Río por asalto
La pieza es un incesante gesto del río como cuerpo que no acepta dejarse tocar ni intervenir. Es una lucha entre la naturaleza y lo humano. La obra recorre partes del río Cauca y el río Magdalena, corrientes de agua que en su curso se van convirtiendo en depósitos de la tala de árboles y de la erosión. De igual manera, en la instalación, la obra construye un centro motor donde se precipita la tensión sonora y rompe su ritmo natural en explosión frente a acciones de hidroeléctricas en sus cauces, que exigen desviar su flujo.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/metropolis/metropolis-bienal-shanghai-2018/4981018/.
Versión libre
Lo que me propongo con Versión libre es plantear el manejo del espacio, el sonido y la temporalidad de la imagen, en correspondencia con el espectador y su circulación entre dimensiones del poder, la espectralidad y el espacio de intercambio.
En el material sonoro testimonial se deriva la decisión espacial para el manejo de los cinco videos de la obra, su escala y ubicación. Desde la pantalla central, con la voz y a lo largo del espacio de la sala, generé una densidad sonora en eco, murmullo y repetición. Esta funcionaba como una materia invasiva, en paralelo con las presencias en gran escala de tres proyecciones que evocan fantasmas que caminan, en un ir y venir incesante, en permanente confrontación.
Más que tocar de manera directa los lugares opuestos en que creemos estar, abrí un espacio espeso y cargado que permanecía en la oscuridad. El artista en estos casos intenta tocar heridas profundas, arriesgar y tratar de dejar ver su encuentro con la condición humana (revista Errata, # 13, 2015).
Nóctulo
Nóctulo la empecé a desarrollar desde el sonido para así invertir la manera habitual de trabajar desde lo visual, pues pareciera que lo que vemos es lo que nos construye. Entre esa condición de la casa en abandono, de todas esas casas perdidas, vencidas, violentadas, y el sistema de vuelo del murciélago —desde el sonido ultrasónico que emite y el eco que regresa para su orientación—, construí la plataforma para producir y armar la pieza. Durante el proceso de creación quise señalar que en lo que no oímos hay una actividad vital. Luego entran las voces humanas, que han sido silentes políticamente y provienen de la región desatendida. Hay un universo inaudible sobre nosotros, física y políticamente, que no oímos, no entendemos, no seguimos (NC arte # 5, 2015, p. 36, en conversación con María Belén Sáez de Ibarra y Gustavo Chirolla).
Sin cielo y Sub_terra
En fragmentos de imágenes que se descomponen y recomponen sobre nueve pantallas para un videowall, el paisaje en un lugar del noroccidente colombiano (Marmato, Caldas) es transformado por agresivas marcas dejadas por la minería de oro. Un paisaje de territorio envenenado, tóxico y olvidado. Estos sitios que señala la obra difícilmente los reconoceríamos si nos acercamos al lugar real. La obra da cuenta del ritmo de excavación, trituración y residuos que provienen y salen de la montaña y de sus recursos. El arte en esta obra visibiliza de manera detallada lo que allí ocurre mediante recursos de manejo y ritmo de la imagen y el sonido. Es una lectura con la imagen, no es una lectura desde el relato. Esta acción audiovisual revela huellas de cianuro y de mercurio sobre quebradas que dejan devastación y ahogo a su paso. Es una “ruina moral” que tiene profundos efectos en la dimensión política, social e ideológica del territorio www.clemenciaecheverri.com
Apetitos de familia
Fui encontrando desde mi experiencia en familia, y luego en los festivales colectivos, que la fiesta produce un intervalo en la rutina, una calma temporal, relaja las desavenencias y suaviza el conflicto en apariencia. Yo creería que contiene un estado doble: es reparadora y feliz en su apariencia, y cruel en su realidad oculta. Para mí, en ella se concreta una situación de laboratorio donde confluye la cultura en su manifestación real y atávica. Me interesa, por tanto, contrarrestar esa tendencia que tenemos a hacernos ilusiones, a desviar la mirada, a aplazar, a invocar el maquillaje para el dolor. Creo que un poco de ajuste de lo real hace falta siempre (entrevista de la artista con Carmen María Jaramillo, Otras miradas, 2004, pp. 79-80).
Juegos de herencia
Imágenes de un tiempo contenido en cada gesto, una voz callada en cada movimiento, como sucesión de páginas envueltas una entre otra, donde se despliegan razones, ecos, historias y cultura. Entierran un gallo vivo, le dejan la cabeza por fuera de la tierra; allí permanece un par de horas, parpadea, le falta el aire, se moja, lo tocan, lo apedrean, lo jalan, lo pisan, se duerme, espera el machete. Es ahí, en ese tiempo de ahogo y tortura al animal, donde detengo la cámara como testigo.
De doble filo
De doble filo se acerca a una memoria ancestral en lo sonoro y lo visual. Esta obra la configuré como una membrana entre dos espacios entre imagen y sonido. Parte de un estado frágil y límite, desde un adentro y un afuera construido en la pérdida, la frustración y el desespero por preservar el lugar y el territorio. El debate sonoro que allí sucede tensiona de manera insistente la imagen. Ese lugar ambiguo generador y constructor para señalar una búsqueda. Estoy convencida de que las acciones femeninas son silenciosas, plantean un debate entre el intento por la unidad y la construcción, reconstrucción y preservación, frente a fuerzas centrífugas y contrarias de disolución y dispersión. Yo pensaría que ese estado de pérdida, del esfuerzo femenino por conservar el territorio, la identidad, la casa, de intentos y reintentos una y otra vez, recurrente en esta obra, son un regreso a nombrar pequeñas resistencias, a fin de preservar algo (entrevista de la artista con Carmen María Jaramillo, Otras miradas, 2004, pp. 80-81).
Treno
En Treno, videoinstalación desarrollada en inmediaciones del río Cauca, realizo un encuentro con personas de la zona, donde la imagen en movimiento y el sonido concentran un tiempo que el propio lugar mantiene silenciado. El río lleva voces desoídas y sin rumbo. Construyo un diálogo entre proyecciones enfrentadas que resaltan la desavenencia y la desintegración como constantes que dificultan la construcción y más bien señalan vacío. Grito sin respuesta que menciona, por supuesto, la pérdida y la desesperanza (entrevista con Jose Ignacio Roca, Sin respuesta, p. 81).
Sacrificio
En Sacrificio, el sonido define la desbandada de reses en cautiverio, reses bajo amenaza permanente en los campos colombianos. Evento que contiene venganza, juego, extorsión y amenaza. Sacrificio es una obra envolvente de seis proyecciones en sincronía, donde el sonido es dominante: la trepidación de las patas de las reses que huyen sobre los patios para el exterminio expresa deshabitación y conflicto en estampida. El gesto de horror y miedo lo construye un sonido que recorre y abruma el espacio. Es un sonido que tiene una escala mayor y se pone por encima de los relatos y el espectador (entrevista de la artista con Sol Astrid Giraldo, La imagen ardiente, 2017, p. 200).
Supervivencias
Se despliega en el espacio con ritmo lineal en su seguimiento como imagen, pero no lineal en su contenido. Trayecto que se recorre desde la casa y hacia la casa. En el sonido hay acumulación, vértigo y violación del espacio para señalar un sitio propio y lejano, distante y cercano desde la pertenencia y la distancia social. Lugares casi indescifrables que cuentan historias desoídas, en nudo de anacronismos de cosas pasadas y presentes, donde la violencia se ejerce y se desconoce. Pueblos invisibles desde la distancia, violencia con luz escasa que apenas se menciona.