiéndose a su fuente hebrea. Para Covarrubias, en la raíz hebrea de la palabra estaba la esencia de su significado, ya que allí habría de encontrar rastros de su nombre original. El marco teórico de su proyecto era la Biblia y la explicación que se da allí de los primeros nombres y de la dispersión de las lenguas tras la caída de la torre de Babel. Además de etimologías, en el Tesoro se encuentran recogidos refranes, citas y enormes entradas llenas de información como la de la “A”. El diccionario todavía no se ha separado de la enciclopedia, y de aquí en adelante siempre será un reto para los que redacten las entradas distinguir la información sobre lo nombrado (definición enciclopédica) de la explicación del significado de la palabra (definición lingüística).

 

Al lector (presentación del diccionario)

La que agora tenemos está mezclada de muchas y el dar el origen a todos sus vocablos, sería impossible. Yo haré lo que pudiere, siguiendo la orden que se ha tenido en las demás lenguas, y por conformarme con los que han hecho diccionarios copiosos y llamándolos Tesoros, me atrevo a usar deste término por título de mi obra; pero los que anda a buscar tesoros encantados, suelen dezir fabulosamente que hallada la entrada de la cueva do sospechan estar, les salen al encuentro diversidad de monstruos fantásticos, a fin de les poner miedo y espanto para hazerlos bolver atrás, amenazándolos un fiero jayán con una desaforada maça, un dragón que echa llamas de fuego por los ojos y la boca, un león rabioso que, con sus uñas y dientes, haze ademán de despedaçarlos; pero venciendo con su buen ánimo y con sus conjuros todas estas fantasmas llegan a la puerta del aposento, donde hallan la mora encantada en su trono, sentada en una real silla y cercada de grandes joyas y mucha riqueza, la qual si tiene por bien de les dexar sacar el tesoro, van con recelo y miedo de que en saliendo a fuera, se les ha de convertir en carbones. Yo he buscado con toda diligencia ese tesoro de la lengua castellana y lidiado con diferentes fieras, que para mí y para los que saben poco, tales se pueden llamar las lenguas estrangeras: latina, griega, hebrea y arábiga y con las demás vulgares, la francesa y la toscana, sin la que llaman castellana antigua, compuesta de una mezcla de las que introduxeron las naciones que al principio vinieron a poblar a España. La primera, la de Túbal, y después désta, otras muchas, de algunas de las quales haze mención Plinio, li. 3, c.I; conviene a saber: los hebreos, los persas, los fenices, los celtas, los penos, los cartaginenses. Y queriendo publicar este Tesoro y sacarle a la luz, temo que las lenguas de los maldizientes y mal contentadizos me le han de bolver carbones, pero estos mesmos, en manos de los sabios y bien intencionados, con el soplo de sus ingenios y rectos juyzios, han de encender en ellos un amoroso fuego y convertilos en radiantes carbuncos y hermosos rubíes...

 

 

A. Primera letra en orden cerca de todas las naciones que usaron caracteres, como nos consta de hebreos, árabes, griegos, latinos y los demás; y esto por ser simplícima en su prolación. Los latinos dicen a, los griegos alpha, los hebreos aleph, los árabes aliph, los fenicios alioz, el indio alephu. Y assí es la primera que el hombre pronuncia en naciendo, salvo que el varón como tiene más fuerça dice A, y la hembra E; en que parece entrar en el mundo lamentándose de sus primeros padres Adán y Eva. Llamóse letra vocal, porque sin ayuda de los demás instrumentos con que se forman las letras, se pronuncia; assí ella como las demás vocales que se le siguen en orden, yendo apretando y recogiendo la boca y formando el golpe del aliento, el de la A libre, el de la E cerca de los dientes, el de la I en el paladar alto, el de la O algo más retirado y el de la U en el paladar, acabando de cerrar los labios; y todas las cinco vocales, o con el espíritu tenue, o con el áspero. La simplicidad de la letra A es tanta, que no se niega su pronunciación a los mudos, los quales con sola ella, ayudándose del tono, del semblante, del movimiento de manos, pies, ojos y todo su cuerpo, nos dan a entender en un momento lo que los muy bien hablados no podrían con muchas palabras; y assí se aprovechan dellos muchos señores en el servicio, cerca de sus personas; porque con sola una seña que les hagan están al punto de lo que se les manda y juntamente por su camino son más parladeros que que picazas. Los que sacan misterios de las letras, dizen que la A, dicha aleph cerca de los hebreos, se interpreta dotrina, camino y bienaventurança; haziendo de todas tres significaciones un concepto, dizen: Doctrina legis est via ad beatitudinem aeternam. Cerca de los griegos la A, dicha alpha, significa principio, por se la primera letra de su alfabeto, como la W omega, el fin, a causa de ser la postrera. Apocalipsis, cap. último: Ego sum A et W, principium et finis. Los egypcios formaron su dios Canopo con esta letra A en la mano, en señal de su divinidad, como lo refieren muchos autores y lo pondera fray Joseph de Sigüença en la vida de San Gerónimo, lib. I, fol. 16. Algunas vezes la letra A es voz de la tercera persona del singular del verbo e, as, a, castellano, que significa tener o aver: yo e, tú as, aquél a, pero algunos quieren que entonces sea aspirada, y en ello el uso puede mucho. Exemplo: “quien no se aventura, no a ventura”. Significa tanto de tiempo, como: No a un año que vine a esta tierra. En nuestra lengua castellana sirve de preposición que señala el caso dativo, como: A Pedro toca el governar; y otras vezes al caso acusativo, como: Yo amo a Dios. Responde al adverbio de lugar ad quem, como Yo voy a Roma, y al verbo infinitivo, como: Voy a comer. Vale por interjección o adverbio con que llamamos, como: A Dios, a señor fulano. Los verbos que se forman de nombres, toman por principio la letra A como de lança brasa, pasto, carro: alancear, abrasar, apacentar, acarrear. Repetida tres vezes, la A declara la impotencia del mudo para poder hablar; y para mí, que lo soy en lo que pretendo y querría explicarme, significarán las tres personas Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios verdadero, diziendo con el Profeta Jeremías: A A A, domine Deus, ecce nescio loqui, quia puer ego sum; suplicando a mi Dios trino en personas y uno en essencia me ayude con su gracia para poder continuar este trabajo y acabarle a gloria suya y aprovechamiento de todos, sujetándome a la corrección de la santa madre Yglesia Romana, y protestando tener y creer lo que ella tiene y cree. Y juntamente pido con humildad y reconocimiento al pío letor perdone mis faltas y, como próximo, me advierta aquello en que yo huviere errado cerca de la interpretación y etimología de los vocablos, que por estar la lengua castellana mezclada de otras lenguas, no será possible acertar en todo. No embargante que hasta agora no sé que ninguno aya emprendido este trabajo, llevándole al cabo como yo pretendo, si Dios me diere su ayuda, salud y vida, para proseguirlo y darle fin. Y continuando mi propósito, digo, que esta letra A en las notas nuestras significa aprovación, como la R reprobación; de las quales usan en el dar los grados en las universidades; como en los tribunales antiguamente usaron de la mesma A y de la C, que valen Absolvo et Condemno; y por esso se llamó la letra de salud. A B C, vale primeros principios: “esso es el abecé”, dezimos, y assí se llaman los primeros elementos las letras y átomos, por se lo último en que se resuelven las dicciones. En quanto a la orden y colocaciónde las letras, dize San Ysidoro (libro I, Etymologiarum, cap. 4) hablando dellas: Potestatem autem natura, voluntas dedit ordinem. Pero, en este lugar, dize en sus anotaciones el Licenciado Grial, que sospecha no ser palabras del santo, aunque las ay en muchos códices, y ser tambien desta opinión el Maestro Chacón. La orden que tienen, a lo que yo he considerado, es contrapuesta, porque la A se profiere con la boca abierta y la B cerrada, la C con la lengua entre los dientes, la D con la lengua arrimada a los dientes superiores, la E poniendo la lengua arrimada a los dientes inferiores, la F los dientes de arriba, sobre el labio inferior, la G al contrario, los dientes de abaxo arrimados al labio superior, y assí de todas las demás letras.

 

CACIQUE. Vale tanto, en la lengua mexicana, como señor de los vasallos, y entre los bárbaros aquél es señor que tiene más fuerças para sujetar a los demás. Y presupuesto que los que poblaron el mundo después del diluvio, dividiéndose en la confusión de las lenguas al fabricar la torre de Babel o Babilonia, cada nación de las que se apartaron llevaron consigo algún rastro de la lengua primera, en la qual avían todos hablado, y quedó con Heber y su familia, de donde procedieron los hebreos; y assí digo que este nombre cazique puede traer origen del verbo hebreoתדק, chazach, roborare, y de allí תדק , chezech, fortitudo et fortis, de donde se pudo dezir cazique; con todo esso yo me remito a los que tienen noticia de la lengua.

 

ETYMOLOGÍA. Graece ετυμολογια, id est veriloquium, ab ετυμος, verus, et λογος, sermo verl locutio. [...] No se puede dar de todos los vocablos introduzidos en una lengua su etimología; y assí Cosconio, famoso gramático (según refiere Varrón) juntó al pie de mil dicciones, de las quales no ay dar razón de donde se derivan, y a estas tales llama primitivas. Negocio se de grande importancia saber la etimología de cada vocablo, porque en ella está encerrado el ser de la cosa, sus calidades, su uso, su materia, su forma, y de alguna dellas toma nombre. Si nuestro primer padre nos dexara los nombres que puso a las cosas con sus etimologías, poco avía que dudar en ellas; porque como se escribe en el cap. 2 del Génesis: Omne enimo quod vocavit Adam animae viventis, ipsum est nomen eius. Apellavitque Adam nominibus suis cunta animantia, et universa volatilia coeli, et omens bestias terrae. [...]

Area misional
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